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Matan a colegiales si se niegan a entrar en maras

<p>Autoridades de El Salvador reconocen que los miembros de pandillas frecuentan las zonas escolares para reclutar estudiantes, casi siempre a la fuerza.</p>

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Los estudiantes desaparecieron un jueves, el 21 de junio, y le tomó a la Policía de El Salvador casi tres semanas descubrir la fosa común donde fueron enterrados.

En la horrible escena, el 11 de julio pasado, un investigador de la Policía ocultaba su identidad tras un pasamontañas por temor a represalias, mientras sacaba los restos de uno de los jóvenes. El menor de los cinco escolares tenía 15 años. Una de las madres lloraba, mientras los cadáveres eran extraídos junto con sobras de comida y cubiertos. Cuadernos escolares fueron hallados cerca.

Un reclutador de una pandilla, dijo el investigador, trató de convencer a los jóvenes de unirse al grupo criminal usando un método usual: ofreciendo una cena, pastel y refrescos. Cuando se resistieron, dijo, fueron asesinados.

Visitan zonas escolares

El general David Munguía, ministro de Justicia y Seguridad Pública, y Héctor Mendoza, subdirector de investigaciones de la Policía Nacional Civil, confirmaron que los asesinatos fueron obra de la mara Salvatrucha, o MS-13, una de las pandillas que junto con la 18 frecuentan zonas escolares para reclutar estudiantes, casi siempre a la fuerza.

Seis meses después de que el Gobierno avalara una tregua entre esos dos grupos, altos funcionarios están hoy divididos.

A inicios de marzo, MS-13 y la 18 se comprometieron a poner fin a los asesinatos y a los reclutamientos forzados a cambio de mejores condiciones para sus líderes, que han dirigido las acciones de ambas pandillas desde la cárcel.

Líderes de estas pandillas en Guatemala y Honduras están buscando que Gobiernos de sus países apoyen una tregua similar.

El profesor Max Manwaring, del Instituto de Estudios Estratégicos de la universidad US War Army, en Pensilvania, le dijo a AP: “La tregua es una verdadera farsa. Creo que las pandillas tienen todo el control y han venido operando fuera de las cárceles por años. Estas cárceles se han vuelto universidades para los pandilleros por años y el Gobierno, simplemente, se agarra de dónde puede. Todavía no tienen manera de controlar la mayor parte del territorio del país”.

Carlos Ponce, criminólogo y politólogo de la Fiscalía General de El Salvador, coincide: “Las pandillas siguen operando, siguen las muertes, la violencia sigue galopando en el país, siguen los desaparecidos, mientras las pandillas avanzan en la estructura criminal. Yo apostaría mi dinero a que se siguen matando”.

El Ministerio de Justicia dice que la cantidad de homicidios bajó de enero a agosto de 2012 en 34% (1,894 muertos comparados con los 2,874 durante el mismo período en 2011). Cifras del Instituto de Medicina Legal registran un descenso al 31% (2,839 muertos en 2011 a 1,949) en los mismos meses.

“Estas cifras son muy extrañas”, dijo Ponce. “Ellos dicen que los asesinatos están bajando, niegan las desapariciones, pero el caso de estos cinco estudiantes es una prueba de que todo está todavía en curso. Es muy probable que las pandillas estén adoptando nuevas formas de operar. En lugar de dejar a sus muertos a la vista, están enterrando a sus víctimas para ocultar los asesinatos”.

El Ministerio de Justicia lo niega diciendo que sus cifras se basan en casos investigados.

El experto Manwaring duda de las cifras: “No hay manera de contabilizarlas. De ninguna manera. Hay muchos lugares a los que funcionarios gubernamentales no pueden ir a investigar los homicidios porque las pandillas controlan el territorio”.

Munguía reconoce que el asesinato de los cinco estudiantes no es aislado ni el único que involucra a las pandillas después de haberse suscrito una tregua que no incluía el abandono de la extorsión, los secuestros y el narcomenudeo en las barriadas pobres.

