Mirada a futuro
07:06 pm - :El intenso y poco inteligente silencio oficial del gobierno venezolano solo roto por lacónicas expresiones o virulentos ataques, quedó en evidencia el martes en la mañana durante el discurso del vicepresidente Nicolás Maduro, cuyas palabras fueron interpretadas como una muy sentida elegía al comandante.
Dos años en lucha contra la enfermedad, paso a paso intuida ante la ausencia total de información, muestran la fortaleza del caudillo sudamericano que no deja a nadie indiferente: llanto y alegría; aplausos o repudio. Un océano de sentimientos encontrados sobre los que caminará Venezuela en los próximos meses o quizás en las cercanas generaciones.
Tras el impacto de la noticia no aminorado por el esperado hecho, la pregunta mira hacia el futuro, hacia la historia del pueblo venezolano que durante estos últimos años estuvo marcada exclusivamente por el fuerte y atractivo carisma de Hugo Chávez, por la disponibilidad de recursos provenientes del petróleo, por la retórica populista que llegaba al corazón de las masas frustradas con la corrupción masiva de administraciones pasadas y por el triunfo en elecciones, en la mayoría de las cuales se enfrentó a una oposición débil y fragmentada.
El régimen unipersonal con poder en las instituciones enfrentará la primera prueba todavía con el peso, el sentimiento y la atracción del caudillo que trazó la ruta e identificó al nuevo líder para la travesía en la que ya aparecen indicios de fragmentación por la responsabilidad del sucesor heredero y dirigente identificado en la constitución hasta la celebración de elecciones y la toma de posesión del próximo presidente.
La clave está en la jerarquía militar que acuerpa al vicepresidente con el despliegue masivo de efectivos en las principales ciudades. Mayor efectividad, sin embargo, logran los milicianos chavistas, cuyo control se extiende por colonias, barrios y vecindarios.
Fuera de Venezuela, el fallecimiento de Chávez deja desamparados al régimen de los hermanos Castro, privilegiados con el petróleo venezolano, pues la admiración y solidaridad profesada por otros gobiernos no suplirán el compromiso solidario y efectivo de Caracas. Otros gobiernos del hemisferio resentirán también la ausencia del reconocido y aceptado líder del socialismo latinoamericano. Desde un país cercano alguien intenta ya ser émulo, pero le viene grande la cubayera.
La historia, no los discursos, el llanto o los gritos, ubicará a Chávez en su justo lugar. El desafío sigue ahí para su sucesor: la violencia en las ciudades, la inflación con elevado costo en los productos básicos, el desequilibrio social, la dependencia del petróleo, la economía tambaleante y la confrotación social, producto del discurso populista maniqueo, calificando a los venezolanos de buenos y malos; amigos y enemigos; leales y traidores. No hace falta explicación para entender a quienes aplican unos y otros.
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