OPINIÓN Columnas
Domingo 12 de febrero de 2012

Querido Facebook... Necesito empleo

07:19 pm
Por: Otto Martín Wolf

Una amiga que vive en Costa Rica,  graduada no hace más de tres años como médico general, ha tenido alguna dificultad para encontrar un trabajo.

Alguien le sugirió que abriera una página en Facebook solicitando empleo, sabiendo la importancia que cada día tienen las redes sociales.

Con un poco de timidez publicó su primer anuncio: “Recién graduada como doctora en medicina general, solicito empleo, salario negociable”.

Al cabo de unos días sin ofertas, sus  amigos le recomendaron que ampliara las opciones, así que agregó:

“Puedo también trabajar como enfermera o ayudante de laboratorio”.

Nada, así que el paso siguiente fue: “Se cuidan enfermos, ancianos o niños y ayudo en el aseo de la casa, en la cocina, lavo y plancho ropa”.

Ante un nuevo fracaso, los amigos por su cuenta empezaron a postear  más  ofertas en su página: “Se bañan y pasean perritos (y perros grandes), se cuidan animales domésticos”. Nada otra vez,  así que: “Se hacen velos de novia, se forran hebillas y botones, se hacen trabajos en mecanografía, se descifra la letra de médicos en recetas, se riegan plantas y se pintan macetas”.

Conforme pasaban los días, con desesperación aumentó los posibles servicios: “Se lavan y pastean carros, se enseña a andar en bicicleta (el cliente tiene que proveerla), se llevan menores al cine y a piñatas (no más de ocho niños cada vez porfa), se dan clases de canto y guitarra, se limpian ventanas por dentro y por fuera, se hacen rótulos en computadora, se cocinan paellas, se hacen pupusas, se llora en velorios”.

La efectividad de la red social o la necesidad de sus variados servicios era puesta a prueba cada día que pasaba, por lo que, sin perder la esperanza, continuó aceptando todo lo que sus amigos ponían en su página.

“Se vende mondongo los domingos (pensándolo bien cualquier día de la semana), se hacen baleadas a domicilio, se escriben cartas de amor, se desbloquean celulares, se ponen uñas acrílicas, se cortan callos (con mucho cuidado), se hacen sellos de hule, se escucha y aplaude a todos los que crean que pueden cantar (aunque canten horrible), se dan clases de repostería y de sushi, se hacen traducciones, se venden nacatamales”.

Nada, nadie respondía a sus ofertas o, mejor dicho, a sus solicitudes de empleo, que ya para entonces eran aumentadas no solo por amigos sino  también por desconocidos.

“Se hacen piñatas, flores artificiales y tarjetas de invitación a mano, se calibran llantas, se compran baterías de auto usadas, se corta césped (el cliente tiene que proveer el machete) cursos prácticos de recitación, danza árabe, instrucciones para leer el futuro en las manos y el Tarot, terapia para dejar de fumar, recetas caseras para curar la gripe y el mal de ojo, se hacen masajes para quitar empachos, medicina alternativa para combatir el mal aliento.

Hasta este momento nadie ha solicitado ni siquiera uno de sus amplios y variados servicios, pero ella no ceja en su empeño de obtener un empleo decente.

Las más recientes ofertas  se van haciendo más increíbles según pasa el tiempo, por lo menos a mí me suena así cuando leo en su página: “asisto a manifestaciones políticas, usted sólo tiene que darme la bandera, el almuerzo y la camiseta”.

Seguiré informando.

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