Honduras
Francisco Maldonado es un señor de 77 años que vive a la sombra de un árbol de cablote, donde improvisó su casa con varas, nailon, cartón y láminas.
Desde hace dos años, don Paco, como le gusta que lo llamen, reside en Choloma a la orilla de la autopista que conduce hacia San Pedro Sula. “Esta casa la hice en una semana, lo que me costó conseguir son las láminas. Con estas lluvias he pasado tranquilo, no me mojo para nada”, aseguró el anciano originario de Ocotepeque.
Su aposento está rodeado de cultivos de maíz y frijoles, esto hace que sea poco visible, pues más parece una pequeña cueva. Dice que los que siembra es para su consumo. Don Paco relató que desde que quedó solo decidió hacer su vida en este predio que dice es municipal.
“Toda mi vida me dediqué a la agricultura, viví en los bajos de Choloma, donde el huracán Fifí nos llevó todo. Me mataron a dos hijos, mi esposa también murió, tengo otros familiares, pero no puedo ayudarlos”, expresó. Cuenta que los hermanos de la iglesia lo llegan a visitar, pues dice que su mejor recuerdo es la existencia de Dios.
Dedicación
Pese a ser un ermitaño, don Paco se dedica al comercio. “Compro verduras en el mercado Dandy de San Pedro Sula y las vendo en la colonia López Arellano. Tres días voy a vender y los otros me quedo aquí cuidando mis cultivos”.
Dentro de la choza tiene un fogón hecho con piedras y pedazos de bloques, lo enciende con nailon y allí prepara sus alimentos.También él mismo se encarga del aseo de su ropa. “La meto en detergente y la voy lavar a la gasolinera que está cerca”.
Las precarias condiciones en que habita don Paco no han sido obstáculos para conservar su entusiasmo por la vida. No pide ayuda porque le agradece a Dios por mantenerlo con vida y suficiente fuerza para buscar el pan de cada día.
Lo dijo
“Mi mejor recuerdo es saber que existe Dios. Me siento bien viviendo aquí”.
Francisco Maldonado

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