¿Es malo buscar la perfección?
06:46 pmIndiscutiblemente, la excelencia es sinónimo de calidad. Y no cualquier calidad, sino aquella cuyo margen de error es cero. Cuando el nivel de defección y de desperdicio en aquellos componentes que a diario se entrelazan en la consecución de nuestras actividades (la mano de obra, la materia prima, el tiempo, el apetito interno) logran el cero (o consiguen acercarse mucho a él), podemos apuntar que la excelencia se ha hecho presente. Esto, como es de vislumbrarse, apunta hacia la perfección; la cual no es mala si se cuenta con el correcto entendimiento de la palabra.
¿Qué queremos decir con esto? Que la persona debe tratar de utilizar el valor de la perfección como un ideal para esmerarse a lo sumo, poner el máximo esfuerzo y dedicación, aprovechar de la mejor forma el tiempo, y hasta asignarle una cuota de amor a lo que está haciendo; todo sin olvidarse en ningún momento de la humildad, que es la que ayudará a que la persona pueda estar segura que no está cayendo en un exceso que le prive de obtener el mejor rendimiento de la excelencia o le impida producir un mejor efecto de ella.
Pero, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de exceso? Pues hacemos referencia, ni más ni menos, que al “perfeccionismo”.
Algo que debemos entender y siempre recordar es que el valor de la perfección no es, de ningún modo, sinónimo de perfeccionismo. Perfeccionar, según el diccionario, es acabar una obra de forma completa, dándole el mayor grado posible de bondad. Mientras que el perfeccionismo es una tendencia a mejorar indefinidamente un trabajo sin decidirse a considerarlo acabado. He allí el exceso y el peligro que debemos soslayar con nuestro correcto entendimiento de estas palabras.
Ahora bien, todo esto nos sirve para definir el perfil correcto de la persona que es excelente y que está entendiendo bien el ideal de la perfección. Pero si queremos verlo más a detalle, el autor Manuel Chinchilla nos echa una mano mencionando en su obra, Compromiso con valores, que una persona está procediendo excelentemente cuando “siente un fuertísimo compromiso por la calidad de su persona; es puntual en todas sus citas y compromisos y respeta su tiempo; está comprometido con sólidos valores morales como la honestidad y la honradez; ama la verdad por la verdad misma; su libertad descansa en la responsabilidad; es eficaz y siempre hace lo que debe; es consciente de la mejora continua; valora los recursos que le confían; su credibilidad es sólida; se da a entender; posee una fuerte espiritualidad; respeta los derechos humanos y utiliza el perdón para sanar heridas, y para conciliarse con todos”.
Impliquémonos, pues, con este valor y luchemos por incorporarlo en todas las áreas de nuestra vida y a todo aquello que estemos haciendo, tomando en cuenta que «la excelencia no tiene límites de velocidad, y para eso se requiere de libertad… La libertad se considera como el centro de la vida humana y al utilizarla adecuadamente, equivale a perfeccionar tu calidad de vida» (María Eugenia Hassan).
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