He escuchado y leído las declaraciones del presidente electo de El Salvador, Mauricio Funes, la impresión que me queda es que se trata de un político serio, muy capaz; tiene la virtud de ubicarse en el meridiano correcto del mundo de hoy.
Tras de sí tiene un partido que ha escrito páginas heroicas; por su experiencia y la exactitud de su análisis de la realidad socio-política de El Salvador, la región y el mundo y por la cordura de sus dirigentes, logró articular una amplia unidad de fuerzas que se impuso a la candidatura de los grupos más reaccionarios del fraterno país.
Las heridas dejadas por la guerra en la década del 80 fácilmente pudieron producir una campaña llena de sentencias revanchistas; los eventos políticos de América del Sur fácilmente pudieron generar, como aquí, un discurso cargado de petardos descocados; pero la cordura se impuso y el Fmln logró transmitir el mensaje de la esperanza.
No hay duda, en El Salvador se inicia una etapa de cambios necesarios; los grupos conservadores, como siempre ocurre en las transiciones, harán una oposición cerrada, dura, pero dada la capacidad del Fmln de forjar consensos, la base social de la transformación se ampliará hasta lograr vencer democráticamente las dificultades.
La lucha del pueblo salvadoreño ha traducido ideales de gran significado democrático, quizás los más altos en Centro América, por los hechos que registra la historia desde el primer grito de independencia en 1810, y por la respuesta rebelde que su pueblo siempre ha dado a la dominación social.
Los hondureños somos sus hermanos y aunque en el devenir del tiempo nos hemos enfrentado a veces violentamente, sabemos que esto ha sido producto más de contradicciones entre los grupos de alto poder económico y sus instrumentos políticos y militares, que de rencor entre dos pueblos que tienen idénticos propósitos; en una visión de políticas equitativas de desarrollo sostengo que jamás la felicidad de uno se hará sobre la base de la inmolación del otro.
Más allá del Goascorán políticos sensatos comparten esta apreciación, por eso estoy seguro que antiguos desencuentros habrán de irse superando; la centroamericanidad auténtica, aquélla que tiene sus raíces en Morazán, únicamente podrá ser realidad cuando nuestros pueblos recuperen la senda del progreso sin excluidos.
El triunfo de Mauricio Fúnez y de la gran alianza política propiciada por el Fmln está siendo saludado por los millones de centroamericanos que tenemos por opción política la democracia social y muestra el camino correcto de avanzar hacia regímenes transformadores.