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Doña María, una madre que no halla consuelo tras asesinato de su hija

<p>María Norma no halla consuelo. Aunque intenta contener su llanto, sufre por el cruel asesinato de su hija.</p>

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Dos días antes de su muerte Bessy Lisuany Ramos se comunicó con su mamá para decirle que en una semana regresaría a casa.

A diferencia de otras veces, la conversación fue corta. “No
habló mucho. Me dijo ‘mami qué está haciendo. La llamo más tarde”.

Bessy acostumbraba a llamar por celular a su madre varias veces al día. La última comunicación la tenían siempre a las 10 de la noche.

Por eso María Norma Ramos se desesperó cuando el reloj marcó la hora en que, a través del teléfono, acortaban los 250 kilómetros de distancia, entre Bonito Oriental, Tocoa, y residencial Santa Mónica, en San Pedro Sula.

Esa noche la atacó la misma ansiedad que sintió hace cinco años, cuando Bessy agarró sus maletas y abandonó su lugar de origen.


En ese tiempo su primogénita tenía 18 años. Era soltera y sin hijos. Trabajaba en un centro de salud como aseadora y ganaba 500 lempiras al mes.

Sus oportunidades de estudiar eran limitadas, había logrado llegar a segundo curso. Bessy era la mayor de tres hermanos e hija de madre soltera.

Entonces decidió ir a vivir a la colonia Planeta, de La Lima, con un tío. “Se fue para buscar un mejor trabajo y superarse”, recuerda sollozando María Norma.

Sus manos tiemblan. Se lleva al rostro una toalla blanca para limpiar las lágrimas y sigue hablando de su hija.

“Ella me llamaba a cada rato, y esa vez nada. Le dije a los cipotes que le mandaran un mensaje”.

En su corazón sentía que algo extraño ocurría. Para la media noche del viernes 14 de septiembre no aguantó más. “Me levanté a decirle a los cipotes (sus hijos) que le marcaran, pero no contestó”.

El sábado la preocupación de María Norma aumentó. No tenía cómo averiguar por qué su hija no le regresaba la llamada.

Lo que más la inquietaba es que la última vez que hablaron le mencionó que volvería a Bonito Oriental. “De repente me llamó y me dijo que iba a trabajar una semana más. No pensé que iba a suceder lo peor”.

Quería ser enfermera

Aunque Bessy se fue con la idea de estudiar enfermería, no lo había podido lograr. Se dedicaba a trabajar y a enviarle dinero a su madre. A los 20 años quedó embarazada.

Para poder seguir trabajando le dejó la niña a su mamá desde los 23 días de nacida. La pequeña aún no caminaba cuando volvió a embarazarse. Tuvo un varón. Esta vez María Norma decidió no cuidarle al niño. “Ella quería tener a la niña a su lado, pero le dije que cuando el niño caminara se la prestaba”, recordó.


No había semana que Bessy no le enviara dinero a María Norma. También pagaba los estudios de sus hermanos y los visitaba cada mes para ver a su niña.

“Yo le decía que se viniera para acá, que tanta cosa que pasaba en San Pedro me daba miedo”.

Para el mes de julio el niño ya podía caminar y María Norma cumplió su promesa y le entregó a su nieta sin saber que dos meses después la enterraría.

Bessy logró acomodar su tiempo para estar con sus dos hijos y cuidar de tres menores en residencial Santa Mónica. Trabajaba como empleada doméstica cuando conoció a Manuel de Jesús Medina Soto (45).

“Mi hija nunca me lo mencionó, solo me habló del padre de sus hijos. Nunca me dijo que era maltratada. No me hablaba de problemas, era bien callada”.

Mata a pareja e hijastros

La noticia que el domingo 16 de septiembre de 2012 trascendió en los medios de comunicación fue conocida por María Norma hasta el lunes 17.

De la boca de un vecino escuchó las palabras que destrozaron su vida; “Mataron a Bessy y a los dos niños”.

Su corazón quedó devastado.

A sus 23 años Bessy se sumó a las cifras de muertes violentas contra mujeres que ocurren en el país. Para el Conadeh (Comisionado Nacional de los Derechos Humanos) el femicidio es calificado como el más grave delito de violencia contra la mujer.

Un informe realizado por el organismo revela que hay alrededor de tres víctimas de femicidios cada dos días.

Bessy, al igual que otras mujeres perdieron la vida a manos de su pareja. En este caso también sus dos hijos fueron asesinados por el hombre con quien había iniciado una relación de noviazgo. El niño cumpliría dos años el 31 de enero y la niña tres el 4 de febrero.

Según las autoridades policiales, Medina Soto discutió con su novia el sábado 15
de septiembre cuando ella le dijo que volvería a Bonito Oriental.

Desesperado y cegado por los celos la estranguló. La mujer y los niños fueron encontrados al siguiente día sin vida en el interior de un vehículo que fue lanzado a un barranco por Medina, en el desvío a la aldea El Higo, sector Cofradía.

Medina Soto había fingido un accidente. También pretendió pasar por demente para evitar ser enviado a prisión.

