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Jurgen Klinsmann, un excéntrico piloto alemán

<p>Honduras tendrá una visita de lujo el próximo 6 de febrero, cuando se mida con Estados Unidos, dirigida por el astro alemán.</p>

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Jurgen Klinsmann es recordado por muchos como un centrodelantero espigado, de enorme zancada, potente remate, rápido y con una intuición exquisita para marcar, sin duda un virtuoso del gol.Esa leyenda del fútbol alemán, que vistió 108 veces la camisa de la gloriosa selección teutona y marcó 47 goles con esa playera, se sentará en el banquillo del estadio Olímpico de San Pedro Sula, dirigiendo a Estados Unidos en el primer partido de la hexagonal clasificatoria al Mundial de Brasil 2014 contra la Selección de Honduras.Muy pocas veces se puede dar el lujo Honduras de tener la visita de una figura de tal magnitud, digno representante de la fortaleza alemana y con todas las excentricidades que no son comunes en los teutones.Esta vez no será ninguna visita de cortesía, sino la llegada a una batalla campal, uno de esos encuentros en que las miradas no son de admiración, sino de hostilidad.  La historia del fútbol sitúa la figura de Klinsmann entre los mejores delanteros que ha dado el mundo. Nacido en Goppingen, Alemania, Klinsmann, hijo del panadero Siegfried Klinsmann y de su esposa Martha, comenzó su andar en el balompié en el Sttutgart Kickers, club de la segunda división germana.Luego, el Stuttgart de la primera división lo lanzó al estrellato como prometedor atacante, que con sus goles ponía el ojo de todo el mundo sobre su cabeza.Una mezcla de potencia alemana con astucia sudamericana. Frialdad y certeza eran sus acompañantes en el área, donde no perdonaba ruego ni descuido de las zagas rivales.Con esas virtudes conquistó la retina de clubes europeos en los 80 y 90. Inter de Milán conoció su renta de goles desde 1989 hasta 1992. En ese lapso ganó la Copa del Mundo de Italia 90, donde se le recuerda por el partido contra Holanda, en que fue el mejor jugador y anotó el tanto del triunfo.El diario alemán Süddeutsche Zeitung lo calificó como el jugador “más brillante” del duelo, en el Mundial que más tarde ganarían los germanos con aquel penal que le cometió el argentino Pedro Monzón a Klinsmann.Al final, Alemania le arrebató el título a la Argentina del mejor Maradona.Querido por sus goles, pero muchas veces antagónico con sus mismos compañeros.En una publicación de Diario El País recuerda que sus colegas en los clubes europeos se molestaban porque estacionaba su “escarabajo” al lado de los lujosos vehículos que caracterizan a las figuras.Además, sus compañeros odiaban que prefiriera tomar un buen vino tinto en vez de la ruda cerveza alemana.Entre sus excentricidades de estos días, llega a los entrenamientos de los equipos de Estados Unidos en helicópteropara estrenar su licencia de piloto, que acaba de adquirir.“Con su salario de 2.5 millones de dólares al año puede darse este tipo de lujos”, publicó la revista Sport Ilustrated, la más importante del deporte norteamericano.  En el fútbol alemán no lo tildan de buen entrenador. DEe hecho aseguran que es “mejor consultor de negocios”.Pero su rebeldía provocó roces con muchos de sus compatriotas. Franz Beckenbauer es el único que lo ha defendido de los ataques de quienes incluso lo acompañaron como jugador en la Selección de Alemania. Oliver Kahn fue uno de los que se molestaron cuando quiso hacer del Bayern Munich un equipo que se lanzara al ataque sin tomar precauciones. “El sistema del club no puede ignorarse”, expresó Kahn en aquel momento.El último tramo de su vida lo ha hecho en Estados Unidos, no precisamente por dirigir a la selección de ese país, sino desde antes. Se casó con la modelo estadounidense Debbie Chin y procreó a dos hijos, Jonathan (16) y Leila (12).Cuando colgó los botines hace 15 años no tuvo su casa de retiro en la tranquilidad de su pueblo en Europa, sino que decidió radicarse en el bullicio de California, donde jugaba para las ligas menores de esa localidad con 33 años con el nombre de Jay Göppingen para no ser advertido por la prensa norteamericana, muy poco interesada en el fútbol, o soccer, como lo llaman.Klinsmann es una celebridad del fútbol, pero lo cierto es que el próximo 6 de febrero será un enemigo más de la Bicolor. Hay que disfrutar la visita de este personaje con todo el respeto que se merece.Perfiljurgen Klinsmann nació en Göppingen, Alemania, el 30 de julio de 1964. Es uno de los jugadores más reconocidos del mundo. Comenzó su carrera en el Stuttgart. Jugó para el Inter de Milán de 1988 a 1992. Luego de su último año en el Inter, pasó al AS Mónaco de Francia, donde estuvo hasta 1994. También fue ídolo del Tottenham Hostpur y jugó en el Bayern Munich. Pasó por la Sampdoria de Italia. Como entrenador dirigió a Alemania en su Mundial en 2006 y fue tercer lugar. Abandonó el cargo dos años después y tomó al Bayern Munich, donde fue cesado pese a su buen trabajo. En 2011 se hizo cargo de la Selección de Estados Unidos.

