Prostitución a la vista de todos en el parque de San Pedro Sula
08:28 am - Redacción: redaccion@laprensa.hnLas bombas que dan vida a las fuentes de agua se dañaron hace un año.
Honduras
La mujer en falda corta y blusa escotada le lanza un beso a un hombre de unos 40 años, luego le levanta la ceja y sigue el coqueteo.
El hombre la mira serio, pero ella insiste: ¡Venite, vamos!, lo invita, pero no tiene suerte. El cuarentón que permanece sentado en una jardinera del parque central le dice secamente que no, “porque hace mucho calor”.
El parque central Luis Alonso Baraona fue remodelado e inaugurado en enero de 2002, un siglo después de que se construyera cuando la Municipalidad era presidida por Máximo Rivera.
Sonriente, como si nada, la mujer sigue paseando por todo el parque , sus sandalias se quedan atrapadas entre los ladrillos sueltos del piso. Son las 10:30 de la mañana y la muchacha de 26 años se une a un grupo de mujeres que se dedican a lo mismo que ella: la prostitución.
Su conversación se centra en que ha sido un día malo porque no han conseguido clientes. “Está difícil”, dicen.
Las ventas de perros calientes y pasteles despiden un olor agradable que invita a los peatones a degustarlos, no hay control en las ventas que hay en el parque; pero esa aroma desaparece en algunas ocasiones por la fetidez de los orines de personas que no usan los baños públicos y, lo peor, las lluvias rebalsaron una alcantarilla y la pestilencia hasta marea.
Un fotógrafo de los que utilizan el parque como su fotoestudio dice que el problema es que los sanitarios públicos los abren cuando quieren, el sábado y domingo están cerrados.
“La gente se hace donde puede porque no tienen a donde ir”, dice César Zelaya.
La arquitectura del palacio municipal, en su fachada frontal, de estilo clásico contemporáneo, es el telón de fondo de toda la composición paisajista del parque, así reza una de las descripciones de lugar que por años ha sido orgullo de los sampedranos pero que hoy se ha convertido en un mercado.
Las jardineras construidas con muros de piedra con 0.60 metros de altura sirven a los sampedranos para descansar.
Esos muros son testigo de muchas anécdotas y conversaciones de los sampedranos. Ayer la mayoría hablaba de política, crisis económica y uno que otro de los problemas de la ciudad.
También han sido testigos de marchas, plantones, manifestaciones y de las temibles brochas cargadas de pintura que han sido descargadas por Libre (Partido Libertad y Refundación) en una de las entradas principales del parque, la que da a la catedral.
Hoy la han bautizado con el nombre de Plaza La Libertad, está pintada de rojo y negro y decorada con grandes pancartas, la última que han colocado es la planilla de los diputados por el partido. Esa parte del parque se ha perdido y las autoridades no tratan de recuperarla.
En el otro extremo, poco a poco los árboles de polialta están quedando solos ante el poco mantenimiento que reciben las plantas de oreja de elefante, mano de león, monja blanca y alpinias sembradas en las jardineras que adornan el atrio, una plataforma de mármol adonde se constituyó un escudo de la ciudad.
“Sentarse acá es un riesgo”, dice Juana, una estudiante universitaria que asegura que los hombres las confunden con las trabajadoras del sexo que han convertido el sitio en su centro de trabajo.
Los policías municipales ya las identifican y hasta charlan con ellas. Uno se atreve a decir: “No podemos hacer nada porque ellas buscan los clientes acá, pero no hacen cosas inmorales acá, se van a otros lados” .
El parque ha perdido su encanto y hasta la plaza, que es un espacio de transición entre el atrio municipal y el quiosco comunicados por la fuente, están deteriorados.
Las bombas que dan vida a las fuentes están dañadas desde hace un año y nadie responde por ellas.
Los pocos empleados de mantenimiento se dedican a lavar a medias la fuente, en forma de Y que evoca el antiguo curso del río de Piedras por el centro de la ciudad.
Las dos cataratas que tendrían que funcionar en los extremos ya no sirven, pareciera que a las autoridades no les interesa embellecer el parque. “Este parque debe recuperarse”, dice muy apesarado el doctor Carlos Benaton.
El quiosco que se había recuperado como patrimonio cultural está deteriorado y hoy se ha convertido en un sitio de asaltos a personas.
El parque fue equipado con mobiliario importado que incluyó lámparas y farolas múltiples y decorativas para el quiosco, hoy no hay nada. Cuando se remodeló, el quiosco era uno de los puntos de mayor atracción, especialmente de noche, por lo iluminaba como una fuente de luz. Hoy nada de eso existe, está completamente a oscuras.
Recuperar el parque central, que costó más de diez millones de lempiras, no figura en ningún plan de los políticos, ni siquiera lo mencionan.
Cada día la historia en el sitio es similar, nada cambia. Los de mantenimiento del parque seguirán encontrando preservativos usados en las jardineras y las prostitutas seguirán buscando clientes mientras las autoridades se duermen en sus laureles.
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