Niños y jóvenes, vulnerables

Oscar Luna, procurador de Derechos Humanos, dijo que los asesinatos de los estudiantes han disminuido. Al 22 de junio, la Policía reportó 41 asesinados, frente a los 74 muertos en el mismo período en 2011. “La violencia sigue afectado de manera alarmante a la niñez, adolescencia y juventud”.

Raúl Mijango, facilitador de la tregua y exguerrillero del Frente Nacional Farabundo Martí para la Liberación Nacional, dijo: “Han surgido grupos de exterminio que están tratando de hacer ver mal la tregua, están matando pandilleros para crear conflictos entre ellos”. Agregó que 300 homicidios ocurridos desde marzo fueron perpetrados por esos grupos, que no identificó. Las autoridades desconocen su existencia.

Joel Escalante, uno de los líderes de la 18 entrevistado en la cárcel de Quezaltepeque, dijo que la decisión de empezar la tregua nació tras el incendio de un autobús en el municipio de Mejicanos.

Ese incendio, según las autoridades, dejó 13 víctimas luego de que pandilleros de la MS-13 dispararan contra los pasajeros.

En una visita de la AP a la colonia Majucla, en el poblado de Mejicanos, lo primero que se ve son los grafitos de sus paredes que anuncian que la zona se encuentra “en poder” de la MS-13. Si se entra, cualquiera se somete a sus leyes. Los pandilleros rivales no pasan por el lugar y los policías solo acceden con unidades de élite y casi siempre de noche.

A pocas cuadras aparecen los primeros pandilleros. Salen como hormigas de sus escondites. Si conocen a la persona, la dejan pasar; si no, se separan, rodean al auto o a la persona. Hacen una requisa y luego el interrogatorio: quieren saber la razón de la visita. “Para comercializar sus productos, los vendedores de diferentes empresas pagan una cuota mensual. Si lo hacen, pueden trabajar y salir con vida, pero siempre los están vigilando”, dijo Juan Escobar, vendedor de refrescos.

Los vecinos dicen que los homicidios han bajado, pero el terror sigue presente. “Todavía vivimos un poco tensos; sí, la verdad es que han bajado los homicidios, pero nos preguntamos hasta cuándo llegará esto de no matarse”, dijo Domitila Martínez (53), dedicada al comercio informal en Quezaltepeque. “Los civiles que estamos entre las pandillas hemos aprendido a sobrevivir”. “Lo que se hizo en El Salvador va bien y nos miramos en ese espejo”, dijo un vocero de la 18 en una celda de la Penitenciaria Nacional de Támara, en Tegucigalpa. “Podría funcionar aquí en Honduras también, quizás no de la misma manera, pero sí de la nuestra. Estamos dispuestos a abrir un diálogo con el Gobierno, pero con alguien de alto rango y siempre con un representante internacional de los derechos humanos como testigo”.

Adam Blackwell, secretario de Seguridad de la OEA, confirmó la existencia de una comisión oficial y pública encargada de negociar una tregua similar en Honduras, de la que es garante el secretario José Miguel Insulza.

Críticos de la tregua salvadoreña dicen que el interés de esas pandillas no debe sorprender, pues les permite consolidar su poder en las prisiones. “Si bien puede parecer que ahora hay un número menor de cuerpos en calles, el nivel general de criminalidad no ha disminuido. Lo que es más, las estructuras de las pandillas se han vuelto más sofisticadas“, señaló Douglas Farah en un escrito para el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington DC.

Los estudiantes desaparecidos fueron identificados solo por su primer nombre: Fernando Alexander y Jonathan B. (18) y tres menores de edad.

Fueron vistos por última vez cuando salían de la jornada vespertina del centro escolar Unión Centroamericana, en la ciudad de Santa Tecla, según las autoridades. Los cuerpos, encontrados en el barrio Las Colinas, presentaban numerosas heridas de arma blanca en manos y brazos. Según José Miguel Fortín, director del Instituto de Medicina Legal, las puñaladas reflejan que los jóvenes se defendieron de sus atacantes, pero que los asesinaron el mismo día que los desaparecieron.

“Jamás pensé que mi hijo hubiera terminado así”, dijo María, una de las madres, cerca de la fosa común localizada en una colina, mientras las lágrimas brotaban de su curtido rostro. “No entiendo. Estos son unos salvajes, pero nadie quiere entenderlo. No hacen nada, pero este dolor les puede llegar a todos. Son unos criminales”.

