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“He dado instrucciones de no molestar a migrantes”: Álvaro Colom

<p>El presidente guatemalteco Álvaro Colom habló en exclusiva con LA PRENSA sobre migración, política y violencia.</p>

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Honduras y Guatemala comparten más que una frontera: tienen problemas y realidades sociales similares; comparten pobreza, pero también encantos naturales, orígenes y un vínculo histórico que une a las dos naciones situadas en el corazón de América.

El presidente de Guatemala, Álvaro Colom, accedió a responder sobre varios asuntos de la actualidad de su país, de Honduras y de la región, en una entrevista exclusiva para LA PRENSA.

Con su característico caminar calmado y tono pausado llegó al lugar de la cita saludando espontáneamente a todos los presentes. Luego de tomarse un momento para dar la bienvenida al equipo periodístico hondureño, dejó a un lado el papel de anfitrión para darle paso a la figura política caracterizada por su serenidad, pero con mucha determinación; habló sin tapujos de cada asunto consultado.
En Honduras desde hace algún tiempo se está hablando de crear una Asamblea Nacional Constituyente que estaría sobre todos los demás poderes del Estado. ¿Cree que eso puede ser en alguna medida sano para el país?

Ha sucedido en otros países que generan una Asamblea Nacional Constituyente convocada para un tema específico y cuando se constituye, siendo el máximo órgano sobre todos los otros poderes, en algunos casos ha dado resultados que no se esperaban: (como) acortar los períodos presidenciales o alargarlos.

Creo que para convocar a
Constituyente
se tiene que ser muy cuidadoso y tener muy claro que es la autoridad máxima sobre los demás poderes.

En Guatemala no hemos convocado a una Asamblea Nacional Constituyente desde 1986.
En Honduras, desde 2009 se ha hablado de la reelección presidencial. ¿Qué opinión le merece esto para Latinoamérica, Centroamérica y más específicamente en un país como Honduras?

En cada país se tendrá que decidir su sistema electoral y sus normas electorales. En el caso de Guatemala he sostenido que no tener reelección ha dado resultados. Si en el futuro es necesaria una reforma constitucional, lo decidirán los próximos Gobiernos, pero me comprometí a no hacer reformas constitucionales y en mi opinión hay necesidad de hacer reformas constitucionales, pero en otros asuntos, por ejemplo, seguridad.

La ley de orden público ya no es de ayuda, pues se hizo para la guerra y no para épocas de paz. El presupuesto nacional está demasiado rígido y necesita modificaciones constitucionales en todo lo relativo a justicia y seguridad, necesita ajustes constitucionales en ese sentido.
Respecto a Palestina e Israel, el presidente Porfirio Lobo se adelantó a decir que apoyaba a Palestina antes de que como región se tomara una postura. ¿Cree que fue prudente tomar esta determinación?

Todos los países son soberanos y esas decisiones no dependen de la región. Respeto la decisión del presidente Lobo; él tendrá su razón y sus fundamentos.
Hablando de política regional y de América, en su gobierno ¿cuál fue su relación con Venezuela, particularmente con Hugo Chávez? ¿Qué opinión le merece su influencia en toda América?

Creo que voy a terminar mi período siendo un Presidente que mantuvo relaciones muy buenas con toda América Latina y Venezuela no es la excepción; es la misma relación que tengo con Panamá, Honduras o cualquier otro país. Una relación de respeto y amistad, pero sí soy una persona bastante independiente y sobre todo respetuosa de la decisión de otros países.

En la parte regional me siento particularmente satisfecho de que este año me dio una gran alegría que Honduras se incorporara normalmente al SICA y a la OEA y desde que ganó el presidente Lobo lo he apoyado para que Honduras pudiera regresar a la normalidad regional por muchas razones; primero porque Honduras es un país hermano y, segundo, porque la integración centroamericana para Guatemala y para mi gobierno es importante.

En mi caso, la influencia política es normal, tengo una permanente relación con los Presidentes vecinos. Hace poco visité al presidente Calderón de México y con el presidente Lobo nos vemos frecuentemente e igual a los demás. Sí soy de la política de la buena vecindad.
No podemos dejar afuera la migración, que es gravísima en Centroamérica, y vemos la debilidad innegable en las fronteras por más que haya avances. ¿Qué pasa con este asunto, qué se está haciendo y qué se necesita hacer para evitar tanta migración al norte?

