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Excesiva permisividad descontrola a jóvenes

<p>¿Son los adolescentes actuales demasiado indiferentes ante las cuestiones que importan? ¿Cuáles son los trastornos que más los afectan?</p>

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¿Son los adolescentes actuales demasiado indiferentes ante las cuestiones que importan? ¿Cuáles son los trastornos que más los afectan? ¿Cómo se puede intervenir para ayudarles a atravesar esta difícil etapa y crecer? Son las preguntas que se formulan muchos padres y profesores preocupados al ver el descontrol en que caen sus hijos y alumnos.


Y es que buena parte de esta generación no conoce los límites: cuentan con todos los recursos para complacer sus antojos y caprichos.


Hay muchos jóvenes que tienen problemas con las normas, que son indiferentes a todo y con vías de escape como el alcohol y los cigarrillos, coinciden maestros y psicólogos. “Amor por el aprendizaje. Pasión por los desafíos. Ganas de hacer cosas nuevas con interés y diligencia. Un estado de ánimo que empuja a descubrirse a uno mismo, a los demás y al mundo”. Así definen algunos psicólogos a la motivación, una cualidad vital para el crecimiento y desarrollo de la persona y que puede ser más importante que la habilidad innata para determinar el éxito en la vida.


Pero esta actitud mental positiva se está desvaneciendo en muchos jóvenes que parecen haber perdido el rumbo y la única referencia que tienen a mano es insuficiente para indicarles el camino.


“Aún teniendo en cuenta la difícil etapa que supone la adolescencia, en la que hay que transgredir para crecer, los chicos y chicas actuales tienen rasgos comunes que, aunque se consideran normales, no son propios de la edad, sino provocados por las corrientes sociales imperantes”, ha escrito la terapeuta ocupacional Ayelén Losada Cucco.

Para la experta, estos comportamientos están provocados en gran parte porque los adultos, desde la familia y en el colegio, no les proporcionan la atención que necesitan al haber pasado de un modelo autoritario, del “no por el no”, a una excesiva permisividad en la que el joven es quien decide.


Etapa difícil


Los padres coinciden en que la adolescencia es una de las etapas más difíciles de la relación con sus hijos. Son años complicados, de cambio, en los que tanto los jóvenes como los adultos están desconcertados y no saben encontrar su lugar: los primeros porque no saben lo que quieren, los segundos porque no les entienden y sienten que pierden el control de la situación.


Muchos progenitores sienten que sus dulces y tiernos “pequeños”, con los que hasta hace poco compartían tan buenos momentos y que los acompañaban con gusto a todas partes sin quejarse,
disfrutando “con cualquier cosa”, son ahora “otros”. Se han convertido en seres casi desconocidos a los cuales son incapaces de entender y con los que apenas pueden comunicarse.


Sus hijos están dejando atrás la infancia y se comportan de forma extraña e imprevisible. No escuchan a los mayores o les contestan de forma airada, cambian de humor sin motivo aparente, se pasan horas encerrados en su habitación, no atienden a las sugerencias ni obedecen las instrucciones. ¡Viven en otro mundo! Ante este desolador panorama muchos padres a veces están a punto de claudicar, de “tirar la toalla”. Ya no tienen fuerzas para seguir luchando. Se sienten tentados de abandonar el campo de batalla en que se ha convertido su familia, aunque sea en condición de “derrotados”.


Los psicólogos los alientan a seguir adelante. “Aunque no lo parezca es posible llevarse bien con un adolescente y afrontar los problemas de su pubertad”, señalan. Sólo hay que “darles un buen ejemplo” y seguir algunas sencillas estrategias destinadas a fomentar el amor, el entendimiento y la comunicación.

¿Son los adolescentes actuales demasiado indiferentes ante las cuestiones que importan? ¿Cuáles son los trastornos que más los afectan? ¿Cómo se puede intervenir para ayudarles a atravesar esta difícil etapa y crecer? Son las preguntas que se formulan muchos padres y profesores preocupados al ver el descontrol en que caen sus hijos y alumnos.


Y es que buena parte de esta generación no conoce los límites: cuentan con todos los recursos para complacer sus antojos y caprichos.


Hay muchos jóvenes que tienen problemas con las normas, que son indiferentes a todo y con vías de escape como el alcohol y los cigarrillos, coinciden maestros y psicólogos. “Amor por el aprendizaje. Pasión por los desafíos. Ganas de hacer cosas nuevas con interés y diligencia. Un estado de ánimo que empuja a descubrirse a uno mismo, a los demás y al mundo”. Así definen algunos psicólogos a la motivación, una cualidad vital para el crecimiento y desarrollo de la persona y que puede ser más importante que la habilidad innata para determinar el éxito en la vida.


Pero esta actitud mental positiva se está desvaneciendo en muchos jóvenes que parecen haber perdido el rumbo y la única referencia que tienen a mano es insuficiente para indicarles el camino.


“Aún teniendo en cuenta la difícil etapa que supone la adolescencia, en la que hay que transgredir para crecer, los chicos y chicas actuales tienen rasgos comunes que, aunque se consideran normales, no son propios de la edad, sino provocados por las corrientes sociales imperantes”, ha escrito la terapeuta ocupacional Ayelén Losada Cucco.

Para la experta, estos comportamientos están provocados en gran parte porque los adultos, desde la familia y en el colegio, no les proporcionan la atención que necesitan al haber pasado de un modelo autoritario, del “no por el no”, a una excesiva permisividad en la que el joven es quien decide.


Etapa difícil


Los padres coinciden en que la adolescencia es una de las etapas más difíciles de la relación con sus hijos. Son años complicados, de cambio, en los que tanto los jóvenes como los adultos están desconcertados y no saben encontrar su lugar: los primeros porque no saben lo que quieren, los segundos porque no les entienden y sienten que pierden el control de la situación.


Muchos progenitores sienten que sus dulces y tiernos “pequeños”, con los que hasta hace poco compartían tan buenos momentos y que los acompañaban con gusto a todas partes sin quejarse,
disfrutando “con cualquier cosa”, son ahora “otros”. Se han convertido en seres casi desconocidos a los cuales son incapaces de entender y con los que apenas pueden comunicarse.


Sus hijos están dejando atrás la infancia y se comportan de forma extraña e imprevisible. No escuchan a los mayores o les contestan de forma airada, cambian de humor sin motivo aparente, se pasan horas encerrados en su habitación, no atienden a las sugerencias ni obedecen las instrucciones. ¡Viven en otro mundo! Ante este desolador panorama muchos padres a veces están a punto de claudicar, de “tirar la toalla”. Ya no tienen fuerzas para seguir luchando. Se sienten tentados de abandonar el campo de batalla en que se ha convertido su familia, aunque sea en condición de “derrotados”.


Los psicólogos los alientan a seguir adelante. “Aunque no lo parezca es posible llevarse bien con un adolescente y afrontar los problemas de su pubertad”, señalan. Sólo hay que “darles un buen ejemplo” y seguir algunas sencillas estrategias destinadas a fomentar el amor, el entendimiento y la comunicación.

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