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Se abre la puerta para firmas de Estados Unidos

  • 17 diciembre 2014 /

Nuevas relaciones con Cuba abren el apetito de empresas norteamericanas.

Nueva York, Estados Unidos.

La decisión de la Casa Blan­ca de normalizar sus lazos di­plomáticos con Cuba les daría a las empresas de Estados Unidos acceso a un mercado que ha es­tado fuera de su alcance por más de medio siglo y que hoy tiene menos atractivo comercial de lo que tuvo alguna vez.

Las empresas estadouniden­ses, desde la automotriz General Motors Co. hasta el gigante de la agroindustria Cargill Inc. y el mi­norista de muebles para el hogar Ethan Allen Inc., aplaudieron el anuncio de la Casa Blanca de que restaurará sus relaciones diplo­máticas con Cuba y que empe­zará a desmantelar el embargo que estableció hace 54 años. El esfuerzo incluye medidas para alentar el comercio entre ambas naciones, como la autorización de algunas exportaciones esta­dounidenses a Cuba, el levanta­miento de las restricciones a las transacciones financieras y la flexibilización en los límites a las remesas de dinero a ese país.

“Cuba necesita todo lo que producimos en EE.UU.”, dice Bill Lane, director global de asuntos gubernamentales para Caterpi­llar Inc., quien señaló que la com­pañía espera poder abrir pron­to un concesionario en Cuba que venda equipos para la agricultu­ra, la minería y la construcción. “Hemos estado pidiendo una nueva política hacia Cuba des­de hace 15 años”.

Aun así, muchas compañías no se animaron a prometer que invertirán en Cuba. Las oportu­nidades abundan en agricultura, telecomunicaciones, comercio minorista, turismo y recursos humanos, pero quedan pendien­tes muchos obstáculos. El mayor escollo sigue siendo el embargo a un comercio total entre los dos países, una política que puede ser levantada sólo por el Congreso.

EE.UU. ahora permitirá cier­tas exportaciones a Cuba, como materiales de construcción resi­dencial, equipo agrícola y bienes utilizados por pequeños negocios como restaurantes y barberías. Las autoridades de EE.UU. dijeron que el año pasado EE.UU. exportó a Cuba US$300 millones en me­dicinas y US$3.000 millones en alimentos, que están exentos del embargo, lo que señala el poten­cial de la isla para los exportado­res estadounidenses.

Los ciudadanos estadouni­denses que visten Cuba podrán regresar a casa con hasta US$400 en bienes, incluidos US$100 en tabaco y alcohol, lo que permi­tirá una pequeña cantidad de puros y ron cubanos en EE.UU., aunque no para ser revendidos. Sin embargo, la prohibición a los viajes de turismo a Cuba debe ser levantada por el Congreso, dije­ron las autoridades. “Lo que esta­mos haciendo es autorizar tantos viajes como sean posibles dentro de los límites de la legislación”, dijo un funcionario. “Creemos que eso conducirá un aumento significativo en los viajes”.

En la década del 50, los lazos comerciales cubano-estadouni­denses estaban en su auge. Pan American World Airways trans­portaba a turistas estadouni­denses a casinos y resorts de La Habana, Cuba era un importante exportador de azúcar y EE.UU. era su principal socio comercial e inversionista. Los recursos na­turales de la isla eran una fuente de ganancias para las empresas estadounidenses.

Desde que se instauró el em­bargo estadounidense en 1960 después de que los comunistas de Fidel Castro asumieron el poder en Cuba, las firmas de EE.UU. per­dieron los 11 millones de consumi­dores que tenían a 145 kilómetros de la costa de Florida y desde en­tonces los estadounidenses han tenido poco acceso a los puros cubanos y el ron Havana Club.

La economía de Cuba hoy en día sigue siendo altamente con­trolada por el gobierno, sus con­sumidores relativamente pobres y su mercado atendido por mul­tinacionales de otros países que no cortaron lazos con la isla. Esos factores podrían limitar las opor­tunidades incluso si el Congreso decidiera revertir el embargo es­tadounidense.

Johanna Mendelson Forman, una académica residente de la Universidad Americana que es­tudia América Latina, dijo que las primeras inversiones estado­unidenses en Cuba provendrán de emprendedores deseosos de probar una nueva frontera. Los cubanos-estadounidense “están listos para subir al tren”, dijo.

Luis Coello, quien llegó a EE.UU. desde Cuba en 1996 cuan­do tenía 9 años, empezó a vender tarjetas de para hacer llamadas a la isla en la década del 90. Des­pués, intentó construir un cable submarino de fibra óptica desde Key West, en Florida, hasta La Ha­bana, pero el proyecto nunca fruc­tificó. El miércoles, Coello dijo que redoblaría sus esfuerzos en un nuevo negocio para vender telé­fonos celulares que pueden hacer llamadas baratas a Cuba.