Definitivamente, desarrollo. Llamo héroe al que toma el camino para irse a Estados Unidos; en esas condiciones es un héroe. No sé si yo tendría el entusiasmo o la valentía de pasar el famoso tren de la muerte, con todos los riesgos que hay en el camino.

Honduras y Guatemala compartimos un rezago social muy grande, una inequidad muy grande, muy profunda, que hay que ir nivelando, reduciéndola poco a poco. Sí he percibido, particularmente en las cumbres generales, que cada día estamos más conscientes como países de que la migración no es un asunto de crimen, es un asunto humano.

México tiene el mismo discurso, Honduras, igual, nosotros, también, y El Salvador; somos los tres países más fuertes en cuanto a migración.

Le he dado instrucciones muy claras a Migración guatemalteca de que no se moleste a los migrantes. Obviamente si cometen un crimen, que los detengan, pero estar fregando a un pobre hondureño porque viene sin documentos no me parece justo; somos centroamericanos.

Guatemala todavía reconoce la doble nacionalidad y recuerdo en los años setenta y ochenta que un millón de salvadoreños venían a trabajar a la costa guatemalteca y jamás se les molestó. El problema es que ahora el crimen organizado se ha metido y los migrantes tienen una nueva amenaza más grande. Primero, indocumentados; segundo, los “coyotes” o “polleros”, como les dicen en México, y, ahora, los narcotraficantes haciéndoles la vida imposible.

Con México hemos avanzado bastante, y no sólo nosotros; hemos avanzado bastante en toda Centroamérica.
De la buena voluntad pueden aprovecharse los criminales. En la frontera nos sorprendió ver la facilidad con que se puede pasar por varios puntos ciegos.

Tengo la teoría de que los criminales van a pasar, pongamos los controles que pongamos. A la gente decente hay que facilitarle el paso.

Ni Honduras ni Guatemala tenemos capacidad financiera para controlar totalmente la frontera. Se supone que nos estamos integrando; entonces tenemos que ir hacia la unión aduanera para evitar gastos que no nos van a reducir los crímenes.

Los narcotraficantes no necesitan pasar pasaporte, no necesitan fronteras porque se pasan hasta en helicópteros.

El control fronterizo creo que es más con México por el contrabando y ese tipo de cosas, pero no para migrantes; en vez de poner un control policial, se debe poner un esfuerzo humano y si se van, que tengan un camino más seguro.
En Centroamérica en general ¿qué falta para de una vez entrar en el mundo del desarrollo? ¿Mejorar la seguridad y entrar en equilibrio social?

Creo que Centroamérica es la región que empezó los procesos de integración económica. Tiene una historia bastante buena.
Creo que en la parte comercial ya tomó un buen camino y va muy bien. En el caso de Guatemala, nuestro primer cliente es Centroamérica y, después, Estados Unidos.

Lo que hace falta para dar ese paso importante, y eso lo hemos planteado varios Presidentes en las cumbres, es no pensar solamente en la parte económica, sino pensar en lo integral que puede ser la unión regional. Por ejemplo, Guatemala ya se conectó eléctricamente con México. En la reunión con el presidente Calderón hablamos de la posibilidad de que México les vendiera energía a El Salvador y a Honduras. Si se lograra esa interconexión eléctrica, sería un proyectazo.

Otro que ojalá se desarrolle es el sistema carretero centroamericano, que se mejore en todos los países y, Dios quiera, algún día el tren. Es verdad que Centroamérica ya prácticamente abandonó la red de ferrocarril, pero es un medio de transporte de los más baratos o seguros. Creo que tarde o temprano tendremos que entrar en eso.

Pero, más que mejoras físicas, creo que es la actitud, creo que la integración debe ser social, climática, económica, etcétera.
Creo que el cambio climático nos está afectando a todos y necesitamos mejor reacción. Yo proponía en una de las cumbres que deberíamos tener un fondo centroamericano por el cambio climático. En Honduras han tenido golpes muy duros, como el Mitch; el Agatha lo golpeó, pero no tanto como a nosotros.

