Vivir Cultura
3 de Marzo de 2012

Cuentos y Leyendas de Honduras: La suicida

10:18AM   - Redacción:  redaccion@laprensa.hn

En una comunidad de la jurisdicción de Orocuina, departamento de Choluteca, en la zona sur del país, vivía una muchacha llamada Elisa. Tenía 17 años y era de las primeras en asistir a las fiestas en el centro comunal, cada vez que contrataban una disco de Choluteca. La gente de ese pueblo era muy fiestera.

Un sábado se anunció que llegaría una de las mejores discos para animar la fiesta en que se escogería a las candidatas para el reinado del pueblo. Elisa era una de las participantes y ese día comenzó a vender votos para cumplir su sueño de ser la reina de la feria.

Anduvo de casa en casa pidiéndoles su colaboración a los vecinos y todos le compraban los votos por ser la candidata más bonita del lugar. Llegó el día del recuento de los votos. Había gran nerviosismo fuera del centro comunal. Finalmente, como se dice popularmente, “salió humo blanco” y la ganadora fue la bella joven Elisa.

La coronación de la reina se llevaría a cabo una semana más tarde dejando tiempo suficiente para los preparativos, la confección del traje y la capa de la reina, las carreras de bombas, los cohetes y el arreglo de la plataforma de madera para la coronación en el centro comunal.

La coronación fue un éxito. Gente de los pueblos vecinos llegó a la fiesta. Los encargados de la disco instalaron el equipo mientras llegaba el cortejo.
El maestro de ceremonias anunció el vals que la reina bailaría con su padre. Así comenzaron las festividades patronales.

Mientras la reina bailaba con uno de sus amigos miró al joven propietario de la disco. Ambos cruzaron miradas y Cupido hizo lo demás. Cada vez que ella salía a bailar no podía evitar mirarse con aquel joven que la había impactado. Sorpresivamente, cuando la reina tomaba un descanso sintió que una mano agarraba la suya: era el muchacho de la disco.

-¿Bailamos, reina?
-Oh, sí. Con todo gusto.

Mientras bailaban él le declaró que jamás había sentido en su corazón una emoción tan grande que con solo verla se dio cuenta de que el amor lo estaba esperando. Ella dijo que había sentido lo mismo.
Aquella noche se hicieron novios y prometieron no decírselo a nadie. Después de acordar en qué sitio se mirarían a escondidas dijeron que guardarían profundamente aquel amor secreto en sus corazones. Tres días más tarde llegó el joven de la disco manejando una motocicleta y se fue directamente a las afueras de la comunidad.

Bajo un antiguo guanacaste lo esperaba Elisa, el amor de su vida. Al bajarse de la moto abrazó estrechamente a su amada y se fundieron en un beso de amor. Tomados de la mano estuvieron platicando largo tiempo.

Aquellas visitas a escondidas se convirtieron en parte de la rutina de la vida de los jóvenes novios y una tarde se metieron en el monte y sucedió lo que tarde o más temprano tenía que suceder.

Aquella relación se volvió obsesiva. él llegaba tres veces por semana y ella cada día lo amaba más. Una mañana, ella se sintió mal y vomitó varias veces. Conocía esos síntomas por sus amigas y se dio cuenta de que estaba embarazada. Estuvo en silencio, feliz, sonriente. Iba a tener un hijo del hombre que tanto amaba y no le importó que su secreto fuera descubierto. Estaba decidida a todo.

Cuando el muchacho llegó a buscarla ella estaba resplandeciente de dicha. Lo abrazó y besó como nunca y fue entonces cuando se lo contó.

-Estoy embarazada. Vamos a tener un hijo.
él fingió una sonrisa. Aquella noticia le cayó como balde de agua fría. Hacía dos semanas que tenía una nueva conquista en Choluteca y ese día iba a terminar su relación con Elisa. Inmediatamente tomó la decisión de no regresar a verla.

Durante tres semanas seguidas, Elisa llegó al lugar secreto donde se miraba con el hombre que amaba con locura. él no se hizo presente a ninguna de las citas.

Alguien le contó a Elisa que el hombre de la disco tenía una mujer en cada pueblo y que le gustaba engañar a las muchachas ingenuas haciéndoles creer que las amaba.
Ella había hecho un comentario sobre él refiriéndose a la discoteca. No había revelado su secreto.

Herida en lo más profundo de su corazón llegó a la fatal determinación de tomar pastillas para curar frijoles.
Sus padres la encontraron muerta sobre su cama.

Cuentan que a su entierro llegaron cientos de personas de los pueblos cercanos, donde la admiraban y la querían por su amabilidad, simpatía y dulzura. Así terminó la existencia de la reina más bella que había tenido el pueblo.

Mario -así se llamaba el de la disco- regresó a su casa a las cuatro de la mañana después de rentar la disco para una fiesta y al encender la luz vio que Elisa lo estaba esperando.
-¿Por qué no has ido a buscarme? El hijo que llevo adentro y yo te necesitamos.

La joven se levantó del sillón, se acercó a Mario y lo abrazó con fuerza mientras la piel de su rostro comenzaba a caerse.

Los vecinos escucharon un grito exagerado, un grito de terror. Todos tuvieron miedo y nadie se atrevió a abrir la puerta para ir a la casa de Mario a ver qué ocurría.

Al siguiente día se le avisó a la policía y tuvieron que romper la puerta principal para entrar. Lo que los policías vieron los dejó petrificados: sobre la cama, el esqueleto de una mujer se abrazaba al cadáver de Mario. A un lado se encontraba el esqueleto de un recién nacido. Uno de los soldados cayó de rodillas y rezó por los difuntos.

Antes de envenenarse con las pastillas para curar frijoles, Elisa le había contado de su embarazo a Rosario, su íntima amiga.

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