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10 colonias sampedranas cercadas por delincuentes

<p>Bandas del crimen organizado y pandillas actúan a sus anchas y obligan a sus pobladores a vivir en el encierro.</p><p>Pandillas obligan a sus pobladores</p>

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El miedo es parte del día a día en al menos diez barrios y colonias de San Pedro Sula. Bandas del crimen organizado y pandillas actúan a sus anchas y obligan a sus pobladores a vivir en el encierro.En colonias como la Ebenezer, Villeda Morales y Sabillón en el sector Chamelecón; La Unión, San José V, Suazo Córdova, Lomas del Carmen, Planeta, Sinaí, Reparto Los ángeles, Sinaí; y La Esperanza y 6 de Mayo en el sector Rivera Hernández viven atemorizados. Los homicidios, lesiones, extorsiones y robos a mano armada se dan a plena luz del día y en cualquier lugar.Aquí, los residentes no salen de sus casas después de las siete de la noche, pues temen quedar bajo el fuego cruzado de una guerra sin cuartel que libran grupos criminales en las zonas.LA PRENSA recorrió estos sitios y escuchó a las víctimas de las bandas. “Estamos prácticamente sitiados, hay personas que están vendiendo sus viviendas al remate, otros se han ido y lo dejaron todo. Se llama a la autoridad, pero en esta zona la Policía no llega”, dijo un vecino de la populosa San José V.Las zonas se han vuelto inhabitables. Los pobladores ya no soportan a las bandas y pandillas. En el sector Rivera Hernández hay unas 25 casas abandonadas y 80 en venta sin esperanzas de ser compradas. Nadie quiere vivir en el sector, no hay garantías de seguridad.La Policía conoce el problema y hace lo suyo para neutralizar esta ola delictiva; pero sus limitados recursos, como vehículos, agentes, armamento y equipo de comunicación, se lo impide.La zona “caliente” la forman 96 populosas colonias, donde habita el 21% de la población sampedrana. Ni de día ni de noche se ven figuras caminando por estas calles desoladas. Parecen colonias fantasma. Las pocas pulperías aún en servicio se encuentran amuralladas con barrotes y sin clientes.Sólo por necesidad los pobladores salen de sus viviendas. En una esquina, dos hombres esperaban la llegada del rapidito -transporte urbano- y evidentemente nerviosos, vigilaban los 360 grados a su alrededor. Al cuestionarles sobre la situación de seguridad de esta colonia confirmaron las versiones de otros vecinos. Allí, en plena estación de transporte, en cualquier momento un ladrón podría despojarlos de lo poco que llevan y seguir su camino sin temor a ser detenidos .Luego de las advertencias, en la zona que se denomina La Tercera, encontramos una casa abandonada marcada con las señales de “los tercereños”, una banda buscada por asaltos a mano armada.Al parecer casi nada escapa de las actividades delinuenciales, hasta las iglesias son blanco de los malvivientes. Poco a poco, los fieles se han ido retirando. “Nadie ha tomado en serio el problema, no podemos salir de las casas. Para ir a la pulpería tenemos que esperar la señal de los dueños, ellos nos indican cuando no hay peligro”, comentó otro poblador.“La clínica que atiende a los pobres fue cerrada. Para que reciban a un paciente hay que llamar primero, estamos bajo el dominio de los delincuentes”, apuntó un vecino de la colonia Reparto los ángeles.Los carros repartidores y los distribuidores de tarjetas de celulares ya no llegan, se retiraron del lugar después de varios asaltos. Y si un vecino quiere viajar en taxi, ninguno acepta la carrera, aún pagando más que la tarifa. “Nadie quiere circular por la colonia, estamos sin protección. Los grupos criminales tienen el control. Vivir aquí es un verdadero peligro”, dijo un vecino de la colonia Sinaí.Otros sectoresEn la colonia La Paz, aledaña a La Unión, la presencia de la pandilla MS ha provocado la migración de muchos habitantes. Los que aún quedan cuentan que desde su llegada amenazaron a los vecinos que protegieran o apoyaran a sus rivales pandilleros de la 18.Ante la guerra advertida, muchos vecinos decidieron irse; hay pasajes donde apenas dos o tres casas están habitadas. La pandilla ha reclutado a menores de 13 a 16 años y son los que van de casa en casa cobrando por “seguridad”. “El miedo nos hace que tanto los que vivimos en La Paz como en La Unión colaboremos con los pandilleros; ellos llegan, exigen comida, piden dinero y si hay tiroteos o la Policía los busca debemos abrir las puertas y darles refugio. No colaborar con ellos es un peligro, porque cuando las cosas vuelven a la normalidad toman represalias y se desquitan con nosotros o con uno de nuestros familiares”, aseguró un vecino de La Paz.Aquí los niños dejaron de jugar en los pasajes. En cada esquina se apostan grupos de dos a cuatro pandilleros para vigilar cada movimiento en la colonia. El temor llega al extremo que muchos familiares de quienes aún vivien aquí ya no los visitan. Y los padres de adolescentes no duermen tranquilos, pues las pandillas intimidan a los menores para que abandonen sus casas y se sumen a la pandilla.El madrugónEn la segunda etapa de la Céleo González, los pobladores denunciaron una nueva forma de intimidación. Los delincuentes llegan a las casas en la madrugada, tocan la puerta y si no abren las agarran a tiros. Cuando logran ingresar, saquean las viviendas y en los vehículos de las víctimas se llevan lo robado.“Estamos con miedo, hay dos equipos de asaltantes que están operando, ya ni encerrados estamos seguros. El madrugón lo hacen siete encapuchados que llegan con armas de grueso calibre y nos atemorizan. Hemos denunciado lo que ocurre al jefe de la Policía del sector, el subcomisionado Orvin Galo; pero cuando le pedimos ayuda nos ha dicho que ellos no vienen porque también tienen miedo.Si eso es así, entonces nos preguntamos quién nos puede ayudar ante el peligro que vivimos con estos delincuentes”, afirmaron varios vecinos a LA PRENSA.Por su parte, Galo reconoce las limitantes de recursos y afirma que hacen lo que está a su alcance.“La ciudadanía se incomoda, pero atendemos a la gente, no tenemos miedo a la delincuencia, trabajamos por la seguridad de la ciudadaní”, aseguró.En la colonia El Carmen, algunos pasajes se han vuelto zona de asaltos. Los vecinos denunciaron que por las noches hombres armados asaltan y controlan la zona. “Pedimos a las autoridades control en este sector, hay un grupo de delincuentes armados que han tomado como punto de operaciones la colonia. Hay pasajes que son dominados por los delincuentes, tenemos mucho miedo”, dijo uno de los vecinos.Y así, las más populosas colonias, aquellas donde los pobladores no consiguen alcanzar a pagar seguridad privada ni circuitos cerrados, poco a poco van cayendo en control de grupos organizados de delincuentes.

