Honduras
Fuimos uno solo, anoche en el Olímpico nadie era desconocido, todos éramos hermanos de corazón.
Las risas, los abrazos, aplausos, cánticos y hasta las bromas entre los aficionados convirtieron al coloso sampedrano en una verdadera fiesta futbolera en que sólo se escuchaban vivas para el equipo de todos.
Los catrachos no pararon de corear ¡Honduras!, ¡Honduras! durante los noventa minutos. Una gran afición que se merece todos los aplausos.