El Salvador ha tenido problemas, Costa Rica, también, el año pasado, y creo que hay una agenda muy extensa y debe ser integral. Ya no debemos pensar sólo en la unión aduanera y la parte económica. Está bien, pero creo que deberíamos entrelazar vínculos más profundos.

La crisis política de Honduras en 2009 fue una revolución política quizás no sólo para el país, sino para la región, que tuvo cierta incertidumbre. Tomando en cuenta esto, ¿cree que a Centroamérica aún le hace falta mucho para alcanzar la madurez política?
Creo que se ha avanzado bastante.

El 28 de junio de 2009, en Honduras fue una alerta no sólo para los países centroamericanos, sino para toda la región, particularmente Sudamérica. La reacción en los países sudamericanos fue muy dura. La nuestra también, pero afortunadamente se dio un proceso electoral totalmente limpio, totalmente garantizado de que no había manipulación del golpe de Estado, y llega un personaje como Pepe Lobo, con una personalidad muy particular. Tengo varios años de conocerlo y fui uno de los primeros que le ofrecieron el apoyo. Creo que vino a los dos días de haber ganado las elecciones y platicamos e iniciamos un proceso de normalización de relaciones entre países, aunque a algunos países les costó entender cómo se podían normalizar las relaciones con Honduras.

Afortunadamente está la personalidad de Pepe Lobo, su mesura, su aguante. Lo admiro por su capacidad de aguantar presiones y eso le permitió desarrollar una política con la región y con el continente y logró su reincorporación. Creí que sería antes, pero hubo complicaciones. Al final se resolvió todo.

Creo que fue una lección y ahora se trabaja en la carta democrática.

En el momento del problema cerramos las fronteras, pero no había un protocolo de qué hacer. Cada país tomó sus decisiones, pero no encontramos qué hacer.

Algunos retiraron sus embajadas, pero no había un procedimiento, y ahora se trabaja en un protocolo muy claro. El cono sur ya tiene un protocolo, pero en el caso centroamericano no se ha hecho aún. Creo que hay que hacerlo para garantizar el orden en la región.

Honduras y Guatemala comparten más que una frontera: tienen problemas y realidades sociales similares; comparten pobreza, pero también encantos naturales, orígenes y un vínculo histórico que une a las dos naciones situadas en el corazón de América.

El presidente de Guatemala, Álvaro Colom, accedió a responder sobre varios asuntos de la actualidad de su país, de Honduras y de la región, en una entrevista exclusiva para LA PRENSA.

Con su característico caminar calmado y tono pausado llegó al lugar de la cita saludando espontáneamente a todos los presentes. Luego de tomarse un momento para dar la bienvenida al equipo periodístico hondureño, dejó a un lado el papel de anfitrión para darle paso a la figura política caracterizada por su serenidad, pero con mucha determinación; habló sin tapujos de cada asunto consultado.
En Honduras desde hace algún tiempo se está hablando de crear una Asamblea Nacional Constituyente que estaría sobre todos los demás poderes del Estado. ¿Cree que eso puede ser en alguna medida sano para el país?

Ha sucedido en otros países que generan una Asamblea Nacional Constituyente convocada para un tema específico y cuando se constituye, siendo el máximo órgano sobre todos los otros poderes, en algunos casos ha dado resultados que no se esperaban: (como) acortar los períodos presidenciales o alargarlos.

Creo que para convocar a
Constituyente
se tiene que ser muy cuidadoso y tener muy claro que es la autoridad máxima sobre los demás poderes.

En Guatemala no hemos convocado a una Asamblea Nacional Constituyente desde 1986.
En Honduras, desde 2009 se ha hablado de la reelección presidencial. ¿Qué opinión le merece esto para Latinoamérica, Centroamérica y más específicamente en un país como Honduras?

En cada país se tendrá que decidir su sistema electoral y sus normas electorales. En el caso de Guatemala he sostenido que no tener reelección ha dado resultados. Si en el futuro es necesaria una reforma constitucional, lo decidirán los próximos Gobiernos, pero me comprometí a no hacer reformas constitucionales y en mi opinión hay necesidad de hacer reformas constitucionales, pero en otros asuntos, por ejemplo, seguridad.

