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Maní Suazo: de pobre solterón a afamado masajista

<p>El kinesiólogo del Marathón recordó los tiempos en que les hacía mandados a Cofra y a Nayo Caballero para estar cerca del “monstruo”.</p>

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Maní Suazo reía de buena gana escuchando a su esposa Rommy hablar sobre los inicios de su matrimonio, cuando la llevó a su apartamento del barrio Paz Barahona, donde lo único que tenía el masajista de seleccionados era “una refri picada con una bolsa de mantequilla”.Para colmo de males, las mujeres que antes habían compartido la pieza con Mauricio Gustavo (tal es su nombre de pila) llegaron a reclamarle a la nueva inquilina los trastes y hasta un gabinete de cocina, alegando que eran propiedad de ellas. Maní sigue riendo nerviosamente sin poder desmentir a la mujer sentada a su lado, quien llegó a poner orden en su vida de solterón empedernido hace unos 14 años.Su popularidad comenzó desde que se le pegó como chicle a los hermanos Nayo y Cofra Caballero cuando brillaban como jugadores del Marathón. En todo encuentro del cuadro verdolaga estaba el muchacho moreno de pelo ensortijado, sirviendo hasta de aguatero.Se había ido a vivir prácticamente en la sede del Marathón en los años de su adolescencia porque sus padres lo regañaban debido a que no pasaba en la casa por andar detrás de los jugadores. No sabían que ese apego al fútbol lo convertiría con el tiempo en el kinesiólogo mejor cotizado de Honduras.“Como vivía cerca del campo Patria, a una cuadra de la familia Caballero, yo les hacía los mandados a Nayo y a Cofra o me encargaba de recoger las pelotas cuando practicaban. Así me fui involucrando con el equipo”, recuerda Maní Suazo.Cuando estaba en esos menesteres llegó a San Pedro Sula una oleada de jugadores brasileños, que lo contagiaron con su forma de hablar y de vestir. No tardó el muchacho en aprender algunas palabras en portugués y ponerse zapatillas de meter como ellos para apantallar a las chicas del barrio.Una de las que le gustaban era la hija del dueño de un billar quien había creído que aquel chavalo que llegaba a jugar en su negocio era extranjero. “Un amigo mío le había dicho que yo era uno de los jugadores brasileños que tenía en prueba el Marathón, por eso me dejaba platicar con su hija. Ni siquiera me cobraba las mesas”.Toda iba bien hasta que otro pretendiente de la muchacha desenmascaró al falso carioca. “Ese no es brasileño. Es el hijo de don Félix Suazo y les hace los mandados a los jugadores”, le dijo el entrometido al dueño del billar, a espaldas de Maní.Jugando una mesa estaba Suazo cuando de un tirón el papá de la cipota le arrebató el taco. “Qué acontence con vocé. Yo soy de Pernambuco”, reaccionó Maní, imitando el acento de los brasileños, pero el hombre no admitió razones y lo sacó del negocio con la advertencia de que no siquiera molestando a su cipota. Otras anécdotasCierta vez que el Marathón iba a jugar a La Ceiba, Maní se subió en el avión a dejar las maletas. En aquel tiempo, el aeropuerto estaba en Barandillas y no había mucho control.Cuando estaba dentro de la aeronave se les ocurrió a los jugadores llevarse de polizonte al muchacho. Lo sentaron en medio de ellos y le tiraron encima el matate con los balones para que no lo viera la tripulación.“Una vez en el aire no había forma de que me bajaran. Fue la primera vez que viajé con el equipo fuera de la ciudad”, recuerda Maní.Por ese tiempo ya les hacía masajes a los jugadores por la pura satisfacción de estar cerca de sus ídolos. “Cuando Picolino, que era el masajista del equipo, se fue definitivamente a El Salvador, me dieron la oportunidad de sustituirlo”. Ese fue el comienzo de una carrera que lo llevó no solo a convertirse en el kinesiólogo oficial del Marathón, sino de la Selección Nacional.Aunque se apasionó por el fútbol desde que potreaba en las calles de su barrio, Maní Suazo dice que nunca se vio como estrella del balompié. Sin embargo, de vez en cuando patea la pelota en los entrenamientos de su equipo.Por eso, cuando Allard Plummer llegó al Marathón y se puso a practicar por primera vez, encontró a Maní haciendo tiros al marco. “Entró Allard Plumer al campo y le hice varios centros para que tirara a la portería. No falló tiro”.Después de aquel calentamiento, el tico lo invitó a cenar en el hotel y luego a compartir unas cervezas en un centro nocturno de la ciudad. A Maní lo extrañaba tanta atención del recién llegado, quien al final le propuso compartir con él los premios que seguramente ganaría como futbolista si continuaba mandándole aquellos certeros pases durante los juegos del Marathón.Plummer “se fue de espaldas como Condorito” cuando Maní le reveló que él solamente era el masajista del cuadro verdolaga. “Como me había visto practicando creyó que yo era una de las estrellas del equipo”, dijo riendo el kinesiólogo.Al final, el entrevistado accedió a tomarse fotos con su esposa en la comodidad de su casa. Hasta en la cocina, donde hay un refrigerador con mucho más que una bolsa de mantequilla.Se metió en la política La familia Suazo comienza el día a las cinco de la mañana con una oración seguida por otras actividades de rutina. “Don Gustavo no sale si no limpia su camioneta”, comenta su esposa Rommy.Ambos salen a sus gimnasios luego de dejar a su hija Michelle en la escuela. “Ella es los ojos del papá”, comenta Rommy al referirse a la niña de 12 años.Aunque se siente felizmente casada, Rommy dice que no se cree “la última coca-cola del desierto” por estar con un hombre tan popular como Maní Suazo.Más bien se resiente, ya que por las muchas ocupaciones de él casi no hay tiempo de salir juntos.Alaba a su esposo por ser un hombre extremadamente ordenado y entregado ahora a las cosas de Dios.También cuida su figura haciendo ejercicios y comiendo muchas frutas. Lo que no le gusta es cocinar. Dice Rommy que cuando ella fue a pasar una cortas vacaciones a Miami con la hija, su marido se las pasó comiendo solo semitas y frescos. Maní dice que gracias a su acercamiento con la gente se metió en la política en la presente campaña.Dirigentes del Partido Nacional que también están metidos en el fútbol lo invitaron a aceptar una precandidatura a diputado suplente por el movimiento Azules Unidos.“Es una nueva experiencia que ya me está empezando a gustar”, expresa el masajista, quien va en la casilla 73 como suplente de María Elena Gaborit.