Los estudiantes desaparecieron un jueves, el 21 de junio, y le tomó a la Policía de El Salvador casi tres semanas descubrir la fosa común donde fueron enterrados.

En la horrible escena, el 11 de julio pasado, un investigador de la Policía ocultaba su identidad tras un pasamontañas por temor a represalias, mientras sacaba los restos de uno de los jóvenes. El menor de los cinco escolares tenía 15 años. Una de las madres lloraba, mientras los cadáveres eran extraídos junto con sobras de comida y cubiertos. Cuadernos escolares fueron hallados cerca.
Un reclutador de una pandilla, dijo el investigador, trató de convencer a los jóvenes de unirse al grupo criminal usando un método usual: ofreciendo una cena, pastel y refrescos. Cuando se resistieron, dijo, fueron asesinados.

Visitan zonas escolares

El general David Munguía, ministro de Justicia y Seguridad Pública, y Héctor Mendoza, subdirector de investigaciones de la Policía Nacional Civil, confirmaron que los asesinatos fueron obra de la mara Salvatrucha, o MS-13, una de las pandillas que junto con la 18 frecuentan zonas escolares para reclutar estudiantes, casi siempre a la fuerza.

Seis meses después de que el Gobierno avalara una tregua entre esos dos grupos, altos funcionarios están hoy divididos.

A inicios de marzo, MS-13 y la 18 se comprometieron a poner fin a los asesinatos y a los reclutamientos forzados a cambio de mejores condiciones para sus líderes, que han dirigido las acciones de ambas pandillas desde la cárcel.

Líderes de estas pandillas en Guatemala y Honduras están buscando que Gobiernos de sus países apoyen una tregua similar.

El profesor Max Manwaring, del Instituto de Estudios Estratégicos de la universidad US War Army, en Pensilvania, le dijo a AP: “La tregua es una verdadera farsa. Creo que las pandillas tienen todo el control y han venido operando fuera de las cárceles por años. Estas cárceles se han vuelto universidades para los pandilleros por años y el Gobierno, simplemente, se agarra de dónde puede. Todavía no tienen manera de controlar la mayor parte del territorio del país”.

Carlos Ponce, criminólogo y politólogo de la Fiscalía General de El Salvador, coincide: “Las pandillas siguen operando, siguen las muertes, la violencia sigue galopando en el país, siguen los desaparecidos, mientras las pandillas avanzan en la estructura criminal. Yo apostaría mi dinero a que se siguen matando”.

El Ministerio de Justicia dice que la cantidad de homicidios bajó de enero a agosto de 2012 en 34% (1,894 muertos comparados con los 2,874 durante el mismo período en 2011). Cifras del Instituto de Medicina Legal registran un descenso al 31% (2,839 muertos en 2011 a 1,949) en los mismos meses.

“Estas cifras son muy extrañas”, dijo Ponce. “Ellos dicen que los asesinatos están bajando, niegan las desapariciones, pero el caso de estos cinco estudiantes es una prueba de que todo está todavía en curso. Es muy probable que las pandillas estén adoptando nuevas formas de operar. En lugar de dejar a sus muertos a la vista, están enterrando a sus víctimas para ocultar los asesinatos”.

El Ministerio de Justicia lo niega diciendo que sus cifras se basan en casos investigados.

El experto Manwaring duda de las cifras: “No hay manera de contabilizarlas. De ninguna manera. Hay muchos lugares a los que funcionarios gubernamentales no pueden ir a investigar los homicidios porque las pandillas controlan el territorio”.
Munguía reconoce que el asesinato de los cinco estudiantes no es aislado ni el único que involucra a las pandillas después de haberse suscrito una tregua que no incluía el abandono de la extorsión, los secuestros y el narcomenudeo en las barriadas pobres.

Niños y jóvenes, vulnerables

óscar Luna, procurador de Derechos Humanos, dijo que los asesinatos de los estudiantes han disminuido. Al 22 de junio, la Policía reportó 41 asesinados, frente a los 74 muertos en el mismo período en 2011. “La violencia sigue afectado de manera alarmante a la niñez, adolescencia y juventud”.

