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Eva Cortés, la hondureña que triunfa en Europa y EUA

<p>La exitosa cantante de jazz se encuentra de gira en Honduras tras cinco años de ausencia.</p>

La esperamos en el lobby del hotel Intercontinental. Eva Cortés ha salido a dar un recorrido por el barrio Colombia, de esta ciudad, para ver la casa donde habitaron sus abuelos maternos (Evangelina Cortés y Humberto Coto), con quienes vivió un año. Se ha encontrado con un tío que reside en Choluteca para “hacer un recorrido emocional” por la ciudad “que dejé cuando yo era muy chica”.

Albert Sorribes (tour manager de Eva) la contacta para que regrese al hotel. La exitosa cantante hondureña, que visitó hace cinco años su tierra natal, ha retornado para ofrecer dos conciertos de gala con motivo de la llegada a Honduras del Grupo Financiero Davivienda. Anoche lo hizo en San Pedro Sula y hoy, en Tegucigalpa.

La reconocida artista que triunfa en Europa y en Estados Unidos con su música jazz no esconde la felicidad por respirar el aire de su patria.

-¿Cómo puede expresar tanto apego por Honduras cuando desde muy niña se radica en otro país?

Crecí en Sevilla (España), pero dentro de una familia hondureña. Éramos una mezcla de lo sevillano y lo hondureño. Mantuve mis raíces por la forma en que me criaron. Culpables: mis padres. Viajamos a Madrid cuando tenía tres años y un año después nos fuimos a Sevilla.

-Nació en Tegucigalpa, ¿no?

Por casualidad, porque la familia de mi madre es de San Pedro Sula y la de mi padre, de Santa Bárbara. (Ríe al no recordar el nombre del pueblo de su papá. Me van a regañar -dice-). Pienso que por razones de trabajo ellos se trasladaron a Tegucigalpa y allí nací.

-Muchos hondureños salen a corta edad y se forman profesionalmente o artísticamente, pero no parecen muy orgullosos de sus raíces. Su caso es diferente, pues siempre ha resaltado su origen.

Para mí es un orgullo, una señal de identidad, pues forma parte de la persona, de la madre, de la cantante o compositora que soy. Le debo tanto a una tierra como a la otra. Dejar de lado mi patria de origen sería en detrimento mío. Cuando quedé embarazada de mi hija que ahora tiene cinco años regresé a Honduras. Hacía 30 que me había ido. Viajé con seis meses de embarazo y durante un mes recorrí mi país. Antes de ser madre quería compartir mi tierra con mi bebé, con mi pancita. Hice el recorrido sola. Honduras forma parte de mi vida y de mi historia.

-¿Cómo se ganaban la vida sus padres en España?

Hay algo de tragedia. Mi padre era abogado, muy brillante. Había ganado una beca para cursar un doctorado. Pero cuando cruzaba una calle alguien no lo vio y lo atropelló. Yo estaba muy pequeña. Mi madre se casó con un sevillano y por eso tal mezcla. Tengo una familia de Sevilla que me ha querido mucho. Mi madre no trabajó fuera. Estuvo en casa ocupándose de mí y de mi hermano. Así es como trágicamente mi padre nunca volvió a Honduras.

-¿Qué trabajos desempeñó antes de entrar de lleno a la vida artística?

Estudié Filología Alemana y podía trabajar de profesora de lengua y literatura alemana. No lo hice pensando que me iba a dedicar a eso. Me gustan los idiomas y la literatura. Creí que estudiar esa carrera me iba a aportar mucha cultura. Trabajé de profesora de idiomas, traductora, también de relaciones públicas en un hotel en Costa Rica.

-¿Estudiar idiomas era parte de un proyecto a largo plazo, con miras a ser artista, pues canta en inglés, francés e italiano?

No, se fue dando. El francés y el alemán llegaron al entrar a la universidad. En portugués solo hablo en presente indicativo (se ríe). Portugués, no; en realidad es portuñol. Sí escribí un tema en portugués, pero por petición de un amigo brasileño.

-¿Ha estado la suerte presente en su carrera?

La cabezonería sobre todo. Soy terca, testaruda, me empeño en algo y no paro. La suerte... no es lo mismo dedicarse a algo de lleno, con todas tus fuerzas, que de manera parcial. Quizá si hubiese empezado más joven, no habría tenido ese carácter desarrollado. Fui directamente a lo que quería y estaba apartando de mi camino las cosas no importantes. La suerte hay que salir a buscarla.

-Su primer disco, “Sola contigo” (2007), ¿cómo llega a ser realidad?

