Dolor, llanto e indignación en adiós a familia asesinada
02:40 am - Xiomara Orellana: xiomara.orellana@laprensa.hnAyer fueron sepultados los cuerpos de la familia Hernández en Las Vegas.
Honduras
Los rostros de familiares, amigos y pobladores de las aldeas El Palmar y San José de los Andes de este municipio evidenciaban el dolor ante la tragedia que cobró la vida de seis miembros de la familia Hernández.
Desde que los seis féretros llegaron a bordo de un camión que la municipalidad de Las Vegas proporcionó para su traslado desde San Pedro Sula a la aldea San José de Los Andes, toda la comunidad acompañó en el velatorio y entierro de las víctimas de la masacre que ha conmovido a todo el país.
¿Por qué? gritaban entre sollozos los hermanos, primos y parientes en medio del velatorio.
Nadie lograba entender como Henry Geovanni Cruz y su primo Juan Antonio Argueta, se ensañaron de una forma tan cruel contra seres inocentes. El único consuelo que tienen es que las autoridades hagan justicia.
La tragedia les ha marcado, los pobladores jamás olvidarán las escenas donde fueron torturados, ahorcados y degollados la señora Gloria Arminda Hernández Rodríguez, sus hijos Sulmi Yesseni, 8; Alexander, 20 y Marco Tulio, 22, todos de apellidos Bardales Hernández. También fueron asesinados el hermano y sobrino de doña Gloria, Salomón Hernández Rodríguez y José Nehemías Hernández, 12.
Ayer fue su despedida enmedio de la lluvia y frío, pero el recuerdo queda de seres que se caracterizaron por su humildad y espíritu de colaboración.
Seis mesas fueron ubicadas en el salón comunal de San José de Los Andes donde fueron colocados los féretros.
Los vehículos llegaban cargados de hombres, mujeres y niños que desde aldeas remotas llegaban a acompañar a Wendy y Gilberto los únicos dos hijos que sobreviven a doña Gloria Arminda,
Las oraciones estuvieron presentes, el miércoles en la noche monseñor Rómulo Emiliani ofreció una misa por el alma de los seis fallecidos y acompañó a la familia toda la noche.
Ayer antes del sepelio se ofició un culto por un pastor de la iglesia Adventista y la reflexión del párroco Carlos Samillan, quienes dieron fortaleza a la familia que en medio de su dolor buscaban consuelo.
“Es un momento de prueba, pero también de mantener la fe y preocuparnos por los que quedamos en este mundo. Ellos descansan, están con Dios y ahora debemos seguir el ejemplo de los que se fueron que en medio de sus imperfecciones nos mostraron la bondad de sus corazones”, dijo el religioso.
Ayer a las 12 del mediodía los seis ataúdes fueron sacados desde el centro comunal hacia el cementerio general. Seis vehículos transportaron los féretros entre los gritos de dolor de los familiares de las víctimas.
Las flores blancas que los vecinos y amigos depositaron en sus tumbas eran el homenaje que hacían a las seis víctimas de manos asesinas.
Todos lloraban, la impotencia se apoderaba de todos y ante la sed de justicia pedían a Dios fortaleza y la justicia divina para entender una tragedia que les marcó la vida.
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