El miedo es parte del día a día en al menos diez barrios y colonias de San Pedro Sula. Bandas del crimen organizado y pandillas actúan a sus anchas y obligan a sus pobladores a vivir en el encierro.

En colonias como la Ebenezer, Villeda Morales y Sabillón en el sector Chamelecón; La Unión, San José V, Suazo Córdova, Lomas del Carmen, Planeta, Sinaí, Reparto Los ángeles, Sinaí; y La Esperanza y 6 de Mayo en el sector Rivera Hernández viven atemorizados. Los homicidios, lesiones, extorsiones y robos a mano armada se dan a plena luz del día y en cualquier lugar.

Aquí, los residentes no salen de sus casas después de las siete de la noche, pues temen quedar bajo el fuego cruzado de una guerra sin cuartel que libran grupos criminales en las zonas.

LA PRENSA recorrió estos sitios y escuchó a las víctimas de las bandas. “Estamos prácticamente sitiados, hay personas que están vendiendo sus viviendas al remate, otros se han ido y lo dejaron todo. Se llama a la autoridad, pero en esta zona la Policía no llega”, dijo un vecino de la populosa San José V.

Las zonas se han vuelto inhabitables. Los pobladores ya no soportan a las bandas y pandillas. En el sector Rivera Hernández hay unas 25 casas abandonadas y 80 en venta sin esperanzas de ser compradas. Nadie quiere vivir en el sector, no hay garantías de seguridad.

La Policía conoce el problema y hace lo suyo para neutralizar esta ola delictiva; pero sus limitados recursos, como vehículos, agentes, armamento y equipo de comunicación, se lo impide.

La zona “caliente” la forman 96 populosas colonias, donde habita el 21% de la población sampedrana. Ni de día ni de noche se ven figuras caminando por estas calles desoladas. Parecen colonias fantasma. Las pocas pulperías aún en servicio se encuentran amuralladas con barrotes y sin clientes.

Sólo por necesidad los pobladores salen de sus viviendas. En una esquina, dos hombres esperaban la llegada del rapidito -transporte urbano- y evidentemente nerviosos, vigilaban los 360 grados a su alrededor. Al cuestionarles sobre la situación de seguridad de esta colonia confirmaron las versiones de otros vecinos. Allí, en plena estación de transporte, en cualquier momento un ladrón podría despojarlos de lo poco que llevan y seguir su camino sin temor a ser detenidos .

