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Aug 28, 2013

Aquí se venden niñas

06:14PM  

A "María" la vendieron por 300 lempiras la primera vez, cuando tenía nueve años. No fue para trabajar sino para "servir como mujer".

A "María" la vendieron por 300 lempiras la primera vez, cuando tenía nueve años. No fue para trabajar sino para "servir como mujer".

La negociación la hizo su madre, "Alba", una prostituta conocida en el pueblo.

Desde entonces han pasado tres años y varios miles de lempiras. La mayoría de clientes de esta pequeña de la etnia chortí son extranjeros que llegan como turistas hasta Copán Ruinas.

Ella es una de las decenas de víctimas de la explotación sexual infantil que sucede a vista y paciencia de autoridades y algunos pobladores de la zona.

"Tuve que empezar a tener relaciones con hombres porque mi mamá decía que tenía que ayudar en la casa. Al principio me dijo que iba a trabajar pero cuando llegue a ese lugar -bar- entendí que me gustara o no tenía que dejar de ser una niña y entregarme, es duro pero aquí nadie nos defiende¨, relata una de las menores explotadas en Copán Ruinas. Cuando eso sucedió, ella tenía 13. Ahora tiene 15 y comparte su historia junto a las demás.

En el grupo se cuidan, se buscan, se desahogan, se ven como objetos y no como personas. "Aquí sólo nos usan, pero a nadie le interesamos, a nadie le preocupa qué pensamos, qué sentimos, estamos solas, aquí no hay derechos humanos ni nada. Sólo interesa que cumplamos y atendamos a los hombres que llegan los fines de semana¨, dice otra menor.

Las dos caras del turismo

Copán Ruinas se levanta como uno de los polos turísticos más importantes del país, con 165 mil visitantes al año que dejan 150 millones de lempiras a la zona. Estas cifras son evidentes en las calles y avenidas, hoteles y restaurantes que impresionan a quienes las recorren.

Sin embargo, la afluencia de extranjeros también ha revelado la otra cara, la oscura, la despiadada y con necesidad: la venta de menores vírgenes al mejor postor, que luego prostituyen como medio de subsistencia de muchas familias, en especial de la etnia chortí.

El nombre de Honduras como un paraíso de turismo sexual ha llegado como una "moda" a los más remotos países del mundo.

"Con las recientes restricciones y operaciones en contra de este delito en Tailandia y otros países asiáticos, cada vez más turistas del sexo están llegando a Latinoamérica, espcíficamente a Centroamérica y Honduras", advirtió recientemente Casa Alianza, organismo internacional que trabaja con niñas y niños de la calle en la región.

"Con el reciente arresto del pedófilo australiano Robert Joseph Dunn (55) en Tegucigalpa, Honduras, junto con el arresto del ciudadano estadounidense Marvin Hersch (57) en Florida, en abril de este año - acusado del tráfico de un niño hondureño con fines de abuso sexual-, más una serie de otros incidentes de abuso sexual de niños por parte de extranjeros en diferentes países, Casa Alianza está sumamente preocupada porque los países centroamericanos están siendo vistos como un lugar donde pedófilos pueden llegar y abusar a niños pequeños sin ningún problema", explicó Bruce Harris, director regional de Casa Alianza en Latinoamérica. "Aprovechándose de la extrema pobreza y de la inexistencia de un sistema judicial funcional".

Y es precisamente así como ocurre en Copán Ruinas. Ni la Policía ni la Fiscalía regulan negocios donde se hace fácil la prostitución de menores. Los agentes preventivos no hacen operativos en estos negocios y el Ministerio Público tiene sus sedes más cercanas en Santa Rosa de Copán, a 113 kilómetros de distancia y La Entrada, a 68. LA PRENSA recorrió las noches de esta ciudad. En ningún bar o discoteca exigen identificación para entrar. Tampoco hay restricción a la venta de alcohol y cigarrillos.

Las niñas bailan cadenciosamente entre las mesas de los bares y los caballeros las observan como escogiendo el producto.
Nadie restringe, hay libertad o más bien libertinaje ante los ojos de autoridades y población. Otra práctica común es que las menores de edad trabajen como empleadas de los centros nocturnos.

El dueño del bar nos atendió, las menores eras ofrecidas como quien ofrece una bebida a los clientes. "Ya le buscamos una choca (niña), ellas llegan más tarde y le dan lo que les pida, y bueno el precio será de acuerdo con lo que usted quiera", dijo.

