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Nuevo San Juan, colonia fantasma por inseguridad

<p>Lima más de mil familias limeñas temen salir de sus casas, incluso, han decidido no enviar sus hijos a la escuela.</p>

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Calles totalmente desoladas, escuelas cerradas y un ambiente de temor y pánico por la inseguridad es lo que viven miles de pobladores de la colonia Nuevo San Juan, en La Lima.

Lo que antes era un lugar ameno habitado por familias procedentes de los campos bananeros, ahora se ha convertido en un lugar donde prevalece la violencia, bandas y pandillas tienen en zozobra a los habitantes de la comunidad.

Aline Prieto, vecina de la colonia, aseguró que están viviendo una pesadilla. “Ni en nuestra propia casa estamos seguros por las múltiples balaceras entre bandas, nos da temor hasta salir a la pulpería porque no sabemos si podremos regresar a las viviendas”. La escuela Dilcia Fernández, ubicada en la segunda etapa de la colonia, se encuentra cerrada. La semana pasada uno de sus alumnos fue víctima de un encuentro entre pandillas. El escolar, de ocho años, iba pasando por el lugar donde los delincuentes se enfrentaron a disparos. Uno de los carros en que se conducían los malvivientes lo atropelló. El pequeño murió el día siguiente en el Mario Rivas, su familia no quiere hablar más del tema. Héctor Banegas, vicepresidente de la Sociedad de Padres de Familia, dijo que desde hace mucho tiempo están llamando a la policía, “pero lamentablemente ya nos han sucedido desgracias, queremos que las autoridades hagan trabajos preventivos no que vengan hasta que ya ha pasado todo y los delincuentes se han escapado”.

Banegas expresó que debido a los últimos tiroteos en la colonia, el resto de padres de familia ha decidido no enviar los niños a las clases, hasta que las autoridades del municipio tomen acciones contra la violencia en el lugar. “En la escuela, los niños están seguros, pero a la hora de la salida es cuando estamos temerosos porque no sabemos si van a regresar a nuestros hogares”, lamentó Banegas. La segunda etapa de la colonia es la más peligrosa. Varias viviendas son evidencia de los enfrentamientos. Las paredes y cercos de las casas están agujereados por impactos de bala. Los campos y áreas verdes donde antes se podían ver los niños y jóvenes practicando deporte, están abandonados porque sus padres no permiten que salgan de las casas. “A la zona de la escuela los vecinos le llamábamos Campo Limones, porque la mayor parte de familias somos originarios de ese campo bananero; ahora le hemos cambiado el nombre por ‘Campo de guerra’ porque todos los días escuchamos disparos”, agregó Banegas.

Agustín Rodríguez, director de la escuela Dilcia Fernández, dijo que ante la inseguridad en la colonia, se dio cumplimiento a la petición de los padres de familia de suspender de forma temporal las clases, hasta que se tomen medidas para que regrese la tranquilidad a la colonia.

“Los representantes del patronato, iglesias y otras entidades de la comunidad se han unido, para que la seguridad regrese y que no se reporten más incidencias delictivas”, agregó. Algunos vecinos están gestionando implementar seguridad privada en la colonia y que se mantenga control en las entradas y salidas de todas las etapas.

Sergio Renato Velásquez, presidente del patronato, explicó que los
delincuentes aprovechan que la colonia tiene varios accesos para así cometen asaltos e incluso abandonan cadáveres.

“A mediados de febrero recibimos la visita del ministro de Seguridad, Pompeyo Bonilla, quien nos prometió hacer proyectos para erradicar la delincuencia en la colonia, pero hasta la fecha no hemos recibido nada”, recordó Velásquez.

Ante la negligencia de las autoridades, los pobladores han formado un Comité de Seguridad y esperan que en el menor tiempo posible se comiencen a ver resultados del proyecto de Policía Comunitaria que se formó en la colonia. Eduardo Vargas, jefe de operaciones en la Policía de La Lima, expresó que ya comenzaron las acciones preventivas de violencia en la colonia, por lo que ya hicieron el primer madrugón, donde tienen identificadas algunas viviendas
que están sirviendo de guaridas a los delincuentes.


