Honduras
¿Qué pasaría si una rastra cargada con dinamita o ácido sulfúrico algún día se accidentara en su paso por San Pedro Sula? ¿Hay capacidad para atender una emergencia de este tipo? La respuesta es no y le explicamos por qué.
Estas preguntas, además de generar preocupación, desnudan una serie de amenazas y vulnerabilidades que rondan y pasan desapercibidas en el municipio.
El comisionado regional de Copeco, Carlos González, expuso que lastimosamente la ciudad es altamente vulnerable, tanto en invierno como en verano.
A las fragilidades que ya existían hay que sumar la recurrente actividad sísmica con la que también tendremos que aprender a convivir, expuso el funcionario.
Más inclemente
Las amenazas naturales son las que más han afectado a los sampedranos. La topografía inclinada de la ciudad y el colapso del sistema de drenajes hacen que ahora una simple tormenta se vuelva un verdadero peligro.
González señala que hace algunos años, el 70% de las precipitaciones se evacuaban por las tuberías subterráneas. Ahora los torrentes en ese mismo porcentaje se desplazan por la superficie de las calles convirtiéndolas en peligrosos y caudalosos ríos.
Un ejemplo de lo que las lluvias pueden hacer ahora ocurrió el pasado 27 de junio cuando la 13 calle se convirtió en un río que arrastró a una familia varias cuadras abajo. Dos niños fallecieron en ese trágico hecho que además dejó severos daños en la transitada arteria que aún sigue cerrada, recordó el funcionario. Pero los peligros no paran ahí. El agua que baja con mayor rapidez inmediatamente tiene anegadas zonas bajas y planas de la urbe.
Los sectores más afectados son la Rivera Hernández, Chamelecón, Satélite y Miguel Ángel Pavón.
En las comunidades de El Merendón tampoco están a salvo. Los derrumbes y el pésimo estado de las vías de acceso ponen a esos poblados en el mapa de riesgos de la ciudad.
Desproporciones
El colmo es que a la lista de contingencias identificadas hay que sumarle la debilidad de los organismos de socorro. En San Pedro sólo hay 160 bomberos cuando deberían haber como mínimo uno por cada 100 mil habitantes. La cifra mínima debería ser 900 apagafuegos, señala González al considerar sólo las 900 mil personas que habitan en la “Capital Industrial”, dejando de lado a la población flotante que ronda en las 400 mil personas.
Y si los bomberos son pocos, lo mismo pasa con los cuerpos de socorro como la Cruz Roja donde hacen lo que pueden con múltiples limitaciones. En verano las amenazas son en las montañas y cerros. Los incendios forestales, aunque este año no se salieron de control, ya han causado severas consecuencias.
Cargas tóxicas
Uno de los peligros más cotidianos anda sobre ruedas. Cada día pasan por la ciudad un promedio de 2 mil rastras cargadas con todo tipo de productos, desde agentes químicos altamente tóxicos hasta combustibles sumamente volátiles.
El empresario del transporte pesado, Edgardo Menéndez, reconoció que a diario decenas de rastras transportan cargas como cianuro, dinamita, soda cáustica y hasta ácido sulfúrico y ni los mismos conductores se enteran de lo que llevan. Lo que ha salvado al municipio de una tragedia es que la mayoría del equipo pesado es adecuado para los productos que transporta. No obstante, la autoridad no vigila que la carga peligrosa sea regulada, dijo el transportista.
“Hay quienes mueven soda cáustica en tanques de hierro cuando los que deben usar son tanques de acero inoxidable revestidos internamente por plástico”, expone. La soda cáustica o hidróxido de sodio, usada comúnmente para elaborar jabones reacciona químicamente con una amplia variedad de químicos orgánicos e inorgánicos. Es muy corrosiva.
Alerta temprana en crisis
La situación inestable en la Alcaldía ha impedido que la unidad responsable de organizar y capacitar a los ciudadanos de las comunidades vulnerables del municipio en comités de emergencia locales, codeles, haya comenzado su tarea.
El jefe de la Unidad de Alerta Temprana, Unat, Roberto Pagoada, explicó a LA PRENSA que apenas están comenzando a definir un plan de trabajo que no saben si se concretará porque varios de los empleados de esa dependencia recibieron cartas de despido o están en la lista de los que siguen.
En la actualidad ya están organizados 136 codeles. San Pedro Sula tiene 298 barrios y colonias por lo que la tarea de organización comunitaria y la labor de capacitación aún se queda corta. Luego del sismo de 7.1 grados en la escala de Richter que ocurrió el 28 de mayo pasado, el Comité de Emergencia Municipal, Codem, no ha retomado las reuniones en las que planifican qué respuestas darán en caso de que la ciudad tenga una emergencia. Se espera que la mayor actividad de este organismo se dé entre septiembre y octubre.
