Cayos Cochinos, un paraíso catracho con múltiples necesidades
09:51 pm - Yasmira Locandro :En las 15 islas que sobresalen en la ruta entre La Ceiba e Islas de la Bahía viven 300 pobladores.
Honduras
A 39 kilómetros de La Ceiba y a 45 minutos en lancha por aguas que pasan del azul profundo a un tenue y cristalino azul cielo se encuentra un verdadero paraíso catracho: los Cayos Cochinos.
Ver seria: Guía turística de Honduras
El famoso archipiélago conformado por dos islas de mediano tamaño (Cayo Menor y Cayo Mayor) y 13 cayos pequeños situados entre la Honduras continental y el departamento insular, se localiza el paradisiaco sitio de arena blanca, considerado un paraíso para los turistas y un sitio donde los lugareños han aprendido a ingeniárselas para sobrevivir.
Nos dimos a la tarea de conocer la otra realidad de los pobladores que habitan en los cayos . A bordo de la lancha Hog Fish, comandada por el capitán Osman Cabrera, emprendemos la aventura en la que no vamos solos.
Con Adrián Oviedo, director ejecutivo de la fundación Cayos Cochinos, y Dan Exton, un joven inglés que coordina la operación Wallacea Honduras, salimos del muelle de cabotaje a las 6:15 de la mañana con un oleaje leve, viendo el sol que comenzaba a alzarse en el horizonte y dejando atrás las montañas que no se veían por la neblina.
A los cayos se llega por medio de operadoras de turismo ceibeñas y desde comunidades como Nueva Armenia, Sambo Creek y Río Esteban.
No todos los cayos están poblados. Las comunidades habitadas se localizan en Chachahuate, East End en Cayo Mayor y en ciertas ocasiones en Bolaños. Este último cayo es el primero que se divisa en la ruta en lancha y es utilizado por los pescadores de Sambo Creek para descansar cuando salen a faenar de noche.
La pequeña construcción de madera que existe fue hecha con el apoyo de los reality shows que se filman en Cayos Cochinos.
Seguidamente están los cayos Arena, Zacate y Timón; son privados y le pertenecen a un empresario de la isla de Roatán. Luego está cayo Culebra, de un empresario mexicano.
De los 15 cayos, Chachahuate es el más poblado. Sus residentes provienen de la comunidad de Nueva Armenia y viven en casas de madera con techos de manaca. En el cayo que mide 1.5 hectáreas hay 56 viviendas con pisos de arena donde viven unos 100 adultos (60 hombres y 40 mujeres) y 48 niños de 0 a 13 años. Allí tienen lo elemental para vivir.
Todo gira en torno a la pesca y al turismo. Viven de eso. Juan Arzú, más conocido como Johnny, es el presidente del patronato. Él explica que la mayor afluencia de visitantes es en verano, de marzo a junio.
A partir de julio, las visitas disminuyen por las lluvias y vientos. Eso también afecta la pesca artesanal.
Con Juan empezamos el recorrido por el cayo. Las sandalias se hunden en la arena. No viven hacinados, pero es obvio que las casas están casi pegadas. Hay un pequeño hotel comunal que tiene ocho cuartos. Pero no se ven por ningún lado los servicios sanitarios, tampoco en la casas. Solo existen dos letrinas: una en el hotel y la otra comunal.
Cuando hay turistas, los pobladores se aguantan. Han educado cuerpo y mente.
No existe un sistema de tratamiento de aguas residuales y cuando hay mal tiempo los desechos son expulsados con una bomba al mar. Eso contaminael arrecife y aunque conocen el daño ambiental que causan, aseguran que no tienen otra alternativa.
Noé Guardado, alcalde de Jutiapa, mediante líderes de Nueva Armenia ha prometido donarles letrinas. La mayoría de residentes son garífunas. Allí se vive con lo elemental. Cocinan en fogones de leña o en pequeñas estufas de gas.
Las voces de un niño diciendo “maestra, yo quiero pollo también”, irrumpen en el ambiente. El recorrido nos lleva frente al jardín de niños Henry Dale Jackson, donde se educan 13 menores, seis varones y cinco niñas.
Los pequeños están emocionados porque la maestra Aylin Barrios les dará como merienda escolar arroz, frijoles y pollo. Antes de comer deben agradecer a Dios por los alimentos y acto seguido cantan: “Hoy comemos y mañana no sabemos qué va haber. Demos gracias porque Dios va a proveer”. Aplauden y se sientan a comer.
La docente explica que la merienda escolar ayuda a que los niños lleguen a la escuela. La complementan con pollo, queso o huevos y nadie falla.
Pero no todos los niños que van a clases viven en el cayo Chachahuate. A bordo de cayucos en los que van remando con innata habilidad se acerca un grupo de niños que se transportan atravesando el bello paraje con el afán de ir a estudiar.
Cursan sus estudios en la escuela doctor Alfonso Lacayo, en la comunidad de East End, en el Cayo Mayor . La distancia entre Chachahuate y East End es de poco más de kilómetro y medio. Los niños tardan cinco minutos en llegar en una lancha de motor y, en cayuco de remos, 30.
Las noches en los cayos no son fáciles, aunque nadie se queja. No tienen luz y la mayoría se alumbran con candiles.
En East End existen paneles solares en la escuela, el hotel Laru Beya y en tres viviendas donde casi todos se reúnen a ver películas.
Tampoco tienen agua potable. Los pobladores se bañan en el mar y después con un pequeño balde se quitan el agua salada. El ahorro del líquido para consumo es primordial, considerando que captan el agua no salada cuando llueve o la compran en los cayos, donde sí brota. Para los quehaceres la sacan de pozos.
En los cayos se vive una tranquilidad inexplicable, la brisa del mar es fresca, no hay jejenes y se pueden apreciar las estrellas. Por eso, pese a sus carencias, los cayos son un paraíso para los más de 18 mil turistas que por lo general los visitan cada año.
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