Durante los días en que LA PRENSA se internó en la vida nocturna de este pueblo turístico fue clausurada "La Casa del árbol", un bar propiedad de un empresario cubano en el barrio Clavos de Oro, situado en la carretera hacia la frontera de El Florido. Se intentó conseguir la versión del propietario, pero nunca accedió a hablar con los periodistas.

El centro nocturno fue cerrado por la presión de los vecinos. "Desde que inició salieron los anuncios en medios locales solicitando a jóvenes menores para trabajar. Llegaron varias muchachas y desde ese día no volvieron a sus casas", cuentan los vecinos.

¨Me da cólera, el extranjero dijo que le daba trabajo a mi choca -niña- y al final resultó siendo mujer de ellos, la mamá es la culpable, ella le apañaba todo y mire ahora cómo terminó¨, dice molesto Jesús León Morán, padre de una de las menores que fue utilizada en el negocio.

Como él, muchos padres se mostraron indignados, pero ninguno denunció el hecho a las autoridades. Las únicas denuncias fueron de los vecinos quienes al ver interrumpida su tranquilidad por el alto volumen del equipo de sonido y los espectáculos que atentaban contra la moral y las buenas costumbres hablaron de lo que aquí ocurría.

"Llevaban cipotas de 13 y 14 años al bar y las ponían a bailar desnudas y toda la gente comentaba lo que allí pasaba. El barrio exigió el cierre, todos firmamos, no es bueno que sigan operando estos negocios, nosotros somos gente de iglesia", dice Santos Canaán, presidente del patronato de Clavos de Oro.

Contrario a lo que se esperaba, el sitio fue cerrado sólo por no tener permiso municipal. El juez de policía Eusebio López admite que el bar se cerró por esa formalidad. "La Casa del Árbol se cerró porque se había llamado al dueño por las quejas de la gente del mal uso del bar y como no tenía permiso de operación cumplimos con nuestro deber".

No intervino otra autoridad, el cierre se limitó a un permiso para operar pero nunca hubo amonestación por emplear menores en el antro. El cubano no fue multado y los padres de las menores tampoco fueron llamados a dar explicaciones.

"La gente decía ‘no se aguanta’, allí tenían muchachas menores que utilizaban en el negocio, les pedimos a las mamás que las sacaran porque si no, nosotros las íbamos a llevar", recuerda indignado el dirigente patronal.

En su propia casa

Pero no sólo en los centros nocturnos se comete el delito. Algunas madres negocian de 200 a 300 lempiras por sus hijas, depende de la experiencia o de la inocencia de las menores. Los extranjeros buscan "carne joven" y el acto se consuma en sus propias casas.

LA PRENSA conoció un caso que genera el repudio en la población de Antigua Ocotepeque, en una vivienda humilde, a orillas de la carretera que conduce hacia la frontera El Poy, viven la madre y su niña de nueve años, quien ya tiene una vida sexual activa. La mujer vende a la menor en su propia casa, donde a diario los vecinos ven llegar a hombres que pagan 200 lempiras "por un rato de placer".

La niña luce delgada, casi enferma. Los vecinos alertaron a las autoridades, pero fue hasta que el equipo periodístico constató el abuso que se realizó el operativo de rescate de la menor. Su destino es incierto. En esta zona no hay un hogar para menores en riesgo social que la ayude a rehabilitarse y brinde tratamiento sicológico.

¿Dónde está la Policía?... en la disco

En una ciudad turística como Copán Ruinas la Policía está obligada a realizar patrullajes constantemente y se les ve rondando el parque central.

Sin embargo fuimos testigos de que cuando la población acude a la posta policial de la localidad para denunciar asaltos o escándalos públicos, no encuentran solución a sus problemas. La respuesta es que no hay elementos policiales porque las patrullas están en misiones.

En nuestro recorrido por Copán Ruinas presenciamos cuando una dama interpuso una denuncia de robo. El viernes 27 de junio, la mujer se presentó a posta policial llorando porque le habían robado la venta del día en su pulpería y llegó a pedir auxilio. Como respuesta recibió una negativa. "No hay elementos ni vehículos, están en misión", le dijeron.

Lo paradójico es que cuando se programan eventos privados en discotecas o bares, la policía acude sin problema a reforzar la seguridad.

El sábado 28 de junio, la única patrulla de la ciudad se encontraba estacionada en la discoteca, con el portón cerrado, dejando sin protección al resto de la población.

El vehículo fue estacionado a eso de las nueve y media de la noche y en horas de la madrugada continuaba allí. Los agentes vigilaron el negocio toda la noche.

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