Vulnerables
06:27 pm - :Bastaron unas horas de lluvias, algunas de gran intensidad y otras de persistente aguacero, para dejar al desnudo la vulnerabilidad de la población, vías de comunicación y terrenos de cultivo en el Valle de Sula. Es otro capítulo, sin duda, de la exposición sin defensa ante los fenómenos naturales que, aunque no sean de grave intensidad, golpean duramente.
Han transcurrido casi tres lustros del paso del huracán Mitch y pese a las advertencias y a las evidencias, casi nada han hecho los municipios del valle para reparar los daños en las cuencas de los ríos y en las montañosas desde donde se precipitan correntadas arrastrando cuanto hallan a su paso, pues ha sido eliminado el amortiguamiento en la caída al arrasar los bosques para extraer la madera o para ampliar las tierras destinadas a la agricultura.
Si esto ocurre en la cordillera que limita el valle con la zona costera del Caribe, qué no se podrá esperar de la expansión urbana desordenada y acelerada dando paso a colonias sin la infraestructura elemental de alcantarillado para aguas negras y lluvia. Cuatro gotas y se inician los problemas para miles de personas que se han ido asentando en los sectores bajos de la ciudad hacia donde han de desembocar, por ley de la naturaleza, las aguas que se precipitan desde la montaña y los barrios altos.
Si a ello sumamos la gran cantidad de colonias nuevas con muros perimetrales sobre los cauces naturales para el agua, tendremos una visión real y más exacta no sólo del daño no reparado, sino del que diariamente estamos infringiendo al ambiente con consecuencias funestas.
En el valle se ha estado jugando, durante décadas, a mover y amontonar tierra en las orillas de los dos grandes ríos que cruzan las fértiles tierras antes de desembocar en el Caribe. Hasta ayer, al no haber lluvias copiosas en el interior, sus cauces no representaban peligro; los daños fueron ocasionados por las vertientes, de corto, pero rápido recorrido, que se precipitaron de El Merendón.
En la capital industrial, los gobiernos locales han jugado a “obritas”, como si la ciudad fuese una aldea de 200 habitantes. Se tira cemento y se esparce el asfalto, sin utilizar los tres ríos, Río Piedra, Bermejo y Blanco, como cauces naturales para depositar las aguas y evitar que bulevares y calles sean anegadas por las corrientes, como sucedió el miércoles.
Se hacen millonarios estudios de colectores de aguas de lluvia que apenas resisten la jornada de inauguración. Ya es hora de enfrentar este problema, pues lo ocurrido es la muestra más cercana y evidente de que San Pedro Sula no está preparada para un fenómeno natural medio, no digamos para una tormenta tropical o para un gran huracán en el peor de los casos.
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