Jurgen Klinsmann es recordado por muchos como un centrodelantero espigado, de enorme zancada, potente remate, rápido y con una intuición exquisita para marcar, sin duda un virtuoso del gol.

Esa leyenda del fútbol alemán, que vistió 108 veces la camisa de la gloriosa selección teutona y marcó 47 goles con esa playera, se sentará en el banquillo del estadio Olímpico de San Pedro Sula, dirigiendo a Estados Unidos en el primer partido de la hexagonal clasificatoria al Mundial de Brasil 2014 contra la Selección de Honduras.

Muy pocas veces se puede dar el lujo Honduras de tener la visita de una figura de tal magnitud, digno representante de la fortaleza alemana y con todas las excentricidades que no son comunes en los teutones.

Esta vez no será ninguna visita de cortesía, sino la llegada a una batalla campal, uno de esos encuentros en que las miradas no son de admiración, sino de hostilidad.
La historia del fútbol sitúa la figura de Klinsmann entre los mejores delanteros que ha dado el mundo. Nacido en Goppingen, Alemania, Klinsmann, hijo del panadero Siegfried Klinsmann y de su esposa Martha, comenzó su andar en el balompié en el Sttutgart Kickers, club de la segunda división germana.

Luego, el Stuttgart de la primera división lo lanzó al estrellato como prometedor atacante, que con sus goles ponía el ojo de todo el mundo sobre su cabeza.

Una mezcla de potencia alemana con astucia sudamericana. Frialdad y certeza eran sus acompañantes en el área, donde no perdonaba ruego ni descuido de las zagas rivales.

Con esas virtudes conquistó la retina de clubes europeos en los 80 y 90. Inter de Milán conoció su renta de goles desde 1989 hasta 1992. En ese lapso ganó la Copa del Mundo de Italia 90, donde se le recuerda por el partido contra Holanda, en que fue el mejor jugador y anotó el tanto del triunfo.

El diario alemán Süddeutsche Zeitung lo calificó como el jugador “más brillante” del duelo, en el Mundial que más tarde ganarían los germanos con aquel penal que le cometió el argentino Pedro Monzón a Klinsmann.

Al final, Alemania le arrebató el título a la Argentina del mejor Maradona.

Querido por sus goles, pero muchas veces antagónico con sus mismos compañeros.

En una publicación de Diario El País recuerda que sus colegas en los clubes europeos se molestaban porque estacionaba su “escarabajo” al lado de los lujosos vehículos que caracterizan a las figuras.

Además, sus compañeros odiaban que prefiriera tomar un buen vino tinto en vez de la ruda cerveza alemana.

Entre sus excentricidades de estos días, llega a los entrenamientos de los equipos de Estados Unidos en helicópteropara estrenar su licencia de piloto, que acaba de adquirir.

“Con su salario de 2.5 millones de dólares al año puede darse este tipo de lujos”, publicó la revista Sport Ilustrated, la más importante del deporte norteamericano.
En el fútbol alemán no lo tildan de buen entrenador. DEe hecho aseguran que es “mejor consultor de negocios”.

Pero su rebeldía provocó roces con muchos de sus compatriotas. Franz Beckenbauer es el único que lo ha defendido de los ataques de quienes incluso lo acompañaron como jugador en la Selección de Alemania. Oliver Kahn fue uno de los que se molestaron cuando quiso hacer del Bayern Munich un equipo que se lanzara al ataque sin tomar precauciones.

“El sistema del club no puede ignorarse”, expresó Kahn en aquel momento.

El último tramo de su vida lo ha hecho en Estados Unidos, no precisamente por dirigir a la selección de ese país, sino desde antes. Se casó con la modelo estadounidense Debbie Chin y procreó a dos hijos, Jonathan (16) y Leila (12).

Cuando colgó los botines hace 15 años no tuvo su casa de retiro en la tranquilidad de su pueblo en Europa, sino que decidió radicarse en el bullicio de California, donde jugaba para las ligas menores de esa localidad con 33 años con el nombre de Jay Göppingen para no ser advertido por la prensa norteamericana, muy poco interesada en el fútbol, o soccer, como lo llaman.

Klinsmann es una celebridad del fútbol, pero lo cierto es que el próximo 6 de febrero será un enemigo más de la Bicolor. Hay que disfrutar la visita de este personaje con todo el respeto que se merece.

Perfil

jurgen Klinsmann nació en Göppingen, Alemania, el 30 de julio de 1964. Es uno de los jugadores más reconocidos del mundo. Comenzó su carrera en el Stuttgart. Jugó para el Inter de Milán de 1988 a 1992. Luego de su último año en el Inter, pasó al AS Mónaco de Francia, donde estuvo hasta 1994. También fue ídolo del Tottenham Hostpur y jugó en el Bayern Munich. Pasó por la Sampdoria de Italia. Como entrenador dirigió a Alemania en su Mundial en 2006 y fue tercer lugar. Abandonó el cargo dos años después y tomó al Bayern Munich, donde fue cesado pese a su buen trabajo. En 2011 se hizo cargo de la Selección de Estados Unidos.

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