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Sep 6, 2013

Ceibeño espera condena por cruel asesinato de su nieto en EUA

03:04PM  

Manuel de Jesús Rosales dice que “en ningún lugar de la Biblia dice que los padres no pueden vivir con las hijas”.

Con uniforme rojo, sandalias y calcetines blancos, Manuel de Jesús Rosales espera a LA PRENSA en la sala de visitas de la cárcel de máxima seguridad Lee County Jail, en el estado de Florida.

En cuanto nos acercamos reacciona molesto y asegura que no quiere hablar con nadie, ya que su abogado se lo prohibió.

Quince minutos después, gracias a la intervención de la abogada Tania Quezada del Consulado de Honduras en Miami, nos confiesa que no se acuerda
de lo sucedido durante el crimen que lo tiene tras las rejas. “No recuerdo nada de lo que pasó. No tengo idea dónde está mi hija y claro que me preocupa mi hijo, creí que estaba con Madeline (exesposa), pero no sabía que lo estaban dando en adopción. No recuerdo nada de lo que pasó”, dice molesto al enterarse de que el menor que procreó con su propia hija está en poder de las autoridades estadounidenses.

A pesar de que Rosales dice haberlo olvidado, el crimen que cometió el 20 de mayo de 2010 es recordado en la Florida como uno de los más abominables de la historia. Por lo tanto, el hondureño, originario de La Ceiba, será
sentenciado a pena de muerte o cadena perpetua en una Corte de Florida en las próximas semanas.

Las acusaciones que pesan sobre Manuel de Jesús son tan escalofriantes como las circunstancias e incidencias del crimen. Incesto, asesinato de su nieto, intento de homicidio a su hija y violación son algunos de los capítulos de la oscura historia que lo tiene tras las rejas, en el aislamiento extremo en el que enfrenta cinco cargos.

Tras dos años de encierro, el condenado tiene una extraña versión de los hechos. “Todo esto que me pasó es producto de la brujería, de la hechicería. Yo no recuerdo nada”, nos dice una vez que toma confianza para hablar.

Su vida antes del crimen

La abogada Quezada toma las riendas de la conversación. Manuel de Jesús duda si hablar o no. Su mirada es inquisidora y el tema de su vida de comerciante antes del crimen lo seduce.

Manuel de Jesús fue un hombre con poderío económico. Tal vez por eso, durante su encierro ha mantenido la preocupación por el destino de sus bienes después de que fue arrestado.


“En verdad, casi toda mi vida la desarrollé aquí en Estados Unidos. Quisiera saber qué pasó con mis cosas, yo tenía muchas cosas y mucho dinero, me estaba yendo bien cuando me pasó esto producto de la hechicería”, explica el hondureño.

“Siempre fui muy luchador, me gustaba el comercio, compraba cosas para revenderlas. En Honduras compraba fruta y luego la vendía a mejor precio. Fui militar en mi país, cuando salí del Ejército tuve un problema con mi hermano, él me decía que yo era mujer y le demostré lo contrario, casi lo mato. Él tuvo que huir para Guaimaca para que yo no lo matara”, recuerda sin vergüenza Rosales.

Manuel de Jesús fue criado en Tocoa pero nació en La Ceiba. Tiempo después se trasladó a Guatemala, en donde nació su hija Karminda. En Estados Unidos se casó con Madeline, obteniendo de ese modo los papeles que lo dejaron desarrollar una vida legal.

El siguiente capítulo de la historia de Rosales es aterrador. Tras establecerse en Florida, apareció en escena su hija Karminda. Según las investigaciones policiales, Manuel de Jesús desarrolló una vida marital y tuvo un hijo con ella.

Tras un tiempo de vivir en la relación incestuosa, la joven decidió regresar a Guatemala para escapar de los maltratos físicos a los que la sometía su padre. Sin embargo, regresaría a Nueva Jersey a buscar un mejor futuro. Allí sostuvo una relación con Santos Cardona Sevilla, con quien tuvo un hijo.

Pese a las restricciones de la Policía, Manuel de Jesús se acercó a ella y la convenció de regresar con él a Florida. “Le prometió trabajo, casa y un auto si regresaba con él. Ella regresó y vivían
en una habitación con los dos niños. Rosales ya se había separado de su esposa”, dijo Mauricio Maldonado, testigo que revelaría a la Polícía todos los detalles del crimen, ya que vivía en la casa de Rosales.