Maní Suazo reía de buena gana escuchando a su esposa Rommy hablar sobre los inicios de su matrimonio, cuando la llevó a su apartamento del barrio Paz Barahona, donde lo único que tenía el masajista de seleccionados era “una refri picada con una bolsa de mantequilla”.

Para colmo de males, las mujeres que antes habían compartido la pieza con Mauricio Gustavo (tal es su nombre de pila) llegaron a reclamarle a la nueva inquilina los trastes y hasta un gabinete de cocina, alegando que eran propiedad de ellas. Maní sigue riendo nerviosamente sin poder desmentir a la mujer sentada a su lado, quien llegó a poner orden en su vida de solterón empedernido hace unos 14 años.

Su popularidad comenzó desde que se le pegó como chicle a los hermanos Nayo y Cofra Caballero cuando brillaban como jugadores del Marathón. En todo encuentro del cuadro verdolaga estaba el muchacho moreno de pelo ensortijado, sirviendo hasta de aguatero.

Se había ido a vivir prácticamente en la sede del Marathón en los años de su adolescencia porque sus padres lo regañaban debido a que no pasaba en la casa por andar detrás de los jugadores. No sabían que ese apego al fútbol lo convertiría con el tiempo en el kinesiólogo mejor cotizado de Honduras.

“Como vivía cerca del campo Patria, a una cuadra de la familia Caballero, yo les hacía los mandados a Nayo y a Cofra o me encargaba de recoger las pelotas cuando practicaban. Así me fui involucrando con el equipo”, recuerda Maní Suazo.

Cuando estaba en esos menesteres llegó a San Pedro Sula una oleada de jugadores brasileños, que lo contagiaron con su forma de hablar y de vestir. No tardó el muchacho en aprender algunas palabras en portugués y ponerse zapatillas de meter como ellos para apantallar a las chicas del barrio.

Una de las que le gustaban era la hija del dueño de un billar quien había creído que aquel chavalo que llegaba a jugar en su negocio era extranjero. “Un amigo mío le había dicho que yo era uno de los jugadores brasileños que tenía en prueba el Marathón, por eso me dejaba platicar con su hija. Ni siquiera me cobraba las mesas”.