Raúl Mijango, facilitador de la tregua y exguerrillero del Frente Nacional Farabundo Martí para la Liberación Nacional, dijo: “Han surgido grupos de exterminio que están tratando de hacer ver mal la tregua, están matando pandilleros para crear conflictos entre ellos”. Agregó que 300 homicidios ocurridos desde marzo fueron perpetrados por esos grupos, que no identificó. Las autoridades desconocen su existencia.

Joel Escalante, uno de los líderes de la 18 entrevistado en la cárcel de Quezaltepeque, dijo que la decisión de empezar la tregua nació tras el incendio de un autobús en el municipio de Mejicanos.

Ese incendio, según las autoridades, dejó 13 víctimas luego de que pandilleros de la MS-13 dispararan contra los pasajeros.

En una visita de la AP a la colonia Majucla, en el poblado de Mejicanos, lo primero que se ve son los grafitos de sus paredes que anuncian que la zona se encuentra “en poder” de la MS-13. Si se entra, cualquiera se somete a sus leyes. Los pandilleros rivales no pasan por el lugar y los policías solo acceden con unidades de élite y casi siempre de noche.

A pocas cuadras aparecen los primeros pandilleros. Salen como hormigas de sus escondites. Si conocen a la persona, la dejan pasar; si no, se separan, rodean al auto o a la persona. Hacen una requisa y luego el interrogatorio: quieren saber la razón de la visita. “Para comercializar sus productos, los vendedores de diferentes empresas pagan una cuota mensual. Si lo hacen, pueden trabajar y salir con vida, pero siempre los están vigilando”, dijo Juan Escobar, vendedor de refrescos.

Los vecinos dicen que los homicidios han bajado, pero el terror sigue presente. “Todavía vivimos un poco tensos; sí, la verdad es que han bajado los homicidios, pero nos preguntamos hasta cuándo llegará esto de no matarse”, dijo Domitila Martínez (53), dedicada al comercio informal en Quezaltepeque. “Los civiles que estamos entre las pandillas hemos aprendido a sobrevivir”. “Lo que se hizo en El Salvador va bien y nos miramos en ese espejo”, dijo un vocero de la 18 en una celda de la Penitenciaria Nacional de Támara, en Tegucigalpa. “Podría funcionar aquí en Honduras también, quizás no de la misma manera, pero sí de la nuestra. Estamos dispuestos a abrir un diálogo con el Gobierno, pero con alguien de alto rango y siempre con un representante internacional de los derechos humanos como testigo”.

Adam Blackwell, secretario de Seguridad de la OEA, confirmó la existencia de una comisión oficial y pública encargada de negociar una tregua similar en Honduras, de la que es garante el secretario José Miguel Insulza.

Críticos de la tregua salvadoreña dicen que el interés de esas pandillas no debe sorprender, pues les permite consolidar su poder en las prisiones. “Si bien puede parecer que ahora hay un número menor de cuerpos en calles, el nivel general de criminalidad no ha disminuido. Lo que es más, las estructuras de las pandillas se han vuelto más sofisticadas“, señaló Douglas Farah en un escrito para el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington DC.

Los estudiantes desaparecidos fueron identificados solo por su primer nombre: Fernando Alexander y Jonathan B. (18) y tres menores de edad.

Fueron vistos por última vez cuando salían de la jornada vespertina del centro escolar Unión Centroamericana, en la ciudad de Santa Tecla, según las autoridades. Los cuerpos, encontrados en el barrio Las Colinas, presentaban numerosas heridas de arma blanca en manos y brazos. Según José Miguel Fortín, director del Instituto de Medicina Legal, las puñaladas reflejan que los jóvenes se defendieron de sus atacantes, pero que los asesinaron el mismo día que los desaparecieron.
“Jamás pensé que mi hijo hubiera terminado así”, dijo María, una de las madres, cerca de la fosa común localizada en una colina, mientras las lágrimas brotaban de su curtido rostro. “No entiendo. Estos son unos salvajes, pero nadie quiere entenderlo. No hacen nada, pero este dolor les puede llegar a todos. Son unos criminales”.
AP

Los estudiantes desaparecieron un jueves, el 21 de junio, y le tomó a la Policía de El Salvador casi tres semanas descubrir la fosa común donde fueron enterrados.

