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A sus 81 y 91 años, matrimonio motiva a la industria avícola

Lícida Valle y Eduardo Cálix cuentan cómo han visto evolucionar la avicultura en Honduras.

Lícida Valle de Cálix y Eduardo Cálix tienen casi medio siglo de vida matrimonial y asisten con frecuencia a las actividades de la Anavih, que ellos ayudaron a fundar.
Lícida Valle de Cálix y Eduardo Cálix tienen casi medio siglo de vida matrimonial y asisten con frecuencia a las actividades de la Anavih, que ellos ayudaron a fundar. / Foto: Yoseph Amaya

San Pedro Sula, Honduras.

Lícida Valle y Eduardo Cálix son un matrimonio ejemplar e inspirador para los empresarios avícolas.

Juntos asisten a la mayor cantidad de actividades posibles que organiza la Asociación Nacional de Avicultores de Honduras (Anavih), una gremial creada en el año 1973.

“Es historia antigua”, dice entre risas don Eduardo, quien a sus 91 años es el único socio fundador que aún vive.

Cuando se conocieron, él trabajaba para el Departamento de Estado de los Estados Unidos y ella era maestra en la Escuela Normal España Villa Ahumada, en Danlí.

“La avicultura en Honduras ha avanzado mucho. Cuando iniciamos, lo hacíamos todo de forma empírica, no había nada de las tecnologías que tenemos ahora. Hoy en día, hay más de 200 avicultores profesionales”, refiere Cálix.

“La profe”, como todos los allegados llaman a doña Lícida, considera que todavía no hay suficientes mujeres en la industria avícola.

“De las pocas que habíamos, el Señor se ha servido de ellas. Este año ya se nos han ido dos compañeras, hace unos años se nos fue otra. Aunque hay pocas productoras que nos dedicamos de lleno, seguimos trabajando en el mejoramiento de la industria”, asegura la avicultora que cumplió 81 años el pasado 5 de junio.

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El matrimonio es un ejemplo para sus hijos y allegados porque siguen siendo muy unidos y trabajadores.

El matrimonio sigue trabajando por la comercialización de sus productos y el cumplimiento de las disposiciones de autoridades sanitarias y de la Anavih.

Para ellos, la organización se ha interesado en que todos los afiliados cumplan con las normas de bioseguridad para procurar un buen funcionamiento de las granjas avícolas.

Coinciden en que estas prácticas son una parte fundamental de las empresas avícolas para garantizar el estatus sanitario y rendimiento de productividad en animales.

“La verdad es que nos hemos sabido entender. Quizá ha sido una selección mutua bien hecha, porque tanto de él, Eduardo, como la mía, hemos compartido todo en la vida de un ser humano; tanto en el trabajo, las relaciones sociales, los problemas de las empresas como los familiares, porque nos hemos dado el uno al otro”, dice doña Lícida.

Para don Eduardo, que San Pedro Sula sea la sede del 25 Congreso Centroamericano y del Caribe de Avicultura es una noticia de mucho orgullo.

La Anavih, junto con la Federación de Avicultores de Centroamérica y del Caribe (Fedavica), organizan este evento que del 21 al 23 de agosto reunirá a más de 2,000 actores de este sector en Honduras y otras partes del mundo.

“Estoy seguro que va a ser todo un éxito, porque quienes lo organizan trabajan muy bien y tienen experiencia. Será un triunfo para la avicultura en Honduras”, asegura.

La industria nacional comprende granjas de aves, incubadoras, plantas de procesos y de fabricación de alimentos balanceados que representan una inversión total de $270 millones (L6,480 millones).

Con la generación de 15,000 empleos directos y otros 160,000 indirectos, más la comercialización tanto al mercado nacional como al regional, el sector mueve el 5% del producto interno bruto.