La ley de orden público ya no es de ayuda, pues se hizo para la guerra y no para épocas de paz. El presupuesto nacional está demasiado rígido y necesita modificaciones constitucionales en todo lo relativo a justicia y seguridad, necesita ajustes constitucionales en ese sentido.
Respecto a Palestina e Israel, el presidente Porfirio Lobo se adelantó a decir que apoyaba a Palestina antes de que como región se tomara una postura. ¿Cree que fue prudente tomar esta determinación?

Todos los países son soberanos y esas decisiones no dependen de la región. Respeto la decisión del presidente Lobo; él tendrá su razón y sus fundamentos.
Hablando de política regional y de América, en su gobierno ¿cuál fue su relación con Venezuela, particularmente con Hugo Chávez? ¿Qué opinión le merece su influencia en toda América?

Creo que voy a terminar mi período siendo un Presidente que mantuvo relaciones muy buenas con toda América Latina y Venezuela no es la excepción; es la misma relación que tengo con Panamá, Honduras o cualquier otro país. Una relación de respeto y amistad, pero sí soy una persona bastante independiente y sobre todo respetuosa de la decisión de otros países.

En la parte regional me siento particularmente satisfecho de que este año me dio una gran alegría que Honduras se incorporara normalmente al SICA y a la OEA y desde que ganó el presidente Lobo lo he apoyado para que Honduras pudiera regresar a la normalidad regional por muchas razones; primero porque Honduras es un país hermano y, segundo, porque la integración centroamericana para Guatemala y para mi gobierno es importante.

En mi caso, la influencia política es normal, tengo una permanente relación con los Presidentes vecinos. Hace poco visité al presidente Calderón de México y con el presidente Lobo nos vemos frecuentemente e igual a los demás. Sí soy de la política de la buena vecindad.
No podemos dejar afuera la migración, que es gravísima en Centroamérica, y vemos la debilidad innegable en las fronteras por más que haya avances. ¿Qué pasa con este asunto, qué se está haciendo y qué se necesita hacer para evitar tanta migración al norte?

Definitivamente, desarrollo. Llamo héroe al que toma el camino para irse a Estados Unidos; en esas condiciones es un héroe. No sé si yo tendría el entusiasmo o la valentía de pasar el famoso tren de la muerte, con todos los riesgos que hay en el camino.

Honduras y Guatemala compartimos un rezago social muy grande, una inequidad muy grande, muy profunda, que hay que ir nivelando, reduciéndola poco a poco. Sí he percibido, particularmente en las cumbres generales, que cada día estamos más conscientes como países de que la migración no es un asunto de crimen, es un asunto humano.

México tiene el mismo discurso, Honduras, igual, nosotros, también, y El Salvador; somos los tres países más fuertes en cuanto a migración.

Le he dado instrucciones muy claras a Migración guatemalteca de que no se moleste a los migrantes. Obviamente si cometen un crimen, que los detengan, pero estar fregando a un pobre hondureño porque viene sin documentos no me parece justo; somos centroamericanos.

Guatemala todavía reconoce la doble nacionalidad y recuerdo en los años setenta y ochenta que un millón de salvadoreños venían a trabajar a la costa guatemalteca y jamás se les molestó. El problema es que ahora el crimen organizado se ha metido y los migrantes tienen una nueva amenaza más grande. Primero, indocumentados; segundo, los “coyotes” o “polleros”, como les dicen en México, y, ahora, los narcotraficantes haciéndoles la vida imposible.

Con México hemos avanzado bastante, y no sólo nosotros; hemos avanzado bastante en toda Centroamérica.
De la buena voluntad pueden aprovecharse los criminales. En la frontera nos sorprendió ver la facilidad con que se puede pasar por varios puntos ciegos.

Tengo la teoría de que los criminales van a pasar, pongamos los controles que pongamos. A la gente decente hay que facilitarle el paso.

Ni Honduras ni Guatemala tenemos capacidad financiera para controlar totalmente la frontera. Se supone que nos estamos integrando; entonces tenemos que ir hacia la unión aduanera para evitar gastos que no nos van a reducir los crímenes.