En la horrible escena, el 11 de julio pasado, un investigador de la Policía ocultaba su identidad tras un pasamontañas por temor a represalias, mientras sacaba los restos de uno de los jóvenes. El menor de los cinco escolares tenía 15 años. Una de las madres lloraba, mientras los cadáveres eran extraídos junto con sobras de comida y cubiertos. Cuadernos escolares fueron hallados cerca.

Un reclutador de una pandilla, dijo el investigador, trató de convencer a los jóvenes de unirse al grupo criminal usando un método usual: ofreciendo una cena, pastel y refrescos. Cuando se resistieron, dijo, fueron asesinados.

Visitan zonas escolares

El general David Munguía, ministro de Justicia y Seguridad Pública, y Héctor Mendoza, subdirector de investigaciones de la Policía Nacional Civil, confirmaron que los asesinatos fueron obra de la mara Salvatrucha, o MS-13, una de las pandillas que junto con la 18 frecuentan zonas escolares para reclutar estudiantes, casi siempre a la fuerza.

Seis meses después de que el Gobierno avalara una tregua entre esos dos grupos, altos funcionarios están hoy divididos.

A inicios de marzo, MS-13 y la 18 se comprometieron a poner fin a los asesinatos y a los reclutamientos forzados a cambio de mejores condiciones para sus líderes, que han dirigido las acciones de ambas pandillas desde la cárcel.

Líderes de estas pandillas en Guatemala y Honduras están buscando que Gobiernos de sus países apoyen una tregua similar.

El profesor Max Manwaring, del Instituto de Estudios Estratégicos de la universidad US War Army, en Pensilvania, le dijo a AP: “La tregua es una verdadera farsa. Creo que las pandillas tienen todo el control y han venido operando fuera de las cárceles por años. Estas cárceles se han vuelto universidades para los pandilleros por años y el Gobierno, simplemente, se agarra de dónde puede. Todavía no tienen manera de controlar la mayor parte del territorio del país”.

Carlos Ponce, criminólogo y politólogo de la Fiscalía General de El Salvador, coincide: “Las pandillas siguen operando, siguen las muertes, la violencia sigue galopando en el país, siguen los desaparecidos, mientras las pandillas avanzan en la estructura criminal. Yo apostaría mi dinero a que se siguen matando”.

El Ministerio de Justicia dice que la cantidad de homicidios bajó de enero a agosto de 2012 en 34% (1,894 muertos comparados con los 2,874 durante el mismo período en 2011). Cifras del Instituto de Medicina Legal registran un descenso al 31% (2,839 muertos en 2011 a 1,949) en los mismos meses.

“Estas cifras son muy extrañas”, dijo Ponce. “Ellos dicen que los asesinatos están bajando, niegan las desapariciones, pero el caso de estos cinco estudiantes es una prueba de que todo está todavía en curso. Es muy probable que las pandillas estén adoptando nuevas formas de operar. En lugar de dejar a sus muertos a la vista, están enterrando a sus víctimas para ocultar los asesinatos”.

El Ministerio de Justicia lo niega diciendo que sus cifras se basan en casos investigados.

El experto Manwaring duda de las cifras: “No hay manera de contabilizarlas. De ninguna manera. Hay muchos lugares a los que funcionarios gubernamentales no pueden ir a investigar los homicidios porque las pandillas controlan el territorio”.

Munguía reconoce que el asesinato de los cinco estudiantes no es aislado ni el único que involucra a las pandillas después de haberse suscrito una tregua que no incluía el abandono de la extorsión, los secuestros y el narcomenudeo en las barriadas pobres.

Niños y jóvenes, vulnerables

Oscar Luna, procurador de Derechos Humanos, dijo que los asesinatos de los estudiantes han disminuido. Al 22 de junio, la Policía reportó 41 asesinados, frente a los 74 muertos en el mismo período en 2011. “La violencia sigue afectado de manera alarmante a la niñez, adolescencia y juventud”.

