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Un héroe en Honduras

Shin Fujiyama, 25, es un japonés estadounidense que desde hace cinco años hace labor social gratuitamente en el país. Está nominado en CNN
01.08.09 - Actualizado: 02.08.09 01:56pm - Yesille C. Ponce: yesille.ponce@laprensa.hn

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El Progreso,

Honduras

Con apenas 25 años, el japonés estadounidense Shin Fujiyama realiza una labor anónima a favor de los niños y construye una colonia que llamará Villa Soleada, la cual albergará a más de 60 familias pobres de la ciudad de El Progreso. Todos lo ven como un héroe y le demuestran su cariño por tan inigualable gesto de solidaridad.

CNN: Video I, Video II, Video III, Video IV

Shin fue nominado a héroe en el concurso que realiza CNN en internet, por alguien que él aún desconoce, por esta labor que hace en Honduras.

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LA PRENSA lo entrevistó y nos relató de su incomparable labor. Fujiyama, hace cinco años durante su segundo año en la Universidad de Mary Washington en Fredericksburg, se ofreció a venir de voluntario a Honduras con un grupo de la escuela durante una semana y realizó una labor humanitaria en el hogar de niñas huérfanas y abandonadas Nuestras Pequeñas Rosas en San Pedro Sula.

En 2005, Shin coincide en Honduras con Cosmo, su hermana menor, que también hace labor humanitaria en América Latina.

Tras esos días en el país visitó varias zonas. Ver la extrema pobreza le impactó. Eran cuadros sorprendentes: decenas de pequeñitos recogiendo latas en los basureros de El Progreso, sin una vivienda adecuada ni atención en salud y mucho menos acceso a la educación.
Cuando los hermanos retornaron a Estados Unidos estaban conscientes que estos niños urgían de ayuda.

Shin comenzó a abogar por el cambio en este municipio, en particular, en beneficio de los niños abandonados y las casi 70 familias de la aldea Siete de Abril. Esta aldea de casas de cartón, aledaña al río Ulúa, la formaron en El Progreso con una invasión de los damnificados del huracán Mitch (1998) cerca del año 2000.

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Shin no se explica cómo el Gobierno hondureño se puede olvidar de tantos niños desamparados, “a veces uno puede desistir por tanto trabajo y tanta pobreza, pero gracias a Dios siempre he tenido la esperanza de que todo mejorará y lo importante es hacer lo que uno puede, y no esperar que alguien nos diga qué hacer”.

Una segunda oportunidad

La vida de Shin no ha sido color de rosa, de pequeño los doctores le diagnosticaron un agujero en el corazón y le indicaron a sus padres que no viviría mucho tiempo. Pero al pasar los años le realizaron exámenes y ese agujero se había cerrado: “Agradecí a Dios por esta segunda oportunidad de vivir y cuando vi todas estas dramáticas escenas de los niños pobres, me golpearon muy dentro de mi corazón.

Me propuse regresar para hacer algo por esos niños que son el futuro de Honduras y es lo único que me interesa. Sé que como Dios me ofreció esta segunda vida, yo podría cambiarles la vida a los pequeños para que vivan en mejores condiciones y sean educados”. Shin, junto a su hermana Cosmo, empezaron a vender poco a poco bolígrafos y muchos estudiantes profesionales norteamericanos se sumaron a la causa; en febrero de 2006 crea la organización sin fines de lucro, denominada “Students Helping Honduras, SHH”, es decir, “Estudiantes ayudando a Honduras”, cuyo lema es “donde los estudiantes crean el cambio”.

La visión de Fujiyama es traer educación y realizar proyectos comunitarios para ciudadanos de escasos recursos económicos y que urgen de tratamientos médicos.

Fujiyama contó que “los estudiantes están profundamente comprometidos con la organización: ayudan a recaudar dinero y luego viajan a Honduras para ayudar a construir las casas de Villa Soleada. En Estados Unidos “por las madrugadas lavamos vehículos, también platos en restaurantes y vendemos pan y galletas. Hemos hecho maratones, caminatas de a cinco dólares el kilómetro y a esta la llamamos “Cruzada de amor, SHH”, rifas, vendimos ropa usada, animaciones de eventos y aunque empezamos recaudando fondos de dólar en dólar, hoy en día tenemos movimiento de estudiantes de muchas partes del mundo e incluso de Honduras. Mi meta para finales de 2010 es recaudar un millón de dólares, y confío en Dios alcanzarla”.

En la fundación ya están asociadas 25 organizaciones de diferentes universidades de los Estados Unidos, recaudando más de 800 mil dólares, netamente para financiar proyectos, como la construcción de dos escuelas que ya funcionan en El Progreso y algunas becas para ayudar a jóvenes que desean ingresar a universidades privadas.

Al consultarle a Shin si los norteamericanos sabían dónde está Honduras en el mapa, sonriendo expresó: “ellos me preguntaban en qué parte de Asia estaba Honduras y tenía que explicarles que estaba en Centroamérica, pero ahora ya Honduras está en el mapa y todo el mundo lo conoce, es muy popular, conmigo han venido casi 500 estudiantes de universidades de Virginia, Washington y otros estados y próximamente entablaré pláticas con los de Harvard”.
Shin tiene otro sueño y es el que lo obligará prácticamente a radicar en Honduras y abandonar a su familia en los EUA: abrir un centro para niños abandonados de diferentes partes de Honduras.

Entre otras obras que ha realizado están la construcción de varias escuelas en El Progreso, ha conseguido becas para jóvenes pobres que desean entrar a la universidad. En cada visita a Honduras lleva donaciones como pañales desechables, enseres y alimentos para los centros de niños abandonados y especialmente acude a los del Ihnfa.
Parte de la vida de Shin Fujiyama
Shin Fujiyama nació en una aldea de pescadores en Japón. Tiene tres hermanos.

Recuerda que tuvo una infancia dominada por preocupaciones de salud, por su problema en el corazón, de donde un día le salió sangre, pero luego Dios lo salvó y “reviví”. En el 2007 se graduó como Licenciado en Relaciones Internacionales. “No era fácil, tenía dos trabajos y estudiaba. Y para venir a Honduras tenía que lavar platos en los restaurantes, para costearme mi pasaje y estadía, pero nada me importa con tal de visitar a los amigos que dejé”, dijo.

Luego Shin ingresó a la escuela de Medicina, tenía aspiraciones de ser médico, pero para dedicarse a su misión en Honduras abandonó la carrera, y su hermana igual dejó un trabajo muy bien remunerado para ayudar a los pobres de Honduras, ambos confirman que les gusta lo que hacen. Sus padres, hermanos y otros familiares han visitado Honduras y apoyan la labor de Shin.

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Shin Fujiyama se ha ganado el cariño de todos los niños. Aquí junto a algunos que viven en Villa Soleada.  1
Shin Fujiyama se ha ganado el cariño de todos los niños. Aquí junto a algunos que viven en Villa Soleada.

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