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Medias aguas, el punto más temido por los migrantes en méxico

<p>Los catrachos solo se movilizan en el tren para no ser atacados.</p>

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Los hondureños que viajan a Estados Unidos han aprendido a cuidarse mutuamente. La enorme cantidad de víctimas que van quedando en tierras mexicanas los obliga a ser solidarios.Ver especial: Alejandro Solalinde no les limita la estancia; al contrario, les abre las puertas por tiempo indefinido. Por ello muchos se convierten en voluntarios en las tareas de limpieza, cocina, carpintería y ayuda a muchos que como ellos llegaron con las manos vacías.LA PRENSA llegó al albergue para compartir con ellos y conocer sus necesidades.Miembros de la Comisión Nacional de Derechos Humanos del Estado de Oaxaca están pendientes del trato que se les brinda y las ayudas de organizaciones e Iglesias han sido un apoyo para los migrantes.Hoy continuarán la ruta. Desde Arriaga se girará la alerta de que se preparen para subirse en el techo del tren que les traslada a otro punto en México. Pese a todos los peligros y los testimonios de otros migrantes que regresan con experiencias dolorosas, no se desaniman y con firmeza aseguran que nadie los detendrá.    En el albergueLos miembros de la escuela Cruz del Universo de Salina Cruz, Oaxaca, llegaron ayer con comida para los migrantes.Una sopa de pollo activó los ánimos de los mojados que de prisa corrieron a sentarse. Los hondureños son en su mayoría, de San Pedro Sula, Puerto Cortés, Tegucigalpa, Yoro, Olancho y Valle. Todos tienen historias, se ríen y con nostalgia también recuerdan a los suyos. Pero cuando los ánimos parecen bajar, la alegría de Michel Moya, un cubano que llegó para quedarse al albergue, los hace cambiar. Rolando Aguilar Varela, que residía en el barrio Abajo de Tegucigalpa a pesar de sus 64 años, muestra su energía.Ha sido adoptado en el albergue, desde la crisis política de 2009 salió del país y ahora es uno de los colaboradores del padre Solalinde.“En Honduras, la situación es tan crítica que a mi edad tuve que arriesgarme a cruzar la frontera. Allá no valemos. Si pasamos de los 35 años, nosmarginan y me vine. Aquí hasta un curso en construcción he sacado y a los ancianos nos prefieren para trabajar porque nos ven serios. No pienso volver a Honduras. Aquí me quedaré en el albergue”, relató el hondureño.Aguilar se encarga de supervisar que las instalaciones estén en perfecto estado. Si algo falla o hay reparaciones que hacer, él de inmediato les avisa a los coordinadores para que todo esté en orden.Con él está el sampedrano Roberto Pineda, que lleva dos años de ser colaborador. Él cuenta que también se fue de Honduras por la falta de empleo.“Las obligaciones en la casa eran muchas, no tenía trabajo, no me daban empleo. Un amigo me convenció de viajar y aquí estoy. Vi los peligros, fui asaltado y decidí quedarme. Aquí estaré en el albergue. Solo voy a Honduras en Navidad”, contó Pineda.Los porteñosEn el grupo de hondureños estaban también seis jóvenes de Puerto Cortés que de la nada planearon cruzar la frontera.Salieron con apenas 500 lempiras y ni habían terminado de llegar a la frontera de Honduras cuando ya se habían quedado sin nada.“Un domingo en un partido inventamos venir mojados. Somos seis amigos, entre ellos una mujer. Hemos pasado de todo en el trayecto. Vamos a continuar la ruta cuando nos digan que el tren avanza y va sin muchos migrantes. Por ahora continuaremos en el hogar porque nos tratan bien”, expresó Diego Armando García de Puerto Cortés.Cada rostro muestra cansancio e incertidumbre por lo que vendrá; a pesar de todo no desechan el plan de continuar.El albergue del padre Solalinde es el respiro en su ruta y la oportunidad de encontrar a otros paisanos para viajar unidos a un destino incierto.Dan libre tránsitoAnte la desbandada de migrantes en Veracruz, las autoridades les han dado libre tránsito; no los molestan, aunque oficialmente lo nieguen.Basta con visitar los bajos del puente de la avenida Uno en Coatzacoalcos para ver a decenas de centroamericanos que esperan que organizaciones civiles les lleven de comer y el gobierno del estado les brinde asistencia médica, sin que nadie los moleste.Rafael Pretelín Pouchulet, delegado del Instituto Nacional de Migración en la región sureste del país, afirmó que siguen los operativos en carreteras y caminos del estado para detener a ilegales.Sin embargo reconoció que por una cuestión humanitaria, tras quedar varados por el descarrilamiento del tren, el Instituto ha decidido ser sensible.El funcionario afirmó que los Grupos Beta, personal del gobierno del estado y de la Secretaría de Desarrollo Social estatal mantienen un operativo de ayuda, pero únicamente para quienes esperan que vuelva a pasar el tren. Para los demás, agregó, se aplicará la ley.El Movimiento Migrante Mesoamericano aseguró en un comunicado difundido en México que hasta hace una semana unos 3,500 indocumentados, en su mayoría centroamericanos, estuvieron varados en situación de emergencia en la ciudad de Coatzacoalcos, Veracruz, debido al descarrilamiento del tren conocido como Ver más noticias sobre Honduras

Los hondureños que viajan a Estados Unidos han aprendido a cuidarse mutuamente. La enorme cantidad de víctimas que van quedando en tierras mexicanas los obliga a ser solidarios.

