Vendió la guitarra
06:49 pmLa balanza dentro del Partido Nacional se inclinó definitivamente a favor del presidente del Congreso Nacional, Juan Orlando Hernández, al haber ganado las elecciones internas de noviembre anterior y ahora -escogido el domingo en la convención nacional- como presidente del Comité Central de ese instituto político.
El único e infeliz perdedor fue Ricardo Álvarez, quien después de denunciar insistentemente el fraude en los comicios y pedir el reconteo de votos “uno por uno”, sorpresivamente dio un golpe de timón, y una bofetada a sus seguidores, al subirse al barco de Hernández sin un ápice de integridad y vergüenza.
Así son nuestros políticos: calculadores, inseguros, insustanciales, mentirosos y fáciles de mudar la camisa cuando mejor les conviene. Son como los monos que no sueltan la rama mientras no tienen agarrada la siguiente. ¿Qué impulsó a Álvarez a cambiar su posición inicial? Y, quizá lo más importante, ¿qué le ofrecieron para trocar su denuncia y unirse al contendor? El alcalde capitalino pidió disculpas a sus simpatizantes por liar los bártulos, pero no fue suficiente. Bastó una reunión de dirigentes de base de su movimiento Salvemos Honduras en Pespire, Choluteca, en que no estuvieron todos, para tomarse de la mano de Juan Orlando en la convención y levantarla sonriente, como diciendo borrón y cuenta nueva.
¿Quién me puede asegurar que esa cita no fue promovida por el mismo Álvarez como pretexto? No fue, como justificó públicamente por temor a la oposición liberal, que está más parchada que pantalón de pobre, o por “amor al Partido Nacional”, sino que actuó respondiendo a una ambición personal y allá sus partidarios que se las arreglen como puedan.
Si la Corte Suprema de Justicia rechazó su recurso de revisión, pudo recurrir a tribunales internacionales con las pruebas para reivindicarse y no lo hizo; más bien se agazapó a la espera de los futuros ofrecimientos que desembocaron el domingo anterior en la convención celebrada en Tegucigalpa. En realidad, creo que ni el mismo Álvarez calculó los efectos posteriores al solicitar contar los votos uno por uno porque hubiera sido un proceso lento, poco confiable y de imprevisibles consecuencias. Así que eso fue otra tomadura de pelo, una débil justificación.
Ahora el garrote de la piñata está en manos de Hernández y sus partidarios, quienes seguramente no darán ningún espacio a cargos de elección popular a los que se sumaron al obsequioso líder político.
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