Raúl Mijango, facilitador de la tregua y exguerrillero del Frente Nacional Farabundo Martí para la Liberación Nacional, dijo: “Han surgido grupos de exterminio que están tratando de hacer ver mal la tregua, están matando pandilleros para crear conflictos entre ellos”. Agregó que 300 homicidios ocurridos desde marzo fueron perpetrados por esos grupos, que no identificó. Las autoridades desconocen su existencia.

Joel Escalante, uno de los líderes de la 18 entrevistado en la cárcel de Quezaltepeque, dijo que la decisión de empezar la tregua nació tras el incendio de un autobús en el municipio de Mejicanos.

Ese incendio, según las autoridades, dejó 13 víctimas luego de que pandilleros de la MS-13 dispararan contra los pasajeros.

En una visita de la AP a la colonia Majucla, en el poblado de Mejicanos, lo primero que se ve son los grafitos de sus paredes que anuncian que la zona se encuentra “en poder” de la MS-13. Si se entra, cualquiera se somete a sus leyes. Los pandilleros rivales no pasan por el lugar y los policías solo acceden con unidades de élite y casi siempre de noche.

A pocas cuadras aparecen los primeros pandilleros. Salen como hormigas de sus escondites. Si conocen a la persona, la dejan pasar; si no, se separan, rodean al auto o a la persona. Hacen una requisa y luego el interrogatorio: quieren saber la razón de la visita. “Para comercializar sus productos, los vendedores de diferentes empresas pagan una cuota mensual. Si lo hacen, pueden trabajar y salir con vida, pero siempre los están vigilando”, dijo Juan Escobar, vendedor de refrescos.

Los vecinos dicen que los homicidios han bajado, pero el terror sigue presente. “Todavía vivimos un poco tensos; sí, la verdad es que han bajado los homicidios, pero nos preguntamos hasta cuándo llegará esto de no matarse”, dijo Domitila Martínez (53), dedicada al comercio informal en Quezaltepeque. “Los civiles que estamos entre las pandillas hemos aprendido a sobrevivir”. “Lo que se hizo en El Salvador va bien y nos miramos en ese espejo”, dijo un vocero de la 18 en una celda de la Penitenciaria Nacional de Támara, en Tegucigalpa. “Podría funcionar aquí en Honduras también, quizás no de la misma manera, pero sí de la nuestra. Estamos dispuestos a abrir un diálogo con el Gobierno, pero con alguien de alto rango y siempre con un representante internacional de los derechos humanos como testigo”.

Adam Blackwell, secretario de Seguridad de la OEA, confirmó la existencia de una comisión oficial y pública encargada de negociar una tregua similar en Honduras, de la que es garante el secretario José Miguel Insulza.

Críticos de la tregua salvadoreña dicen que el interés de esas pandillas no debe sorprender, pues les permite consolidar su poder en las prisiones. “Si bien puede parecer que ahora hay un número menor de cuerpos en calles, el nivel general de criminalidad no ha disminuido. Lo que es más, las estructuras de las pandillas se han vuelto más sofisticadas“, señaló Douglas Farah en un escrito para el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington DC.

Los estudiantes desaparecidos fueron identificados solo por su primer nombre: Fernando Alexander y Jonathan B. (18) y tres menores de edad.

Fueron vistos por última vez cuando salían de la jornada vespertina del centro escolar Unión Centroamericana, en la ciudad de Santa Tecla, según las autoridades. Los cuerpos, encontrados en el barrio Las Colinas, presentaban numerosas heridas de arma blanca en manos y brazos. Según José Miguel Fortín, director del Instituto de Medicina Legal, las puñaladas reflejan que los jóvenes se defendieron de sus atacantes, pero que los asesinaron el mismo día que los desaparecieron.

“Jamás pensé que mi hijo hubiera terminado así”, dijo María, una de las madres, cerca de la fosa común localizada en una colina, mientras las lágrimas brotaban de su curtido rostro. “No entiendo. Estos son unos salvajes, pero nadie quiere entenderlo. No hacen nada, pero este dolor les puede llegar a todos. Son unos criminales”.