Los narcotraficantes no necesitan pasar pasaporte, no necesitan fronteras porque se pasan hasta en helicópteros.

El control fronterizo creo que es más con México por el contrabando y ese tipo de cosas, pero no para migrantes; en vez de poner un control policial, se debe poner un esfuerzo humano y si se van, que tengan un camino más seguro.
En Centroamérica en general ¿qué falta para de una vez entrar en el mundo del desarrollo? ¿Mejorar la seguridad y entrar en equilibrio social?

Creo que Centroamérica es la región que empezó los procesos de integración económica. Tiene una historia bastante buena.
Creo que en la parte comercial ya tomó un buen camino y va muy bien. En el caso de Guatemala, nuestro primer cliente es Centroamérica y, después, Estados Unidos.

Lo que hace falta para dar ese paso importante, y eso lo hemos planteado varios Presidentes en las cumbres, es no pensar solamente en la parte económica, sino pensar en lo integral que puede ser la unión regional. Por ejemplo, Guatemala ya se conectó eléctricamente con México. En la reunión con el presidente Calderón hablamos de la posibilidad de que México les vendiera energía a El Salvador y a Honduras. Si se lograra esa interconexión eléctrica, sería un proyectazo.

Otro que ojalá se desarrolle es el sistema carretero centroamericano, que se mejore en todos los países y, Dios quiera, algún día el tren. Es verdad que Centroamérica ya prácticamente abandonó la red de ferrocarril, pero es un medio de transporte de los más baratos o seguros. Creo que tarde o temprano tendremos que entrar en eso.

Pero, más que mejoras físicas, creo que es la actitud, creo que la integración debe ser social, climática, económica, etcétera.
Creo que el cambio climático nos está afectando a todos y necesitamos mejor reacción. Yo proponía en una de las cumbres que deberíamos tener un fondo centroamericano por el cambio climático. En Honduras han tenido golpes muy duros, como el Mitch; el Agatha lo golpeó, pero no tanto como a nosotros.

El Salvador ha tenido problemas, Costa Rica, también, el año pasado, y creo que hay una agenda muy extensa y debe ser integral. Ya no debemos pensar sólo en la unión aduanera y la parte económica. Está bien, pero creo que deberíamos entrelazar vínculos más profundos.

La crisis política de Honduras en 2009 fue una revolución política quizás no sólo para el país, sino para la región, que tuvo cierta incertidumbre. Tomando en cuenta esto, ¿cree que a Centroamérica aún le hace falta mucho para alcanzar la madurez política?
Creo que se ha avanzado bastante.

El 28 de junio de 2009, en Honduras fue una alerta no sólo para los países centroamericanos, sino para toda la región, particularmente Sudamérica. La reacción en los países sudamericanos fue muy dura. La nuestra también, pero afortunadamente se dio un proceso electoral totalmente limpio, totalmente garantizado de que no había manipulación del golpe de Estado, y llega un personaje como Pepe Lobo, con una personalidad muy particular. Tengo varios años de conocerlo y fui uno de los primeros que le ofrecieron el apoyo. Creo que vino a los dos días de haber ganado las elecciones y platicamos e iniciamos un proceso de normalización de relaciones entre países, aunque a algunos países les costó entender cómo se podían normalizar las relaciones con Honduras.

Afortunadamente está la personalidad de Pepe Lobo, su mesura, su aguante. Lo admiro por su capacidad de aguantar presiones y eso le permitió desarrollar una política con la región y con el continente y logró su reincorporación. Creí que sería antes, pero hubo complicaciones. Al final se resolvió todo.

Creo que fue una lección y ahora se trabaja en la carta democrática.

En el momento del problema cerramos las fronteras, pero no había un protocolo de qué hacer. Cada país tomó sus decisiones, pero no encontramos qué hacer.

Algunos retiraron sus embajadas, pero no había un procedimiento, y ahora se trabaja en un protocolo muy claro. El cono sur ya tiene un protocolo, pero en el caso centroamericano no se ha hecho aún. Creo que hay que hacerlo para garantizar el orden en la región.

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