Sucesos
Jueves 16 de febrero de 2012

Honduras: Las llamas devoraron cuerpos de los reclusos

11:37 am  - Liliam Mejía: liliam.mejia@laprensa.hn

Los sobrevivientes relatan cómo sus compañeros se convirtieron en antorchas humanas por las llamas.

Comayagua,

Honduras

Cada uno a su manera cuenta la historia salpicada de dolor, consternación y asombro. Todavía no saben cómo se salvaron, todos coinciden en que un milagro los tiene de pie, aunque fracturados y con lesiones causadas por el fuego.

Permanecían recluidos en el presidio de Comayagua por tráfico de droga, asesinato, robo y otros delitos, pero se salvaron de morir con sus compañeros de celda que quedaron calcinados entre los escombros de las celdas de la cárcel en la tragedia más grande de la historia de Honduras que deja más de 300 internos muertos.

Algunos están quemados, fracturados y lesionados; todos aseguran que vivieron un infierno, pero están vivos y agradecidos con Dios por darles una oportunidad.

Las camas del hospital regional Santa Teresa son fieles testigos de los testimonios; fueron ocupadas ayer por varios reos que lograron salir con vida de las llamas que cubrieron las celdas donde se encontraban durmiendo.

A eso de las once de la noche del martes ingresaron 24 pacientes al centro asistencial y, de estos, nueve fueron trasladados al Hospital Escuela, tres de ellos graves. Los otros 15 fueron atendidos en el Santa Teresa, cinco se despacharon ambulatoriamente con contusiones leves y traumas simples y los otros diez se quedaron para ser intervenidos en sala de operaciones.

Dinora Mayes, directora del hospital, informó que en su necesidad de salir de las instalaciones de la granja penal muchos se fracturaron piernas, brazos y la columna, además de las quemaduras. “Están fuera de peligro –los que quedaron en el hospital-. Eso fue inesperado, sorpresivo, y no estamos preparados para esta tragedia. En una situación de emergencia no contamos con el personal necesario”.

Mayes señaló que les solicitó seguridad a la Policía Nacional y a la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo para que resguarden a los pacientes y al personal del hospital.

“Tememos por la seguridad de los pacientes”, dijo.

“No quería quemarme; luché por salvar mi vida”: Manuel Sevilla Rosales

 “Había llamas por todas partes. Solo le pedía a Dios que salvara mi vida”, relató Víctor Manuel Sevilla Rosales, 29, originario de Olancho.

Todos coinciden en que ya estaban acostados y Sevilla dice que eran como las 10.30 de la noche del martes y estaba dormido cuando un compañero de cama los despertó para alertar de lo que estaba ocurriendo.

“Miré que el hogar siete estaba agarrando fuego. Yo estaba en frente, en el cuatro, y lo que hicimos fue que rompimos el techo para salir porque la gente se estaba quemando”, manifestó Sevilla.

En medio de su consternación, dolor indignación e impotencia, pero sin dejar de agradecerle a Dios por estar con vida, manifiesta que está acusado por asesinato, delito por el que lleva doce años en prisión.

El sobreviviente dice que, para salvarse, con otros reos empezaron a romper el techo con lo que tenían a mano y cuando lo lograron comenzaron a lanzarse con el único objetivo de salvarse. 

“No quería quemarme. Luché por salvar mi vida y cuando me tiré me quebré. Dos chavos me llevaron a la guardia. Ahí estaban todos los quemados y quebrados”.

Las fracturas parecen no dolerle al recordar a sus compañeros muertos.

Sevilla fue trasladado al hospital de la localidad, donde se recupera de la lesión de tobillo producida por la caída del techo.

“Salí loco y prendido en llamas pidiendo auxilio”: José Enrique Guevara

 “Estaba en la cama cuando gritaron fuego, escuché gritos y cuando me desperté todo mundo estaba achicharrado. Había mucho humo y no se miraba nada, pero se sentía el olor a carne quemada”.

El testimonio es desgarrador y no se cansa de darle gracias a Dios. José Enrique Guevara es uno de los dos internos que sobrevivieron en la bartolina 104. A sus 33 años le agradece a Dios a cada instante porque asegura que su vida fue guardada por un milagro.

Lleva cinco años de estar recluido, acusado del delito de robo.

Las llamas le alcanzaron la espalda y el brazo y además se fracturó el pie izquierdo. Hasta  quedó ronco de pedir una y otra vez “auxilio”. “Fue triste, muy triste. No había nadie vivo, solo nosotros. Otro reo fue trasladado a Tegucigalpa.

Estábamos en la esquina del portoncito, agachados y gritando y me acordé de mi hija. Entonces dije ‘en el nombre de Dios’ porque ya solo estaba esperando achicharrarme. En ese momento apareció otro reo al que llaman el ‘Chaparro’.

