Honduras Relatos Urbanos
30 de Septiembre de 2012

Honduras: Jorge Interiano y su historia de perdón y éxito

11:50AM   - Redacción:  redaccion@laprensa.hn

Jorge Interiano rechazó el apellido de su padre, el doctor Mario Rivas, cuando este lo quiso reconocer.

El doctor Mario Rivas, cuyo nombre ostenta el principal hospital del norte de Honduras, no esperaba que sus hijos Jorge Roberto y Dina le llevaran a una mujer humilde con su hijo enfermo cuando los mandó llamar para platicar con ellos.

Rumbo al consultorio de su padre, Jorge Roberto, quien ya era un adolescente, y su hermana menor habían encontrado a la dama llorando en una acera porque no le habían aceptado a la criatura en el hospital y no tenía dinero para llevarla a una clínica privada.

Sabían lo generoso que era su padre y por eso no vacilaron en subir a madre e hijo en un taxi para que “el médico de los pobres” atendiera el caso. Tras examinarlo, el doctor “le aplicó unas inyecciones al niño, le regaló a la señora medicinas y dinero para que regresara a su pueblo. También pagó el taxi”.

Esos ejemplos y las enseñanzas que solía darle su padre fueron formando la personalidad del jovencito, quien llegó a convertirse en un reconocido economista de Honduras y ocupó diferentes puestos de proyección social.

Ese día que lo había mandado a llamar el doctor para que fuera al consultorio con su hermana, era porque quería darles su apellido, ya que por circunstancias de la vida no los reconoció cuando nacieron.

Los hermanos aceptaron de buena gana, pero cuando estaban frente al abogado, Jorge Roberto no quiso firmar porque en su mente de adolescente surgieron en ese momento pensamientos encontrados que lo confundieron. “Por eso solamente mi hermana Dina lleva el apellido Rivas. Soy Interiano como mi madre”, expresó.

En ese tiempo, cuando estudiaba en el instituto José Trinidad Reyes, dirigentes del Partido Comunista le metieron “ideas tontas en la cabeza” con la promesa de que lo mandarían a estudiar a la Universidad Patricio Lumumba de Moscú. Sería por eso que estaba confundido y rechazó ser hijo legítimo del recordado médico sampedrano, piensa ahora.

Su pensamiento cambió de rumbo tras enterarse de que el Ejército soviético les echó los tanques a jóvenes como él durante la invasión de Checoslovaquia en 1968.

Linda reconciliación

El doctor Rivas le siguió brindando su apoyo moral y económico para que continuara estudiando, aún con el corazón herido porque el muchacho había rechazado su apellido. Jorge Roberto le correspondía obteniendo siempre las mejores notas.

La reconciliación entre ambos llegó tres años antes de que el médico falleciera, cuando su hijo era un economista con estudios en Alemania y ocupaba el cargo de director ejecutivo de Comercio Exterior en San Pedro Sula.

Ya desde que estaba en Europa había comenzado Jorge Roberto a enviarle postales a su padre con mensajes que parecían reclamar su perdón. “Fue una linda reconciliación. Todas las tardes iba a su consultorio o a su casa. Me llevaba bien con su esposa y con Marito”, dice al referirse a su hermano menor, “el único fruto del posterior matrimonio del doctor con Nelly Hepburn”.

Marito se fue de esta vida año y medio después del doctor. El mismo Jorge Roberto lo encontró muerto de cirrosis después de que una vecina le avisara que la casa de él tenía las luces encendidas y estaba en silencio desde el día anterior.

Todas esas vivencias motivaron a Jorge Roberto Interiano a escribir sobre el legado de valores morales que le heredó su padre y que han sido fundamentales para el éxito que ha tenido en la vida.

Un hombre multifuncional

El niño que no pudo aprender a nadar porque tuvo una madre estricta que no lo dejaba ni ir a bañarse a los ríos supo adquirir en su vida otros conocimientos que le permitieron dejar huella en varias instituciones de la ciudad.

Fue hasta jugador profesional de fútbol. Le decían Rivas, por su padre, cuando jugaba como delantero en el equipo Marathón a sus 17 años. “Si anotaba gol, la afición se metía en el campo para felicitarme. Lo primero que me ofrecían era guaro, que por supuesto despreciaba”, dice.

Como fundador de la Asociación de Maquiladores de Honduras le tocó abrir el diálogo con los dirigentes sindicales que habían desatado una serie de protestas contra la naciente industria. “Me tocaba pasar la noche con ellos durante las tomas, platicando mientras llegaban los inspectores del Ministerio del Trabajo para firmar las actas de conciliación”, recuerda.

Se considera un adicto al trabajo y a la lectura, entregado siempre a las causas nobles. “Me invitan a participar en una organización y allí voy, así fue como entré a formar parte del Consejo de Administración de la Cruz Roja”.

La institución estuvo a punto de paralizarse por falta de fondos. Todo mundo se servía de las ambulancias y nadie daba un centavo ni para la gasolina. “Ni haciendo actividades podíamos reunir los 300 mil lempiras mensuales que necesita la Cruz Roja para dar su servicio”.

Entonces dispuso que pagaran el servicio, las personas y las instituciones que pudieran hacerlo. Incluso instituciones a las que él también ha pertenecido, como la Liga contra el Cáncer y la Fenafuth, tienen que pagar ahora cuando requieren una ambulancia.

A los 65 años, Interiano sigue tan activo como al principio de su carrera. Justamente, la semana anterior fue nombrado presidente de Hábitat para la Humanidad, donde antes ocupó otros cargos. Incluso le ha tocado empuñar la pala para ayudar a construir sus viviendas a los beneficiarios de la organización. Mientras conduce una camioneta del año 1994, dice que no se considera un hombre rico. Solamente ha hecho lo suficiente para educar a sus hijos y satisfacer sus comodidades básicas.

Insiste en que sus actuaciones han estado enmarcadas en lo que le enseñó su padre: “No necesariamente la riqueza material produce éxito y felicidad, sino la paz interior del hombre”.

Por el rescate de los valores

Con los ahorros de toda su vida, el economista Jorge Roberto Interiano fundó la Escuela Bilingüe Golden School de la colonia Trejo que tiene como objetivo principal inculcar principios, morales, espirituales y amor a la patria a los niños.

En cada aula hay una Biblia para que los maestros les lean a sus alumnos un versículo cada día, no para evangelizarlos, sino para inculcarles los principios básicos del cristianismo.

Al centro escolar asisten alumnos de varias congregaciones cristianas y religiosas y de diferentes estratos sociales y económicos. “Aquí hay hijos de jardineros, amas de casa y trabajadoras domésticas que reciben educación de excelencia porque el objetivo de la institución no es el lucro, sino contribuir con el rescate de los valores perdidos”, expresó Interiano.
No les regalan la enseñanza, pero les dan precios especiales a los hijos de familias pobres que tienen buen índice académico, agregó.

Por lo general, los niños que provienen de entornos pobres son los más aplicados, dijo.

En esta escuela se está haciendo la reforma educativa que el Gobierno todavía no ha puesto en práctica en las escuelas públicas, indicó. Es dirigida por su esposa Dora Elizabeth de Interiano.

Como promotor de los valores morales que están perdiendo los jóvenes, Interiano imparte charlas en los colegios como parte de la organización Valmoral, a la que pertenece. También es miembro de la Fraternidad de Hombres Cristianos de Negocios.

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