Por ello, la Fiscalía de Delitos Contra la Vida solicitó una ampliación de la investigación para establecer la relación que existía entre la pareja y una amplia evaluación siquiátrica.

“Lo que se busca es modificar el delito de asesinato por parricidio. Hay que esperar dentro de 60 días que se lleva a cabo la audiencia preliminar para que la causa se vaya a juicio oral y público y se modifique el delito”, explicó Elvis Guzmán, vocero del Ministerio Público.

A Medina Soto le espera la audiencia preliminar, donde la Fiscalía formalizará la acusación por tres delitos de asesinato.

“El juez tiene tres días para resolver si remite a juicio oral y público o le aplica otra medida alterna”, manifestó.

En el caso de parricidio Medina Sosa tendría que pagar de 25 a 30 años de prisión. Además de las muertes de los niños que abarca la misma condena.

“Sumado las agravantes podría dar una pena de 180 años a 350 años de reclusión. Hay alevosía, premeditación, ventaja, dos menores víctimas y todo esto suma”.

Aunque Medina Sosa pase el resto de su vida tras las rejas, para María Norma no es suficiente.

La mujer, que lava y plancha ajeno para sostener a sus otros hijos de 15 y 18 años, no encuentra consuelo.
Intenta calmar su dolor rezando a Dios por su hija y sus dos nietos.

“Son tres seres queridos los que me han quitado. Ella protegía a sus hermanos y no supo protegerse”, dice María Norma mientras su mirada se pierde entre los 200 bloques que Bessy había comprado para arreglarle la casa donde en una semana, volvería a vivir junto a su madre, hermanos e hijos.

“No quiero causar más tristeza a su mamá”


Manuel de Jesús Medina Soto guarda prisión en una celda especial. Los privados de libertad han advertido que no lo quieren dentro.

Después de supuestamente asesinar a su novia y los dos hijos de ella, se niega a hablar.
Nervioso, se pasa de una mano a otra la cadena que cuelga de los grilletes que aprisionan sus muñecas. “No quiero hablar, no quiero causarle más tristeza a su mamá. Cualquier cosa que diga puede hacerla sentir mal”, dice desde un mueble de la dirección de la cárcel sampedrana.

No accede a dar
entrevistas, pero responde apenas a una de nuestras preguntas -¿Cuál era su relación sentimental con Bessy?

-Éramos novios.

Ha optado por reaccionar como si tuviese trastornos, pero razona en que, de hablar, podría perjudicarse. “No tengo las cosas claras en mi mente. Algunas se me olvidan y puedo decir algo y luego otra cosa que empeore todo”.

El día de su captura Medina confesó: “yo la agarré del cuello pero no era para matarla, no era la intención. La agarré del cuello y me pasé”.

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Dos días antes de su muerte Bessy Lisuany Ramos se comunicó con su mamá para decirle que en una semana regresaría a casa.

A diferencia de otras veces, la conversación fue corta. “No
habló mucho. Me dijo ‘mami qué está haciendo. La llamo más tarde”.

Bessy acostumbraba a llamar por celular a su madre varias veces al día. La última comunicación la tenían siempre a las 10 de la noche.

Por eso María Norma Ramos se desesperó cuando el reloj marcó la hora en que, a través del teléfono, acortaban los 250 kilómetros de distancia, entre Bonito Oriental, Tocoa, y residencial Santa Mónica, en San Pedro Sula.

Esa noche la atacó la misma ansiedad que sintió hace cinco años, cuando Bessy agarró sus maletas y abandonó su lugar de origen.


En ese tiempo su primogénita tenía 18 años. Era soltera y sin hijos. Trabajaba en un centro de salud como aseadora y ganaba 500 lempiras al mes.

Sus oportunidades de estudiar eran limitadas, había logrado llegar a segundo curso. Bessy era la mayor de tres hermanos e hija de madre soltera.

Entonces decidió ir a vivir a la colonia Planeta, de La Lima, con un tío. “Se fue para buscar un mejor trabajo y superarse”, recuerda sollozando María Norma.

Sus manos tiemblan. Se lleva al rostro una toalla blanca para limpiar las lágrimas y sigue hablando de su hija.

“Ella me llamaba a cada rato, y esa vez nada. Le dije a los cipotes que le mandaran un mensaje”.

En su corazón sentía que algo extraño ocurría. Para la media noche del viernes 14 de septiembre no aguantó más. “Me levanté a decirle a los cipotes (sus hijos) que le marcaran, pero no contestó”.

El sábado la preocupación de María Norma aumentó. No tenía cómo averiguar por qué su hija no le regresaba la llamada.

Lo que más la inquietaba es que la última vez que hablaron le mencionó que volvería a Bonito Oriental. “De repente me llamó y me dijo que iba a trabajar una semana más. No pensé que iba a suceder lo peor”.

Quería ser enfermera

Aunque Bessy se fue con la idea de estudiar enfermería, no lo había podido lograr. Se dedicaba a trabajar y a enviarle dinero a su madre. A los 20 años quedó embarazada.