Agarró un banco y reventó el candado. Salí prendido en llamas de la camisa, como loco. Escuchaba los alaridos de la gente. Afuera estaba caliente, parecía un horno. Un muchacho me llevó en el lomo a la guardia y después me llevaron al hospital”. Lamenta que en el siniestro muriera su hermano Mario Guevara, 41 , que apenas tenía dos meses de estar recluido. Tenía problemas en una rodilla y no podía caminar.

“Empezamos a sentir tufo a carne quemada en todo el penal”: Lorenzo García

 El ambiente comenzó a impregnarse de olor a carne quemada. José Lorenzo García, 51, jamás imaginó que viviría la mayor pesadilla de su vida. Estaba en la bartolina tres, acostado y dormido, al igual que la mayoría.

Escuchó que se estaba quemando la bartolina seis, miró las grandes llamas y empezó a sentir  el gran tufo a carne quemada.

García está en prisión desde hace dos años y es originario de Siguatepeque. 

Resultó con los pies quebrados al tirarse del muro para salvarse de las llamas que consumían las celdas. Sus quemaduras son leves. 

“Ya no aguantábamos. Nos abrieron las bartolinas y salimos. Algunas no se lograron abrir porque ya estaba todo incendiado. Ahora no puedo caminar. Me fracturé los dos pies”, dice mientras su rostro refleja el dolor de sus fracturas.

Ayer, García sería sentenciado el mismo día que ocurrió el incendio, pero fue suspendido el juicio. Guarda prisión por tráfico de droga, pero asegura que fue una trampa y que es inocente.

“Los que murieron en esas celdas son como mis parientes. Me siento mal, como que fue mi familia la que murió. Da pesar lo que sucedió. Lo lamento porque todos éramos compañeros”.

Relató que cuando iban saliendo la bartolina seis estaba en llamas y había dos en la puerta gritando.

 “Me metí debajo de los demás para no quemarme”: Oscar Javier Enríquez

  Llamó a su mamá desde la cama del hospital regional Santa Teresa para decirle que estaba vivo. Al cortar la llamada lloró porque todavía no se explica cómo está aún con vida y lo atribuye a un milagro.

Óscar Javier Enríquez, 27, es otro de los sobrevivientes de la tragedia del penal de Comayagua. Con el rostro bañado en lágrimas y sollozando relató los minutos de aflicción que vivió mientras luchaba por librarse de las llamas que abrazaban el hogar 10. Los colchones estaban prendidos en llamas.

“Al escuchar los gritos de los demás me desperté, abrí la cortina y miré que estaban las llamas en las demás bartolinas. Me tiré de la cama y busqué el portón”, expresó Enríquez. Él paga su pena acusado de asesinato y lleva ya 9 años preso.

“Me metí abajo de los demás para no quemarme, pero los que estaban encima de mí sí sufrieron”, recuerda.

Siente escalofríos cuando recuerda los gritos, lamentos y pedidos de auxilio de sus compañeros, unos prendidos en llamas y otros buscando salvarse.

“Le doy gracias a Dios por permitirme estar con vida. Creí que iba a morir. Miré cómo los demás compañeros pedían auxilio. Pero cómo les ayudaba si estaba tratando de salvar mi propia vida. Fue un infierno que no quiero ni recordar”.

“Se escuchaba el dolor y la agonía de los compañeros”: José León

 Mientras dormía, a eso de las 11.10 de la noche, José León, que guardaba prisión en el módulo 5, empezó a escuchar gritos desgarradores.

Entre dormido y despierto escuchaba a lo lejos que decían ‘¡auxilio! ¡Ábrannos las puertas!’.

“Los compañeros que se quedaron viendo la televisión nos levantaron a todos y repetían: Fuego, fuego; nos quemamos”, recordó.

Como estaban cerca del módulo 6, el primero que consumieron las llamas, las aproximadamente 50 personas que había dentro se llenaron de temor y terror.

En su desesperación por salir, unos reos tomaron el primer objeto que encontraron para despegar las láminas y salir por el techo. Muchos lograron sobrevivir así y sufrieron fracturas en las extremidades por la caída desde el techo de las bartolinas.

“Se escuchaba el dolor y la agonía de los compañeros que eran devorados por las llamas”, dijo al justificar por qué, con una docena de reos más, desprendieron las vigas de madera para crear un lugar de escape.

“Todos saltamos y algunos hasta se fracturaron, pero era lo único que podíamos hacer para salvar nuestra vida y no ser atrapados en ese infierno”. León confirmó que en el hogar seis comenzó el siniestro. León y muchos sobrevivientes le dan gracias a Dios por la nueva oportunidad de vivir y arrepentirse.

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Vía Pública

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