El prisionero insiste
en que no recuerda los pormenores de su tragedia y se altera al acordarse de sus familiares. “No sé qué es lo que pasó, no recuerdo nada. Cómo no voy a querer a mi hijo. Más bien quiero saber de él, consíganme una foto de él”, pide angustiado a la abogada Quezada y al vicecónsul Gerardo Simón.
El crimen

El 20 de julio de 2010, Karminda salió al patio de su casa a hablar por teléfono con Santos Cardona, padre de su pequeño de tres meses. Le dijo que quería huir para Pensilvania con sus hijos y que su padre no le había dado lo prometido.

“Regresé a la vivienda como a las seis de la tarde. Rosales la golpeó en el rostro porque no dejaba de hablar por teléfono. La llevó a la habitación
y la siguió golpeando. Ella pidió auxilio. Fui y tomé por la espalda a Rosales, pero sacó un cuchillo y me asustó”, reveló el testigo.

El ataque inició con la presencia de los menores. Karminda corrió hacia afuera y trató de llamar a la Policía. Su padre la persiguió con el cuchillo.
“Cerré la puerta y me quedé vigilando a los niños, pero él me ordenaba que abriera la puerta. No quise, entonces rodeó la casa y rompió la puerta del dormitorio. Yo escapé y encontré a Karminda tirada en el estacionamiento sangrando profundamente”.

La muchacha nunca pudo llamar a la Policía porque no podía articular palabras debido a las graves heridas en su cuello y garganta. “Llamé a la Policía y de pronto Rosales salió de la casa y se dirigió hacia donde Karminda, llevando al bebé en un brazo y el cuchillo en el otro. Lo sentó frente a la cara de su madre y le cortó el cuello. Él dejó el bebé tirado y procedió a cortar dos veces más a su hija. Entró a la casa y salió cargando al otro menor, hablando por teléfono y sin el cuchillo”, concluye el testimonio que tiene en la cárcel al ceibeño.

“Aquí está tu bastardo”, habrían sido las palabras que Manuel de Jesús dijo a su hija después de cortarle la garganta al pequeño de tres meses.

Una semana después del brutal asesinato, Karminda salió del hospital con rumbo desconocido. La mujer les dijo a los detectives de Lee County que su padre la había violado cuando tenía 17 años. “Le dije que no lo amaba, que amaba a Santos, que a él lo amaba como padre”, confesó a la policía Karminda antes de abandonar el hospital.

La vida en prisión

Los guardias de Lee County monitorean la reunión desde una pequeña cabina. El hondureño no está esposado ni tiene grilletes en los tobillos, por lo que tiene la libertad de acomodarse como
quiera.

Rosales fue arrestado el 21 de mayo de 2010. Desde entonces se encuentra prisionero en esta cárcel de máxima seguridad. “Aquí son bien racistas, principalmente los gringos, yo solo en el hoyo paso (celda de castigo) porque no me dejo de nadie. Siempre tengo que estar a la defensiva, construyo piedras con la pintura de las paredes porque una vez fui atacado de noche”.

Al parecer, el encierro sigue ocasionando estragos en la mente de Rosales. “Es mejor que me tengan solo porque yo no respondo. A veces me pongo a leer, ya he leído la Biblia y en ninguna parte he encontrado que diga que es pecado que los padres vivan con las hijas, ¿acaso no es peor el aborto? Lo que me pasó fue cuestión de hechicería”, insiste el hondureño, quien luce mucho más delgado que en las fotografías en las que aparece antes de ser arrestado.

Enseguida recuerda que está solo en la celda porque el compañero que tenía lo atacó y él se defendió con un libro, lo que le causó graves heridas al otro prisionero.


A minutos de terminar la entrevista, Rosales pide al Consulado que le ayuden a conseguir los papeles que lo acreditan como hondureño, ya que los perdió y los necesita para su juicio.

“Como es posible que ustedes no puedan sacarme una partida de nacimiento, soy de La Ceiba, criado en Tocoa, todo mundo me conoce allá. Tengo familiares por allá, y necesito esos papeles, mis abogados lo necesitan. Ya vamos a juicio y necesito esos documentos”, dice Rosales antes de ser retirado de la sala de visitas.

Abogado se niega a visitar Honduras

Datos relevantes han sido publicados en los últimos días sobre el caso de Manuel de Jesús Rosales. Según The Coming Crisis y The Daily News, el abogado del hondureño “no volverá a visitar la ciudad natal de su cliente por ser demasiada peligrosa, la costa hondureña es conocida por el tráfico de narcóticos y es ahí donde Rosales pasó los primeros 25 años de su vida”, dice el reporte.

“A ellos les gusta disparar allí y yo no quiero ser el objetivo”, dijo el defensor público Neil McLoughlin a la jueza Margaret Steinbeck.

Esta declaración podría dar un giro en el juicio de Rosales y evitar que sea Ver más noticias sobre Honduras

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