“En este momento, el sec­tor de telecomunicaciones del país está disponible para el me­jor postor”, dijo Coello. “Es una enorme oportunidad”.

Las grandes empresas de te­lecomunicaciones podrían ser más cautas. Mientras AT&T Inc. y Verizon Communications Inc. ofrecieron su apoyo al proyecto de cable submarino de Coello, no está claro si hoy invertirían. Aunque Cuba es un mercado po­tencialmente atractivo dado su mínima penetración de Internet y telefónica celular, la inversión de las compañías dependerá de qué regulaciones se establezcan en Cuba, dijo Sergey Dluzhevskiy, un analista de Gabelli & Co.

Las aerolíneas estadouniden­ses se han preparado para la opor­tunidad de volar a la isla por años, operando vuelos para unas cuantas empresas chárter a Cuba autoriza­das por el gobierno de EE.UU. Ameri­can Airlines Group Inc., por ejemplo, vuela a Cuba 20 veces por semana, frente a 15 hace un año, llevando a trabajadores humanitarios, perio­distas y otros cubano-estadouniden­ses autorizados a visitar el país.

Vivian Mannerud, directora de Airline Brokers Co., una firma de Miami que opera vuelos chárter a Cuba, dijo que los cambios en la po­lítica darán lugar a un auge de las pocas compañías que prestan ser­vicios de ese tipo. “Es un gran día. Estoy llorando y riendo “, dijo Man­nerud, que ha estado involucrada durante décadas en las relaciones entre EE.UU. y Cuba. “Es casi como si la Guerra Fría ha terminado de verdad”.

Las empresas hoteleras de EE.UU. también están ansiosas por hacer negocios en Cuba cuando puedan, incluyendo Hilton Worldwide Hol­dings Inc., que inauguró el Habana Hilton en 1958 con un casino y club Trader Vic’s, sólo para ver esos esta­blecimientos nacionalizados pocos años más tarde.

“En el momento en que sea po­sible, allí estaremos”, dijo Stephen Joyce, director ejecutivo de Choice Hotels International Inc., una cade­na con sede central en Maryland que opera marcas como Comfort Inn y Cambria Suites.

Hoy, la presencia de empresas extranjeras en Cuba están limitadas a asociaciones con firmas cubanas debido a reglas locales, dijo Stephan Meier, un profesor de negocios de la Universidad de Columbia que to­dos los años lleva a 40 estudiantes a Cuba años. Dijo que Imperial To­bacco Group PLC del Reino Unido trabaja con compañías cubanas de puros. La empresa francesa de lico­res Pernod Ricard SA trabaja con el fabricante del ron Havana Club y la cadena hotelera española Meliá Ho­tels International SA hace negocios con hoteles locales.

“Incluso si los estadounidenses levantan el embargo, es un entorno riesgoso donde trabajar”, dijo, citan­do las leyes financieras cubanas.

La noticia también es buena para los agricultores estadounidenses, que serán capaces exportar sus co­sechas a Cuba sin restricciones se­veras que hasta ahora tornan el co­mercio costoso y requieren mucho tiempo, como es el requisito de que los compradores paguen por adelan­tado. “Esto aumenta significativa­mente el potencial y la oportunidad, y cuando esto sucede la agricultu­ra estadounidense suele responder positivamente”, dijo el secretario de Agricultura Tom Vilsack.

Para los productores de arroz de EE.UU., el cambio diplomático abre un mercado en el que el consumo de ese grano per cápita es de alrededor de 50 kilos por año, casi cinco veces la de EE.UU., dice Greg Cediendo, di­rector ejecutivo de la Asociación de Productores de Arroz de Arkansas. Cuba fue en el pasado un “gran mer­cado” para el arroz estadounidense, con una gran preferencia de los con­sumidores por las variedades de gra­no largo que se cultivan en Arkansas, Louisiana, Mississippi y Texas, dijo Ceder. Últimamente, dijo, Cuba se ha abastecido de arroz mayormente de China y Venezuela.

De Scott Lehr, vicepresidente sénior de desarrollo de la Asocia­ción Internacional de Franquicias, dijo que sus miembros están en­tusiasmados con la perspectiva de establecer franquicias en Cuba pero que habrá que trabajar mucho para para asegurar que el gobierno cuba­no proteja las marcas registradas de manera que las empresas estadouni­denses pueden operar allí sin el ries­go de las falsificaciones.

Pero no todo el mundo está con­vencido. “Estamos hablando de un país comunista”, dijo Carlos Gazi­túa, cuya madre abrió un restau­rante cubano en Miami hace casi 40 años después de emigrar de Cuba. “El gobierno cubano tiene que dar garantías de la libertad de expre­sión, de respeto a los derechos hu­manos y un entorno de iniciativa empresarial”, dijo. “Sin eso, es el oro de los tontos”.