Toda iba bien hasta que otro pretendiente de la muchacha desenmascaró al falso carioca. “Ese no es brasileño. Es el hijo de don Félix Suazo y les hace los mandados a los jugadores”, le dijo el entrometido al dueño del billar, a espaldas de Maní.

Jugando una mesa estaba Suazo cuando de un tirón el papá de la cipota le arrebató el taco. “Qué acontence con vocé. Yo soy de Pernambuco”, reaccionó Maní, imitando el acento de los brasileños, pero el hombre no admitió razones y lo sacó del negocio con la advertencia de que no siquiera molestando a su cipota.
Otras anécdotas

Cierta vez que el Marathón iba a jugar a La Ceiba, Maní se subió en el avión a dejar las maletas. En aquel tiempo, el aeropuerto estaba en Barandillas y no había mucho control.

Cuando estaba dentro de la aeronave se les ocurrió a los jugadores llevarse de polizonte al muchacho. Lo sentaron en medio de ellos y le tiraron encima el matate con los balones para que no lo viera la tripulación.

“Una vez en el aire no había forma de que me bajaran. Fue la primera vez que viajé con el equipo fuera de la ciudad”, recuerda Maní.

Por ese tiempo ya les hacía masajes a los jugadores por la pura satisfacción de estar cerca de sus ídolos. “Cuando Picolino, que era el masajista del equipo, se fue definitivamente a El Salvador, me dieron la oportunidad de sustituirlo”. Ese fue el comienzo de una carrera que lo llevó no solo a convertirse en el kinesiólogo oficial del Marathón, sino de la Selección Nacional.

Aunque se apasionó por el fútbol desde que potreaba en las calles de su barrio, Maní Suazo dice que nunca se vio como estrella del balompié. Sin embargo, de vez en cuando patea la pelota en los entrenamientos de su equipo.

Por eso, cuando Allard Plummer llegó al Marathón y se puso a practicar por primera vez, encontró a Maní haciendo tiros al marco. “Entró Allard Plumer al campo y le hice varios centros para que tirara a la portería. No falló tiro”.

Después de aquel calentamiento, el tico lo invitó a cenar en el hotel y luego a compartir unas cervezas en un centro nocturno de la ciudad. A Maní lo extrañaba tanta atención del recién llegado, quien al final le propuso compartir con él los premios que seguramente ganaría como futbolista si continuaba mandándole aquellos certeros pases durante los juegos del Marathón.

Plummer “se fue de espaldas como Condorito” cuando Maní le reveló que él solamente era el masajista del cuadro verdolaga. “Como me había visto practicando creyó que yo era una de las estrellas del equipo”, dijo riendo el kinesiólogo.

Al final, el entrevistado accedió a tomarse fotos con su esposa en la comodidad de su casa. Hasta en la cocina, donde hay un refrigerador con mucho más que una bolsa de mantequilla.

Se metió en la política

La familia Suazo comienza el día a las cinco de la mañana con una oración seguida por otras actividades de rutina. “Don Gustavo no sale si no limpia su camioneta”, comenta su esposa Rommy.

Ambos salen a sus gimnasios luego de dejar a su hija Michelle en la escuela. “Ella es los ojos del papá”, comenta Rommy al referirse a la niña de 12 años.

Aunque se siente felizmente casada, Rommy dice que no se cree “la última coca-cola del desierto” por estar con un hombre tan popular como Maní Suazo.

Más bien se resiente, ya que por las muchas ocupaciones de él casi no hay tiempo de salir juntos.

Alaba a su esposo por ser un hombre extremadamente ordenado y entregado ahora a las cosas de Dios.

También cuida su figura haciendo ejercicios y comiendo muchas frutas. Lo que no le gusta es cocinar. Dice Rommy que cuando ella fue a pasar una cortas vacaciones a Miami con la hija, su marido se las pasó comiendo solo semitas y frescos.

Maní dice que gracias a su acercamiento con la gente se metió en la política en la presente campaña.

Dirigentes del Partido Nacional que también están metidos en el fútbol lo invitaron a aceptar una precandidatura a diputado suplente por el movimiento Azules Unidos.

“Es una nueva experiencia que ya me está empezando a gustar”, expresa el masajista, quien va en la casilla 73 como suplente de María Elena Gaborit.

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