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Clinton y Kerry: similares en talante, diferentes en estrategia

<p>El veterano senador que ha tratado con asuntos internacionales desde hace tres décadas.</p>

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Dotado del mismo carácter calmado y dialogante que Clinton, su probable sucesor se diferencia de ella en un rasgo que algunos ven como una fortaleza y otros como una debilidad: una fe ciega en los beneficios de conversar con los regímenes menos afines a Estados Unidos.“John Kerry parece convencional, pero está preparado para hacer cosas bastante poco convencionales”, señaló recientemente el articulista del Washington Post, David Ignatius.“Es un defensor de hablar con los adversarios, ha hablado de la necesidad de conversar con Irán, e incluso de mandar mensajes a Hamas sobre la posibilidad de mejorar las relaciones”, aseguró.Clinton, en cambio, es más “escéptica” en cuanto al diálogo con los antagonistas y estuvo a favor de acciones como el aumento de tropas en Afganistán en 2010, algo que Kerry tachó de “insostenible” un año más tarde.PosturaEn su audiencia de confirmación ante el Senado, Kerry defendió rotundamente a su predecesora, criticada por algunos senadores republicanos por su gestión del ataque al consulado deEstados Unidos en Bengasi, Libia en septiembre de 2012.“Si están intentando encontrar una diferencia entre la secretaria Clinton y yo, eso no va a pasar hoy ni en este tema”, aseguró el senador.“Ella ha dejado el listón muy alto con su dirección del Departamento de Estado. Haré todo lo que esté en mi poder, utilizaré toda mi energía y toda mi concentración para seguir con su historial”, afirmó.En efecto, Clinton abandona el Departamento de Estado con una popularidad que oscila entre el 60 y el 70% en las últimas encuestas de opinión, y el comentario que más se repite en Washington es el de que Kerry lo tendrá difícil para llegar a su altura como diplomática incansable y carismática.Se rumorea que la propia Hillary Clinton prefería a John Kerry para sustituirla en el cargo, por encima de la embajadora de las Naciones Unidas, Susan Rice, considerada la favorita de Obama pero acribillada por los republicanos del Congreso debido a unos comentarios sobre Bengasi.Misma líneaComo Kerry, Clinton nunca ha pertenecido al círculo cercano de Obama, lo que la ha convertido en ejecutora de políticas que en su mayoría se trazaban desde la Casa Blanca, con el importante matiz que les confería el carisma y la popularidad de la ex primera dama.En ese sentido, es poco probable que la sustancia de la política exterior estadounidense cambie con Kerry en el Departamento de Estado, que ganará la experiencia de un senador que ha tratado con asuntos internacionales desde hace tres décadas.Quienes conocen a Kerry recuerdan su gusto por las conversaciones largas y profundas, especialmente con líderes mundiales.Esa disposición le ha llevado a entablar relaciones valiosas en todo el mundo, y muchos en el Departamento de Estado creen que ese estilo de diplomacia “cara a cara” será ventajoso.Si Kerry se crece en los diálogos con figuras de poder, Clinton ha tratado de poner énfasis en los contactos con ciudadanos de a pie de todos los países, reuniéndose con representantes de la sociedad civil en todos sus viajes al extranjero.Según Dennis Ross, que fue enviado de Estados Unidos para Oriente Medio en los primeros años del mandato de Obama, ese rasgo ha sido “toda una marca de la gestión” de Clinton, y dejará un “impacto” considerable en su legado, declaró al Washington Post.En comparación con Hillary Clinton, y recordando su importante fortuna, muchos estadounidenses ven aún a Kerry como una figura elitista y distante, los mismos rasgos que el expresidente George W. Bush le achacaba en la campaña presidencial de 2004.Sea como sea, el senador de (69) ha logrado un respaldo sin fisuras del Senado, que parece decidido a confirmarle para un puesto en el Gobierno, algo que desea desde hace una década.

Dotado del mismo carácter calmado y dialogante que Clinton, su probable sucesor se diferencia de ella en un rasgo que algunos ven como una fortaleza y otros como una debilidad: una fe ciega en los beneficios de conversar con los regímenes menos afines a Estados Unidos.

“John Kerry parece convencional, pero está preparado para hacer cosas bastante poco convencionales”, señaló recientemente el articulista del Washington Post, David Ignatius.

“Es un defensor de hablar con los adversarios, ha hablado de la necesidad de conversar con Irán, e incluso de mandar mensajes a Hamas sobre la posibilidad de mejorar las relaciones”, aseguró.

Clinton, en cambio, es más “escéptica” en cuanto al diálogo con los antagonistas y estuvo a favor de acciones como el aumento de tropas en Afganistán en 2010, algo que Kerry tachó de “insostenible” un año más tarde.

Postura

En su audiencia de confirmación ante el Senado, Kerry defendió rotundamente a su predecesora, criticada por algunos senadores republicanos por su gestión del ataque al consulado de

Estados Unidos en Bengasi, Libia en septiembre de 2012.

“Si están intentando encontrar una diferencia entre la secretaria Clinton y yo, eso no va a pasar hoy ni en este tema”, aseguró el senador.

“Ella ha dejado el listón muy alto con su dirección del Departamento de Estado. Haré todo lo que esté en mi poder, utilizaré toda mi energía y toda mi concentración para seguir con su historial”, afirmó.

En efecto, Clinton abandona el Departamento de Estado con una popularidad que oscila entre el 60 y el 70% en las últimas encuestas de opinión, y el comentario que más se repite en Washington es el de que Kerry lo tendrá difícil para llegar a su altura como diplomática incansable y carismática.

Se rumorea que la propia Hillary Clinton prefería a John Kerry para sustituirla en el cargo, por encima de la embajadora de las Naciones Unidas, Susan Rice, considerada la favorita de Obama pero acribillada por los republicanos del Congreso debido a unos comentarios sobre Bengasi.

Misma línea

Como Kerry, Clinton nunca ha pertenecido al círculo cercano de Obama, lo que la ha convertido en ejecutora de políticas que en su mayoría se trazaban desde la Casa Blanca, con el importante matiz que les confería el carisma y la popularidad de la ex primera dama.

En ese sentido, es poco probable que la sustancia de la política exterior estadounidense cambie con Kerry en el Departamento de Estado, que ganará la experiencia de un senador que ha tratado con asuntos internacionales desde hace tres décadas.

Quienes conocen a Kerry recuerdan su gusto por las conversaciones largas y profundas, especialmente con líderes mundiales.

Esa disposición le ha llevado a entablar relaciones valiosas en todo el mundo, y muchos en el Departamento de Estado creen que ese estilo de diplomacia “cara a cara” será ventajoso.

Si Kerry se crece en los diálogos con figuras de poder, Clinton ha tratado de poner énfasis en los contactos con ciudadanos de a pie de todos los países, reuniéndose con representantes de la sociedad civil en todos sus viajes al extranjero.

Según Dennis Ross, que fue enviado de Estados Unidos para Oriente Medio en los primeros años del mandato de Obama, ese rasgo ha sido “toda una marca de la gestión” de Clinton, y dejará un “impacto” considerable en su legado, declaró al Washington Post.

En comparación con Hillary Clinton, y recordando su importante fortuna, muchos estadounidenses ven aún a Kerry como una figura elitista y distante, los mismos rasgos que el expresidente George W. Bush le achacaba en la campaña presidencial de 2004.

Sea como sea, el senador de (69) ha logrado un respaldo sin fisuras del Senado, que parece decidido a confirmarle para un puesto en el Gobierno, algo que desea desde hace una década.

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