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Pepe Lobo...y el “Porfiriato” olanchano

<p>Pofirio Lobo llegó a la Presidencia de Honduras con las promesas de trabajo y seguridad.</p>

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Mi amigo Mario Cerrato – memorable compañero de la infancia – se marchó hace exactamente diez años para Chicago… recuerdo que nos despedimos con el corazón destripado mientras él me decía: “Lo doloroso amigo, no es que yo me vaya, sino que tú te quedes aquí”. Hoy trabaja en dos turnos de mantenimiento junto a su madre que también se había marchado cinco años antes que él; pero Mario, a pesar de la distancia, es uno de los hombres mejor informados sobre lo que sucede en Honduras: su patria perdida.

El día en que el Tribunal Supremo Electoral declaró a atraso y la violencia no son en verdad los problemas más graves de un país. Hay algo más doloroso que el hambre y existe algo más terrible que la calamidad material, a esto yo le llamo el desamparo. Honduras es en este instante preciso de su historia un país desamparado. Nadie nos representa, nadie nos dignifica, nadie nos enaltece. Hemos llegado a la peor bancarrota espiritual y la persona que elegimos para que tomara las riendas de la patria perdida no hace otra cosa que contar chistes malos, relatar cuentos chinos y reírse – horriblemente – de nosotros.

Mi amigo Mario Cerrato – memorable compañero de la infancia – se marchó hace exactamente diez años para Chicago… recuerdo que nos despedimos con el corazón destripado mientras él me decía: “Lo doloroso amigo, no es que yo me vaya, sino que tú te quedes aquí”. Hoy trabaja en dos turnos de mantenimiento junto a su madre que también se había marchado cinco años antes que él; pero Mario, a pesar de la distancia, es uno de los hombres mejor informados sobre lo que sucede en Honduras: su patria perdida.

El día en que el Tribunal Supremo Electoral declaró a atraso y la violencia no son en verdad los problemas más graves de un país. Hay algo más doloroso que el hambre y existe algo más terrible que la calamidad material, a esto yo le llamo el desamparo. Honduras es en este instante preciso de su historia un país desamparado. Nadie nos representa, nadie nos dignifica, nadie nos enaltece. Hemos llegado a la peor bancarrota espiritual y la persona que elegimos para que tomara las riendas de la patria perdida no hace otra cosa que contar chistes malos, relatar cuentos chinos y reírse – horriblemente – de nosotros.

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