Calles totalmente desoladas, escuelas cerradas y un ambiente de temor y pánico por la inseguridad es lo que viven miles de pobladores de la colonia Nuevo San Juan, en La Lima.

Lo que antes era un lugar ameno habitado por familias procedentes de los campos bananeros, ahora se ha convertido en un lugar donde prevalece la violencia, bandas y pandillas tienen en zozobra a los habitantes de la comunidad.

Aline Prieto, vecina de la colonia, aseguró que están viviendo una pesadilla. “Ni en nuestra propia casa estamos seguros por las múltiples balaceras entre bandas, nos da temor hasta salir a la pulpería porque no sabemos si podremos regresar a las viviendas”. La escuela Dilcia Fernández, ubicada en la segunda etapa de la colonia, se encuentra cerrada. La semana pasada uno de sus alumnos fue víctima de un encuentro entre pandillas. El escolar, de ocho años, iba pasando por el lugar donde los delincuentes se enfrentaron a disparos. Uno de los carros en que se conducían los malvivientes lo atropelló. El pequeño murió el día siguiente en el Mario Rivas, su familia no quiere hablar más del tema. Héctor Banegas, vicepresidente de la Sociedad de Padres de Familia, dijo que desde hace mucho tiempo están llamando a la policía, “pero lamentablemente ya nos han sucedido desgracias, queremos que las autoridades hagan trabajos preventivos no que vengan hasta que ya ha pasado todo y los delincuentes se han escapado”.

Banegas expresó que debido a los últimos tiroteos en la colonia, el resto de padres de familia ha decidido no enviar los niños a las clases, hasta que las autoridades del municipio tomen acciones contra la violencia en el lugar. “En la escuela, los niños están seguros, pero a la hora de la salida es cuando estamos temerosos porque no sabemos si van a regresar a nuestros hogares”, lamentó Banegas. La segunda etapa de la colonia es la más peligrosa. Varias viviendas son evidencia de los enfrentamientos. Las paredes y cercos de las casas están agujereados por impactos de bala. Los campos y áreas verdes donde antes se podían ver los niños y jóvenes practicando deporte, están abandonados porque sus padres no permiten que salgan de las casas. “A la zona de la escuela los vecinos le llamábamos Campo Limones, porque la mayor parte de familias somos originarios de ese campo bananero; ahora le hemos cambiado el nombre por ‘Campo de guerra’ porque todos los días escuchamos disparos”, agregó Banegas.

Agustín Rodríguez, director de la escuela Dilcia Fernández, dijo que ante la inseguridad en la colonia, se dio cumplimiento a la petición de los padres de familia de suspender de forma temporal las clases, hasta que se tomen medidas para que regrese la tranquilidad a la colonia.

“Los representantes del patronato, iglesias y otras entidades de la comunidad se han unido, para que la seguridad regrese y que no se reporten más incidencias delictivas”, agregó. Algunos vecinos están gestionando implementar seguridad privada en la colonia y que se mantenga control en las entradas y salidas de todas las etapas.

Sergio Renato Velásquez, presidente del patronato, explicó que los
delincuentes aprovechan que la colonia tiene varios accesos para así cometen asaltos e incluso abandonan cadáveres.

“A mediados de febrero recibimos la visita del ministro de Seguridad, Pompeyo Bonilla, quien nos prometió hacer proyectos para erradicar la delincuencia en la colonia, pero hasta la fecha no hemos recibido nada”, recordó Velásquez.

Ante la negligencia de las autoridades, los pobladores han formado un Comité de Seguridad y esperan que en el menor tiempo posible se comiencen a ver resultados del proyecto de Policía Comunitaria que se formó en la colonia. Eduardo Vargas, jefe de operaciones en la Policía de La Lima, expresó que ya comenzaron las acciones preventivas de violencia en la colonia, por lo que ya hicieron el primer madrugón, donde tienen identificadas algunas viviendas
que están sirviendo de guaridas a los delincuentes.

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