Para poder seguir trabajando le dejó la niña a su mamá desde los 23 días de nacida. La pequeña aún no caminaba cuando volvió a embarazarse. Tuvo un varón. Esta vez María Norma decidió no cuidarle al niño. “Ella quería tener a la niña a su lado, pero le dije que cuando el niño caminara se la prestaba”, recordó.


No había semana que Bessy no le enviara dinero a María Norma. También pagaba los estudios de sus hermanos y los visitaba cada mes para ver a su niña.

“Yo le decía que se viniera para acá, que tanta cosa que pasaba en San Pedro me daba miedo”.

Para el mes de julio el niño ya podía caminar y María Norma cumplió su promesa y le entregó a su nieta sin saber que dos meses después la enterraría.

Bessy logró acomodar su tiempo para estar con sus dos hijos y cuidar de tres menores en residencial Santa Mónica. Trabajaba como empleada doméstica cuando conoció a Manuel de Jesús Medina Soto (45).

“Mi hija nunca me lo mencionó, solo me habló del padre de sus hijos. Nunca me dijo que era maltratada. No me hablaba de problemas, era bien callada”.

Mata a pareja e hijastros

La noticia que el domingo 16 de septiembre de 2012 trascendió en los medios de comunicación fue conocida por María Norma hasta el lunes 17.

De la boca de un vecino escuchó las palabras que destrozaron su vida; “Mataron a Bessy y a los dos niños”.

Su corazón quedó devastado.

A sus 23 años Bessy se sumó a las cifras de muertes violentas contra mujeres que ocurren en el país. Para el Conadeh (Comisionado Nacional de los Derechos Humanos) el femicidio es calificado como el más grave delito de violencia contra la mujer.

Un informe realizado por el organismo revela que hay alrededor de tres víctimas de femicidios cada dos días.

Bessy, al igual que otras mujeres perdieron la vida a manos de su pareja. En este caso también sus dos hijos fueron asesinados por el hombre con quien había iniciado una relación de noviazgo. El niño cumpliría dos años el 31 de enero y la niña tres el 4 de febrero.

Según las autoridades policiales, Medina Soto discutió con su novia el sábado 15
de septiembre cuando ella le dijo que volvería a Bonito Oriental.

Desesperado y cegado por los celos la estranguló. La mujer y los niños fueron encontrados al siguiente día sin vida en el interior de un vehículo que fue lanzado a un barranco por Medina, en el desvío a la aldea El Higo, sector Cofradía.

Medina Soto había fingido un accidente. También pretendió pasar por demente para evitar ser enviado a prisión.

Por ello, la Fiscalía de Delitos Contra la Vida solicitó una ampliación de la investigación para establecer la relación que existía entre la pareja y una amplia evaluación siquiátrica.

“Lo que se busca es modificar el delito de asesinato por parricidio. Hay que esperar dentro de 60 días que se lleva a cabo la audiencia preliminar para que la causa se vaya a juicio oral y público y se modifique el delito”, explicó Elvis Guzmán, vocero del Ministerio Público.

A Medina Soto le espera la audiencia preliminar, donde la Fiscalía formalizará la acusación por tres delitos de asesinato.

“El juez tiene tres días para resolver si remite a juicio oral y público o le aplica otra medida alterna”, manifestó.

En el caso de parricidio Medina Sosa tendría que pagar de 25 a 30 años de prisión. Además de las muertes de los niños que abarca la misma condena.

“Sumado las agravantes podría dar una pena de 180 años a 350 años de reclusión. Hay alevosía, premeditación, ventaja, dos menores víctimas y todo esto suma”.

Aunque Medina Sosa pase el resto de su vida tras las rejas, para María Norma no es suficiente.

La mujer, que lava y plancha ajeno para sostener a sus otros hijos de 15 y 18 años, no encuentra consuelo.
Intenta calmar su dolor rezando a Dios por su hija y sus dos nietos.

“Son tres seres queridos los que me han quitado. Ella protegía a sus hermanos y no supo protegerse”, dice María Norma mientras su mirada se pierde entre los 200 bloques que Bessy había comprado para arreglarle la casa donde en una semana, volvería a vivir junto a su madre, hermanos e hijos.

“No quiero causar más tristeza a su mamá”


Manuel de Jesús Medina Soto guarda prisión en una celda especial. Los privados de libertad han advertido que no lo quieren dentro.

Después de supuestamente asesinar a su novia y los dos hijos de ella, se niega a hablar.
Nervioso, se pasa de una mano a otra la cadena que cuelga de los grilletes que aprisionan sus muñecas. “No quiero hablar, no quiero causarle más tristeza a su mamá. Cualquier cosa que diga puede hacerla sentir mal”, dice desde un mueble de la dirección de la cárcel sampedrana.

No accede a dar
entrevistas, pero responde apenas a una de nuestras preguntas -¿Cuál era su relación sentimental con Bessy?

-Éramos novios.

Ha optado por reaccionar como si tuviese trastornos, pero razona en que, de hablar, podría perjudicarse. “No tengo las cosas claras en mi mente. Algunas se me olvidan y puedo decir algo y luego otra cosa que empeore todo”.

El día de su captura Medina confesó: “yo la agarré del cuello pero no era para matarla, no era la intención. La agarré del cuello y me pasé”.

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