Los estudiantes desaparecieron un jueves, el 21 de junio, y le tomó a la Policía de El Salvador casi tres semanas descubrir la fosa común donde fueron enterrados.

En la horrible escena, el 11 de julio pasado, un investigador de la Policía ocultaba su identidad tras un pasamontañas por temor a represalias, mientras sacaba los restos de uno de los jóvenes. El menor de los cinco escolares tenía 15 años. Una de las madres lloraba, mientras los cadáveres eran extraídos junto con sobras de comida y cubiertos. Cuadernos escolares fueron hallados cerca.
Un reclutador de una pandilla, dijo el investigador, trató de convencer a los jóvenes de unirse al grupo criminal usando un método usual: ofreciendo una cena, pastel y refrescos. Cuando se resistieron, dijo, fueron asesinados.

Visitan zonas escolares

El general David Munguía, ministro de Justicia y Seguridad Pública, y Héctor Mendoza, subdirector de investigaciones de la Policía Nacional Civil, confirmaron que los asesinatos fueron obra de la mara Salvatrucha, o MS-13, una de las pandillas que junto con la 18 frecuentan zonas escolares para reclutar estudiantes, casi siempre a la fuerza.

Seis meses después de que el Gobierno avalara una tregua entre esos dos grupos, altos funcionarios están hoy divididos.

A inicios de marzo, MS-13 y la 18 se comprometieron a poner fin a los asesinatos y a los reclutamientos forzados a cambio de mejores condiciones para sus líderes, que han dirigido las acciones de ambas pandillas desde la cárcel.

Líderes de estas pandillas en Guatemala y Honduras están buscando que Gobiernos de sus países apoyen una tregua similar.

El profesor Max Manwaring, del Instituto de Estudios Estratégicos de la universidad US War Army, en Pensilvania, le dijo a AP: “La tregua es una verdadera farsa. Creo que las pandillas tienen todo el control y han venido operando fuera de las cárceles por años. Estas cárceles se han vuelto universidades para los pandilleros por años y el Gobierno, simplemente, se agarra de dónde puede. Todavía no tienen manera de controlar la mayor parte del territorio del país”.

Carlos Ponce, criminólogo y politólogo de la Fiscalía General de El Salvador, coincide: “Las pandillas siguen operando, siguen las muertes, la violencia sigue galopando en el país, siguen los desaparecidos, mientras las pandillas avanzan en la estructura criminal. Yo apostaría mi dinero a que se siguen matando”.

El Ministerio de Justicia dice que la cantidad de homicidios bajó de enero a agosto de 2012 en 34% (1,894 muertos comparados con los 2,874 durante el mismo período en 2011). Cifras del Instituto de Medicina Legal registran un descenso al 31% (2,839 muertos en 2011 a 1,949) en los mismos meses.

“Estas cifras son muy extrañas”, dijo Ponce. “Ellos dicen que los asesinatos están bajando, niegan las desapariciones, pero el caso de estos cinco estudiantes es una prueba de que todo está todavía en curso. Es muy probable que las pandillas estén adoptando nuevas formas de operar. En lugar de dejar a sus muertos a la vista, están enterrando a sus víctimas para ocultar los asesinatos”.

El Ministerio de Justicia lo niega diciendo que sus cifras se basan en casos investigados.

El experto Manwaring duda de las cifras: “No hay manera de contabilizarlas. De ninguna manera. Hay muchos lugares a los que funcionarios gubernamentales no pueden ir a investigar los homicidios porque las pandillas controlan el territorio”.
Munguía reconoce que el asesinato de los cinco estudiantes no es aislado ni el único que involucra a las pandillas después de haberse suscrito una tregua que no incluía el abandono de la extorsión, los secuestros y el narcomenudeo en las barriadas pobres.

Niños y jóvenes, vulnerables

óscar Luna, procurador de Derechos Humanos, dijo que los asesinatos de los estudiantes han disminuido. Al 22 de junio, la Policía reportó 41 asesinados, frente a los 74 muertos en el mismo período en 2011. “La violencia sigue afectado de manera alarmante a la niñez, adolescencia y juventud”.