Hay una historia detrás de este disco que se gestó en 2005. Todo fue muy rápido. Me fui a cantar en los Emiratos árabes y tenía la ilusión de lanzarme en paracaídas. Lo hice. Ese ascenso en avión para alcanzar la altura necesaria fueron 30 minutos en los cuales creía que iba a morir, pero me hice una promesa: si no muero, voy a ser cantante. Salté, caí bien. Con el dinero que gané me fui a Chile cinco meses después a grabar el disco. A partir de ese momento no he parado.

-Hay que lanzarse desde un avión para realizar los proyectos.

(Se ríe). Aunque sea metafórico, en la vida hay que plantearse qué es lo que uno quiere hacer. Cuando uno lo tiene claro debe dar lo mejor. A la edad que sea, una vez que lo ves claro, hay que ir por todas.

-¿Recuerda el primer disco que compró con el dinero ganado con su propio esfuerzo?

(Se ríe a carcajadas). Tengo dos. Uno, por razones musicales, es el disco Synchronicity (1983), de Police. El otro, porque estaba enamorada del cantante noruego de A-ha, pero musicalmente era mejor Synchronicity.

-Nada relacionado con el jazz.

No, tenía 12 años de edad.

-¿Qué significado tienen para Eva esas mariposas y ramas en su cuerpo? ¿Podría compartirlo?

No es ningún secreto. Empecé por la mariposa en la muñeca porque me gusta la frase de Anais Nin de que la vida es un proceso de estar siempre convirtiéndose. Cada día es una nueva oportunidad de llegar a ser otra cosa. Las mariposas son transformación, aunque efímera. Ese fue el principio. Luego la ramita que empieza por primavera, sigue verano, otoño y de nuevo primavera. Creo que la vida es un ciclo y termina donde empieza. Nada es final, todo es cíclico.

-¿Cómo calma Eva Cortés los dolores emocionales, las angustias, los pesares?

Escribiendo. Los dolores y las alegrías las acabas olvidando. El tiempo lo borra todo. En mis canciones hablo de cosas mundanas, terrenales, de sentimientos que les pueden pasar a todos.

-¿Ha sentido alguna vez que mendiga amor? Tiene un tema donde aparece esta expresión.

¡Ay! Los latinos llevamos todos los sentimientos a los extremos. Quién no ha sentido que estaba dando mucho en alguna ocasión y que respondían de una manera que no esperaba. Lo puedes expresar de muchas formas, pero eso de mendigar amor sonaba tan trágico, me encanta (se ríe).

-La imagino escuchando ese tema con lentes oscuros y la mano alzada, mendigando un poco de amor.

Tumbada en la cama, tomando café.

-¿ Pero le ha pasado alguna vez?

Claro, tengo 40 años. Me han pasado muchas cosas y quiero que me sigan pasando.

-¿Por qué escogió cantar jazz?

Me atraía. Además me daba libertad. Me gusta rodearme de gente creativa, que me ofrezca cada día un punto de vista diferente del mismo tema.

-Maya, el nombre de su hija, remite a la civilización precolombina que desapareció de forma misteriosa. ¿Por eso le dio ese nombre?

Sí. Era una manera más de mantenerme vinculada con la tierra de donde vengo.

-¿Qué representa para Eva el año 2007 (cuando sale “Sola contigo”)?

El primer disco siempre es el peor. Uno tiene demasiados miedos y quiere expresar demasiadas cosas. Aunque existe el miedo de fallar, es vital. Luego se puede corregir con el siguiente paso. Soy un poco kamikaze. Siempre voy y digo que si me equivoco, no importa, porque hay que aprender.

-Como el disco que grabó en una noche: “Jazz one night with Eva Cortés in Madrid (2012).

No lo vuelvo a hacer (se ríe). Me gustaría grabar más en vivo, pero no en una sola noche para sentar bien los nervios, porque causa demasiado estrés.

-Siempre siente nervios?

Sí, ahora disfruto mis nervios, antes los sufría.

-¿Esta última producción es una especie de resumen de su vida. “Alfonsina y el mar” (la relación con su madre), “La cosa más bonita” (su descubrimiento de ser madre), “Sola contigo” (heridas emocionales y su primer paso para abrirse camino en el medio artístico)?

Sí, es como el cierre de un ciclo. La mirada atrás de todo lo que ha pasado en este tiempo.

-¿Cuánto influye en el trabajo de las portadas de sus discos, en las grabaciones, etcétera?

Influyó en el vestuario, en los colores, en la temática.

-¿Se pone gruñona?

No, soy exigente. Lo hago por el respeto que merece la persona que va a comprar el disco.

-¿Tiene alguna máxima en la vida?

Lo que más me ayuda en la vida es mirar a mi hija. Ella es mi máxima.