Luego de las advertencias, en la zona que se denomina La Tercera, encontramos una casa abandonada marcada con las señales de “los tercereños”, una banda buscada por asaltos a mano armada.

Al parecer casi nada escapa de las actividades delinuenciales, hasta las iglesias son blanco de los malvivientes. Poco a poco, los fieles se han ido retirando. “Nadie ha tomado en serio el problema, no podemos salir de las casas. Para ir a la pulpería tenemos que esperar la señal de los dueños, ellos nos indican cuando no hay peligro”, comentó otro poblador.

“La clínica que atiende a los pobres fue cerrada. Para que reciban a un paciente hay que llamar primero, estamos bajo el dominio de los delincuentes”, apuntó un vecino de la colonia Reparto los ángeles.

Los carros repartidores y los distribuidores de tarjetas de celulares ya no llegan, se retiraron del lugar después de varios asaltos. Y si un vecino quiere viajar en taxi, ninguno acepta la carrera, aún pagando más que la tarifa. “Nadie quiere circular por la colonia, estamos sin protección. Los grupos criminales tienen el control. Vivir aquí es un verdadero peligro”, dijo un vecino de la colonia Sinaí.

Otros sectores

En la colonia La Paz, aledaña a La Unión, la presencia de la pandilla MS ha provocado la migración de muchos habitantes. Los que aún quedan cuentan que desde su llegada amenazaron a los vecinos que protegieran o apoyaran a sus rivales pandilleros de la 18.

Ante la guerra advertida, muchos vecinos decidieron irse; hay pasajes donde apenas dos o tres casas están habitadas. La pandilla ha reclutado a menores de 13 a 16 años y son los que van de casa en casa cobrando por “seguridad”. “El miedo nos hace que tanto los que vivimos en La Paz como en La Unión colaboremos con los pandilleros; ellos llegan, exigen comida, piden dinero y si hay tiroteos o la Policía los busca debemos abrir las puertas y darles refugio. No colaborar con ellos es un peligro, porque cuando las cosas vuelven a la normalidad toman represalias y se desquitan con nosotros o con uno de nuestros familiares”, aseguró un vecino de La Paz.

Aquí los niños dejaron de jugar en los pasajes. En cada esquina se apostan grupos de dos a cuatro pandilleros para vigilar cada movimiento en la colonia. El temor llega al extremo que muchos familiares de quienes aún vivien aquí ya no los visitan. Y los padres de adolescentes no duermen tranquilos, pues las pandillas intimidan a los menores para que abandonen sus casas y se sumen a la pandilla.

El madrugón

En la segunda etapa de la Céleo González, los pobladores denunciaron una nueva forma de intimidación. Los delincuentes llegan a las casas en la madrugada, tocan la puerta y si no abren las agarran a tiros. Cuando logran ingresar, saquean las viviendas y en los vehículos de las víctimas se llevan lo robado.

“Estamos con miedo, hay dos equipos de asaltantes que están operando, ya ni encerrados estamos seguros. El madrugón lo hacen siete encapuchados que llegan con armas de grueso calibre y nos atemorizan. Hemos denunciado lo que ocurre al jefe de la Policía del sector, el subcomisionado Orvin Galo; pero cuando le pedimos ayuda nos ha dicho que ellos no vienen porque también tienen miedo.

Si eso es así, entonces nos preguntamos quién nos puede ayudar ante el peligro que vivimos con estos delincuentes”, afirmaron varios vecinos a LA PRENSA.

Por su parte, Galo reconoce las limitantes de recursos y afirma que hacen lo que está a su alcance.

“La ciudadanía se incomoda, pero atendemos a la gente, no tenemos miedo a la delincuencia, trabajamos por la seguridad de la ciudadaní”, aseguró.

En la colonia El Carmen, algunos pasajes se han vuelto zona de asaltos. Los vecinos denunciaron que por las noches hombres armados asaltan y controlan la zona. “Pedimos a las autoridades control en este sector, hay un grupo de delincuentes armados que han tomado como punto de operaciones la colonia. Hay pasajes que son dominados por los delincuentes, tenemos mucho miedo”, dijo uno de los vecinos.

Y así, las más populosas colonias, aquellas donde los pobladores no consiguen alcanzar a pagar seguridad privada ni circuitos cerrados, poco a poco van cayendo en control de grupos organizados de delincuentes.

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