¿Madre soltera?
06:16 pmEn un examen de Español General que les apliqué a unos alumnos de una universidad de esas de garaje supe que de veinte estudiantes, apenas seis habían aprobado, el resto aplazó. O mis discípulos eran tontos, mentecatos, abúlicos, o yo era un pésimo profesor. Lo que sí puedo asegurar es que esos jóvenes no “decepcionaron la prueba”, simplemente la reprobaron. Pero hace unos meses me tocó corregir una nota y encontré esta afirmación: “Hubo 150 miembros de Policía Nacional que decepcionaron la prueba del polígrafo” (una construcción pésima por cierto). Jamás comprendí por qué en ese texto hablaban de “decepcionar”. Decepcionar es desilusionar (nos decepciona estar sin trabajo). En consecuencia, estos miembros de la Policía Nacional tal vez se decepcionaron por los malos resultados que obtuvieron en el detector de mentiras; no obstante, lo práctico es pensar que ellos no respondieron bien o que “reprobaron o fracasaron” y ya.
Siempre hemos planteado que el género masculino es incluyente y que el femenino es excluyente. Si en verdad se quisiera marcar diferencia entre ambos “géneros”, la cosa resultaría tediosa; veamos: “Los profesores y profesoras tendrán que ir muy animados y animadas a las aulas escolares a partir del primero de febrero. Atenderán a todos los niños y niñas matriculados y matriculadas en sus instituciones.
El primer día de labores, los alumnos y alumnas llegarán uniformados y uniformadas, bien aseados y aseadas. Ese mismo día los directores y directoras de los centros de estudio formarán las sociedades de padres y madres de familia en las que los presidentes y presidentas trabajarán en conjunto con los tesoreros y tesoreras, con los secretarios y secretarias de cada sociedad”. Sí que resulta cansino tal texto. Pero los mismos docentes resultan tan aburridos en sus programas radiales, que son los primeros en cometer semejante despropósito: “La directiva del colegio avisa a los profesores y profesoras “a nivel nacional” que estén “atentos” de los llamados que les hace cada seccional”. En el primer caso, qué cuesta expresar: “Los profesoras tendrán que ir muy animados a las aulas escolares a partir del primero de febrero. Atenderán a todos los niños matriculados en sus instituciones. El primer día de labores, los alumnos llegarán uniformados y bien aseados. Ese mismo día, los directores de los centros de estudio formarán las sociedades de padres de familia y los presidentes trabajarán en conjunto con los tesoreros y con los secretarios de cada sociedad”.
No es común escuchar hablar de “padre soltero”, pero sí de “madre soltera”. No hay ningún problema con lo de “madre soltera” cuando se hace imprescindible -acaso por asuntos legales o de trámite- tal calificativo; pero qué diablos aporta eso al sustantivo “madre” en el habla común: nada. Parece que nos deleitáramos cuando una famosa aparece como “madre soltera” como si eso fuera un pecado capital o un elemento de valor agregado para vender la imagen de una dama importante, por ejemplo, una lideresa política, una actriz, una deportista. Tiremos el machismo a la basura: Madre es madre y ya.
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