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Phelps, la leyenda eterna

<p>El Tiburón de Baltimore se convirtió en el atleta que más medallas ganó en la historia olímpica.</p>

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Michael Phelps se despide de la natación como una leyenda viva, bañado en medallas y récords, ovacionado por el público y admirado por sus adversarios.Dueño del récord absoluto de más medallas olímpicas de la historia con 22 tras un nuevo triunfo el sábado en el cierre de la natación en los Juegos de Londres, sus cuartos desde aquel debut con apenas 15 años en Sídney 2000, donde había terminado quinto de los 200 mariposa, su prueba favorita.Solo algunos especialistas con buen ojo y su entrenador podían imaginar ese día que el joven se convertiría en el mayor nadador de la historia.Cuatro años después, en Atenas 2004 sorprendió a todos cuando cosechó seis oros y dos bronces antes de subir a la categoría de leyenda en el Cubo de Pekín 2008 al superar, con ocho títulos, a su compatriota Mark Spitz y sus míticas siete medallas doradas de Múnich 1972. Con 27 años, el nadador estadounidense ya había avisado que no trataría de repetir la hazaña de hace cuatro años.Sin emabrgo, la bala de Baltimore necesitaba tres metales más de cualquier color para escribir una nueva página en la historia olímpica.Al final fueron seis nuevas preseas, cuatro de oro y dos de plata, en siete pruebas en el Centro Acuático de la capital británica.Con 11 años, conoció en las piscinas de Maryland a un visionario, Bob Bowman, que creyó ver un gran potencial en este niño hiperactivo hijo de un policía y una directora de escuela.Debbie y Fred, los padres del futuro fenómeno, estuvieron encantados de confiarle al revoltoso Michael, convencidos de que los duros entrenamientos lo calmarían.Bowman, que había encontrado una mina de oro, formó en cuatro años a este joven con brazos y piernas interminables y orejas despegadas.DesmotivaciónAunque lleva la natación en la sangre, Michael Phelps quiere también vivir una vida más acorde a la de los jóvenes de su edad.Para llegar a Londres también tuvo que superar una lógica desmotivación.A mediados de 2011, Michael confesó haber pasado dos años y medio “sin pasión” por la natación, en los que tuvo incluso un desafortunado episodio cuando se publicó una foto en la que se lo veía fumando marihuana.En cuanto a su futuro, el señor de los anillos ya indicó “estar listo” para la próxima etapa y los desafíos que le esperan fuera de las piscinas, como el desarrollo de su fundación para promover la natación y una vida sana.

Michael Phelps se despide de la natación como una leyenda viva, bañado en medallas y récords, ovacionado por el público y admirado por sus adversarios.

Dueño del récord absoluto de más medallas olímpicas de la historia con 22 tras un nuevo triunfo el sábado en el cierre de la natación en los Juegos de Londres, sus cuartos desde aquel debut con apenas 15 años en Sídney 2000, donde había terminado quinto de los 200 mariposa, su prueba favorita.

Solo algunos especialistas con buen ojo y su entrenador podían imaginar ese día que el joven se convertiría en el mayor nadador de la historia.

Cuatro años después, en Atenas 2004 sorprendió a todos cuando cosechó seis oros y dos bronces antes de subir a la categoría de leyenda en el Cubo de Pekín 2008 al superar, con ocho títulos, a su compatriota Mark Spitz y sus míticas siete medallas doradas de Múnich 1972.
Con 27 años, el nadador estadounidense ya había avisado que no trataría de repetir la hazaña de hace cuatro años.

Sin emabrgo, la bala de Baltimore necesitaba tres metales más de cualquier color para escribir una nueva página en la historia olímpica.

Al final fueron seis nuevas preseas, cuatro de oro y dos de plata, en siete pruebas en el Centro Acuático de la capital británica.

Con 11 años, conoció en las piscinas de Maryland a un visionario, Bob Bowman, que creyó ver un gran potencial en este niño hiperactivo hijo de un policía y una directora de escuela.

Debbie y Fred, los padres del futuro fenómeno, estuvieron encantados de confiarle al revoltoso Michael, convencidos de que los duros entrenamientos lo calmarían.

Bowman, que había encontrado una mina de oro, formó en cuatro años a este joven con brazos y piernas interminables y orejas despegadas.

Desmotivación

Aunque lleva la natación en la sangre, Michael Phelps quiere también vivir una vida más acorde a la de los jóvenes de su edad.

Para llegar a Londres también tuvo que superar una lógica desmotivación.

A mediados de 2011, Michael confesó haber pasado dos años y medio “sin pasión” por la natación, en los que tuvo incluso un desafortunado episodio cuando se publicó una foto en la que se lo veía fumando marihuana.

En cuanto a su futuro, el señor de los anillos ya indicó “estar listo” para la próxima etapa y los desafíos que le esperan fuera de las piscinas, como el desarrollo de su fundación para promover la natación y una vida sana.

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