Ver especial: Alejandro Solalinde no les limita la estancia; al contrario, les abre las puertas por tiempo indefinido. Por ello muchos se convierten en voluntarios en las tareas de limpieza, cocina, carpintería y ayuda a muchos que como ellos llegaron con las manos vacías.

LA PRENSA llegó al albergue para compartir con ellos y conocer sus necesidades.

Miembros de la Comisión Nacional de Derechos Humanos del Estado de Oaxaca están pendientes del trato que se les brinda y las ayudas de organizaciones e Iglesias han sido un apoyo para los migrantes.

Hoy continuarán la ruta. Desde Arriaga se girará la alerta de que se preparen para subirse en el techo del tren que les traslada a otro punto en México. Pese a todos los peligros y los testimonios de otros migrantes que regresan con experiencias dolorosas, no se desaniman y con firmeza aseguran que nadie los detendrá.


En el albergue

Los miembros de la escuela Cruz del Universo de Salina Cruz, Oaxaca, llegaron ayer con comida para los migrantes.

Una sopa de pollo activó los ánimos de los mojados que de prisa corrieron a sentarse. Los hondureños son en su mayoría, de San Pedro Sula, Puerto Cortés, Tegucigalpa, Yoro, Olancho y Valle.

Todos tienen historias, se ríen y con nostalgia también recuerdan a los suyos. Pero cuando los ánimos parecen bajar, la alegría de Michel Moya, un cubano que llegó para quedarse al albergue, los hace cambiar.
Rolando Aguilar Varela, que residía en el barrio Abajo de Tegucigalpa a pesar de sus 64 años, muestra su energía.

Ha sido adoptado en el albergue, desde la crisis política de 2009 salió del país y ahora es uno de los colaboradores del padre Solalinde.

“En Honduras, la situación es tan crítica que a mi edad tuve que arriesgarme a cruzar la frontera. Allá no valemos. Si pasamos de los 35 años, nosmarginan y me vine. Aquí hasta un curso en construcción he sacado y a los ancianos nos prefieren para trabajar porque nos ven serios. No pienso volver a Honduras. Aquí me quedaré en el albergue”, relató el hondureño.

Aguilar se encarga de supervisar que las instalaciones estén en perfecto estado. Si algo falla o hay reparaciones que hacer, él de inmediato les avisa a los coordinadores para que todo esté en orden.

Con él está el sampedrano Roberto Pineda, que lleva dos años de ser colaborador. Él cuenta que también se fue de Honduras por la falta de empleo.

“Las obligaciones en la casa eran muchas, no tenía trabajo, no me daban empleo. Un amigo me convenció de viajar y aquí estoy. Vi los peligros, fui asaltado y decidí quedarme. Aquí estaré en el albergue. Solo voy a Honduras en Navidad”, contó Pineda.

Los porteños

En el grupo de hondureños estaban también seis jóvenes de Puerto Cortés que de la nada planearon cruzar la frontera.

Salieron con apenas 500 lempiras y ni habían terminado de llegar a la frontera de Honduras cuando ya se habían quedado sin nada.

“Un domingo en un partido inventamos venir mojados. Somos seis amigos, entre ellos una mujer. Hemos pasado de todo en el trayecto. Vamos a continuar la ruta cuando nos digan que el tren avanza y va sin muchos migrantes. Por ahora continuaremos en el hogar porque nos tratan bien”, expresó Diego Armando García de Puerto Cortés.

Cada rostro muestra cansancio e incertidumbre por lo que vendrá; a pesar de todo no desechan el plan de continuar.

El albergue del padre Solalinde es el respiro en su ruta y la oportunidad de encontrar a otros paisanos para viajar unidos a un destino incierto.

Dan libre tránsito

Ante la desbandada de migrantes en Veracruz, las autoridades les han dado libre tránsito; no los molestan, aunque oficialmente lo nieguen.

Basta con visitar los bajos del puente de la avenida Uno en Coatzacoalcos para ver a decenas de centroamericanos que esperan que organizaciones civiles les lleven de comer y el gobierno del estado les brinde asistencia médica, sin que nadie los moleste.

Rafael Pretelín Pouchulet, delegado del Instituto Nacional de Migración en la región sureste del país, afirmó que siguen los operativos en carreteras y caminos del estado para detener a ilegales.

Sin embargo reconoció que por una cuestión humanitaria, tras quedar varados por el descarrilamiento del tren, el Instituto ha decidido ser sensible.

El funcionario afirmó que los Grupos Beta, personal del gobierno del estado y de la Secretaría de Desarrollo Social estatal mantienen un operativo de ayuda, pero únicamente para quienes esperan que vuelva a pasar el tren. Para los demás, agregó, se aplicará la ley.

El Movimiento Migrante Mesoamericano aseguró en un comunicado difundido en México que hasta hace una semana unos 3,500 indocumentados, en su mayoría centroamericanos, estuvieron varados en situación de emergencia en la ciudad de Coatzacoalcos, Veracruz, debido al descarrilamiento del tren conocido como Ver más noticias sobre Honduras

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