¿Volverán los populistas? No lo tome a broma, el peligro no ha pasado, la amenaza seguirá latente mientras sigan existiendo las condiciones que permitieron que, un mensaje vacío y mentiroso, cobrara tanta fuerza.
El pueblo hondureño demostró el pasado 27 de noviembre una sabiduría que vale la pena analizar, hasta entender el significado de esas votaciones; las más concurridas, transparentes, limpias y con menos incidentes de toda nuestra historia.
¿Cuál es el mensaje de fondo? ¿Qué quiso decir el pueblo con esas elecciones?
Lo que la gran mayoría de los hondureños dijo a los políticos fue: Me han fallado, me han mentido, no han cumplido con sus promesas, se han aprovechado de sus posiciones para enriquecerse, han sido corruptos, han dividido al pueblo y hasta nos llevaron al borde de una guerra civil.
Pero eso son ustedes, señores políticos, nosotros sabemos lo que queremos y somos dueños de nuestro destino, así que les vamos a dar una nueva y quizá última oportunidad de enderezar el rumbo y hacer las cosas bien, porque queremos vivir en paz.
Eso es lo que las elecciones dicen y eso es lo que los políticos tienen que entender.
La responsabilidad de los políticos es ahora mayor que nunca, de ellos depende que esta oportunidad se convierta realmente en la última antes del caos o, lo que sería deseable para el bien de todos, en el nacimiento de una nueva clase de dirigente.
Realmente no existe nada malo en dedicarse a la política. Las naciones necesitan quienes planifiquen, legislen, administren y muestren el camino hacia el futuro.
Los pueblos necesitan líderes, pero quienes escogen ese oficio deben estar seguros de qué es lo que buscan, su propio beneficio o el bien común.
Esta nueva oportunidad para los políticos es también la última, ténganlo por seguro.
Supongamos que en dos años no hay una verdadera señal de cambio, no que se vayan a solucionar todos los problemas, eso puede tomar mucho tiempo, pero que en dos años el pueblo no vea que las cosas están en buena ruta y sienta que no hay una esperanza, las cosas se pueden volver a complicar.
Escondido detrás de los matorrales o quizá en una lujosa residencia en Santo Domingo la ambición espera. ¿Cuál será el mensaje del nuevo (o el mismo) aprendiz de dictador?
“Se los dije; tuvieron elecciones, libres y masivas, pero nada se solucionó, las cosas siguen iguales o peores... lo que hay que cambiar es la Constitución”.
Y, ¿saben qué? Un pueblo doblemente decepcionado, asqueado por nuevos actos de corrupción y sin una verdadera esperanza puede llegar a creerlo, como ha sucedido en muchos países.
Soy del criterio que el pueblo hondureño escogió a sus mejores mujeres y hombres para la Presidencia, Congreso y Alcaldías y le dio un último voto de confianza a viejos y nuevos políticos. Es el momento que todos comprendan la enorme responsabilidad que ha sido puesta en sus manos.
El futuro pacífico y próspero de Honduras, de nuestros hijos y de las nuevas generaciones, está en sus manos, aprovechemos todos esta magnífica oportunidad de solucionar los problemas en paz y con libertad, cambiemos ya!