Raúl Mijango, facilitador de la tregua y exguerrillero del Frente Nacional Farabundo Martí para la Liberación Nacional, dijo: “Han surgido grupos de exterminio que están tratando de hacer ver mal la tregua, están matando pandilleros para crear conflictos entre ellos”. Agregó que 300 homicidios ocurridos desde marzo fueron perpetrados por esos grupos, que no identificó. Las autoridades desconocen su existencia.

Joel Escalante, uno de los líderes de la 18 entrevistado en la cárcel de Quezaltepeque, dijo que la decisión de empezar la tregua nació tras el incendio de un autobús en el municipio de Mejicanos.

Ese incendio, según las autoridades, dejó 13 víctimas luego de que pandilleros de la MS-13 dispararan contra los pasajeros.

En una visita de la AP a la colonia Majucla, en el poblado de Mejicanos, lo primero que se ve son los grafitos de sus paredes que anuncian que la zona se encuentra “en poder” de la MS-13. Si se entra, cualquiera se somete a sus leyes. Los pandilleros rivales no pasan por el lugar y los policías solo acceden con unidades de élite y casi siempre de noche.

A pocas cuadras aparecen los primeros pandilleros. Salen como hormigas de sus escondites. Si conocen a la persona, la dejan pasar; si no, se separan, rodean al auto o a la persona. Hacen una requisa y luego el interrogatorio: quieren saber la razón de la visita. “Para comercializar sus productos, los vendedores de diferentes empresas pagan una cuota mensual. Si lo hacen, pueden trabajar y salir con vida, pero siempre los están vigilando”, dijo Juan Escobar, vendedor de refrescos.

Los vecinos dicen que los homicidios han bajado, pero el terror sigue presente. “Todavía vivimos un poco tensos; sí, la verdad es que han bajado los homicidios, pero nos preguntamos hasta cuándo llegará esto de no matarse”, dijo Domitila Martínez (53), dedicada al comercio informal en Quezaltepeque. “Los civiles que estamos entre las pandillas hemos aprendido a sobrevivir”. “Lo que se hizo en El Salvador va bien y nos miramos en ese espejo”, dijo un vocero de la 18 en una celda de la Penitenciaria Nacional de Támara, en Tegucigalpa. “Podría funcionar aquí en Honduras también, quizás no de la misma manera, pero sí de la nuestra. Estamos dispuestos a abrir un diálogo con el Gobierno, pero con alguien de alto rango y siempre con un representante internacional de los derechos humanos como testigo”.

Adam Blackwell, secretario de Seguridad de la OEA, confirmó la existencia de una comisión oficial y pública encargada de negociar una tregua similar en Honduras, de la que es garante el secretario José Miguel Insulza.

Críticos de la tregua salvadoreña dicen que el interés de esas pandillas no debe sorprender, pues les permite consolidar su poder en las prisiones. “Si bien puede parecer que ahora hay un número menor de cuerpos en calles, el nivel general de criminalidad no ha disminuido. Lo que es más, las estructuras de las pandillas se han vuelto más sofisticadas“, señaló Douglas Farah en un escrito para el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales en Washington DC.

Los estudiantes desaparecidos fueron identificados solo por su primer nombre: Fernando Alexander y Jonathan B. (18) y tres menores de edad.

Fueron vistos por última vez cuando salían de la jornada vespertina del centro escolar Unión Centroamericana, en la ciudad de Santa Tecla, según las autoridades. Los cuerpos, encontrados en el barrio Las Colinas, presentaban numerosas heridas de arma blanca en manos y brazos. Según José Miguel Fortín, director del Instituto de Medicina Legal, las puñaladas reflejan que los jóvenes se defendieron de sus atacantes, pero que los asesinaron el mismo día que los desaparecieron.
“Jamás pensé que mi hijo hubiera terminado así”, dijo María, una de las madres, cerca de la fosa común localizada en una colina, mientras las lágrimas brotaban de su curtido rostro. “No entiendo. Estos son unos salvajes, pero nadie quiere entenderlo. No hacen nada, pero este dolor les puede llegar a todos. Son unos criminales”.
AP

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